A veces

Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka

Ocurre así: estoy sobre la mañana de un martes yendo de un lugar a otro, cuando, de pronto, escucho el sonido de una radio. Es una noticia que pasa. Viaja en un carro verde, algo viejo. La oigo cruzar de mi oreja izquierda a mi oreja derecha, deshilachándose en el aire. Pero es suficiente: la tengo. Esa es la columna de la semana, me digo. Y retomo la marcha, siempre apurado, pero ya en compañía de un raro alivio. También puede pasar un miércoles en la tarde, a última hora. Un suceso o una declaración brinca desde una página de Internet y se queda desnuda frente a mis ojos: no hay duda. Ella es. Ahí están las palabras del domingo.

“El que es venezolano tiene que ser bolivariano, no hay otraforma”, dice Elías Jaua.

Algunos pasan la semana cazando tigres. Los cronistas andamos, además, queriendo cazar posibles artículos. Son animales raros. Son criaturas probables, una danza invisible de posibilidades. A veces son muy evidentes; otras, son más elusivos, pasan disfrazándose. A veces escasean. A veces llegan en manadas. Esta semana fue un safari.

Por ejemplo: el ministro Edgardo Ramírez afirmó que están diseñando los programas educativos universitarios “en la conceptualización y en la subjetividad revolucionaria socialista”. Es un asombroso intento por convertir la estupidez en una categoría. ¿Qué es la subjetividad revolucionaria socialista? ¿Cómo se puede estudiar socialistamente Bibliotecología? ¿Cómo pueden los estudiantes de Odontología enfrentar, de manera revolucionaria, una infección en los premolares? Por supuesto que, en otra demostración de aplastante lucidez, el ministro añadió que, para llevar adelante este ambicioso proyecto, se necesitan profesores con una estructura mental socialista. No faltaba más. Es urgente que todos los académicos sean diagnosticados de inmediato por el ICI, el moderno ideologetrómetro cerebral identitario que está en el ministerio. El próximo paso será medir y controlar la imaginación. Que aprieten su alma los artistas y los creadores ¿Con qué rima la palabra debate?

"A la hora de contar billetes verdes el Gobierno no es tan rojo-rojito."

En misma línea, Elías Jaua nos dejó una frase para la historia: “El que es venezolano tiene que ser bolivariano, no hay otra forma”. Si hubiera hecho el esfuerzo de resumir el pensamiento oficial, tal vez no hubiera logrado tanta perfección. Con una cruda sencillez el vicepresidente nos ofrece una síntesis colosal del proyecto, intolerante y excluyente, que tiene el Gobierno: o eres como nosotros o no eres venezolano.

Por supuesto que no, Jaua. No me jodas. Ni tú ni nadie puede decretar lo que soy o lo que tengo que ser. No estás en poder para decidir cómo es o no la existencia de María, de Willmer o de Efrén. Ni tú ni nadie va a decir de qué forma vivo mi relación con la tierra y con la gente que amo. No somos más o menos venezolanos porque estemos más o menos de acuerdo con un gobierno. Se trata precisamente de lo contrario. Justamente eso es ser país: una diversidad.

Hay más ejemplos. De todo tipo, además. La visita del presidente de Pdvsa a Estados Unidos, buscando negocios. Es casi conmovedor ver a Ramírez sin cachucha y con corbata, en plan de conseguir dinero. Para eso no es tan malo el imperio. ¿Dónde está, en esos momentos, el Chávez aguerrido que, frente a la multitud, grita que se vayan los gringos al carajo? ¿Se esfumó? ¿Es un personaje que aparece y desaparece según convenga, según cambia el escenario? ¿Por qué, si estamos a punto de una guerra, si son nuestros enemigos, buscamos business con ellos? ¿Por qué queremos venderles petróleo a quienes nos van a invadir? A la hora de contar billetes verdes el Gobierno no es tan rojo-rojito. Welcome, mister Ramírez.

Según el ministro Edgardo Ramírez se están diseñando programas educativos basados en la conceptualización de la revolución socialista.

Por no hablar, ya en esto de coleccionar ejemplos, de lo que nos está pasando con Fidel. Tal vez, Evo Morales piense que aquí estamos comiendo mucho pollo transgénico. Todo es tan edulcorado, tan de diminutivos. Pero lo cierto es que, de pronto, Venezuela se ha convertido en la nueva agencia de publicidad de Fidel Castro. Lo maquillamos y lo disfrazamos. Lo presentamos al mundo como el abuelito de Heidi y no como un militar que lleva más de cincuenta años en el poder, imponiéndole su proyecto personal a todo un país. Chávez dice que Fidel es una maravilla, padre Fidel que estás en los cielos. Y Fidel contesta escribiendo que Chávez es una maravilla, que si gran Hugo que también estarás en los cielos. La balada la cierra Raúl, tan picarón, coreando que ya somos la misma cosa.

Ocurre así. De golpe, en un rapto, una sola noticia golpea el domingo. A veces no es fácil administrarla. Como los crímenes del Inca Valero. Otro ejemplo. Es una tragedia express. Quizás, una cruel metáfora del país. Es difícil no pensar, a veces, que también somos un método de destrucción instantánea.

 
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