Cuba y la fatalidad de la Historia

Elizabeth Burgos

Acaba de fallecer el hombre que ha sido el cerebro mediático del castrismo, Carlos Franqui. Plasmó en una de sus últimas entrevistas, su visión de la fatalidad de la Historia, y divide las revoluciones en tres tiempos. Afirma que Cuba llegó a su tercer periodo, que termina con la autodestrucción.

Carlos Franqui, quien fuera en sus comienzos una pieza clave del aparato mediático del castrismo, falleció a los 89 años de edad en Puerto Rico en donde había fijado residencia, tras haber deambulado por varios países europeos después de haber roto con el régimen y, como tantos cubanos, haber optado por el exilio.

Su desaparición coincide con el momento en que la crisis que atraviesa Cuba da la impresión de estar llegando  a un punto de agotamiento con signos de fase terminal, pues el propio régimen, por su actitud numantina, parecería darle razón a Franqui quien en una entrevista a la revista mexicana Letras Libres (2006) declaró: “que el comunismo en su primera fase acaba con toda oposición; en su segunda fase, se paraliza, y en su tercera fase, se autodestruye”. La ceguera del régimen ante el sufrimiento de una población que está dando signos de agotamiento, aunado a los escándalos de corrupción en el que están involucrado un general de la oligarquía castrista, y chilenos hasta hoy íntimos del Líder Máximo, denotan la existencia de una lucha interna que tiene los signos de la autodestrucción.

La vida de Carlos Franqui simboliza la fatalidad de aquellos que participaron en el advenimiento del castrismo y terminaron en víctimas del mismo. La coincidencia de su desaparición, con el desmoronamiento del mito de la Revolución cubana en el imaginario de quienes hasta hoy habían sido sus cautivos, aparece como el símbolo de un ciclo que se cierra.

Creatividad, censura y clausura

Su ruptura formal con el régimen ocurrió al firmar un documento condenando la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, que para sorpresa de muchos, Fidel Castro aprobó. Desde entonces Carlos Franqui se dedicó incansablemente a denunciar la política totalitaria del régimen.

La vida de Franqui es la representación de la tragedia que ha significado el régimen de Castro para millones de cubanos. Como participante desde sus orígenes del movimiento 26 de julio, fue actor y testigo de los primeros años del castrismo. Fundador de la emisora Radio Rebelde que desde la sierra Maestra hacía escuchar la voz del movimiento armado, constituyó una pieza clave para que Fidel Castro se impusiera sobre el resto de las organizaciones que desde la ciudad también participaban en la lucha contra la dictadura de Batista, que de hecho fue su acción la que en la realidad debilitó a la dictadura.

Tras la toma del poder por Fidel Castro, Carlos Franqui fundó y dirigió el periódico Revolución, y el suplemento Lunes de Revolución, que dirigía Guillermo Cabrera Infante, cuyo propósito era alentar el debate de ideas la crítica y la difusión de las vanguardias literarias. Conciliar la crítica con la dinámica del proceso revolucionario, fue al propósito de ambos. Pronto entró en conflicto con los conservadores y con los antiguos comunistas cuya influencia era cada vez mayor en las filas del nuevo poder. Pero no se pude soslayar que el diario Revolución fue también vocero y defensor de las medidas radicales y de la pena de muerte. En sus  editoriales fustigaba a aquellos que protestaban en el extranjero por las ejecuciones que se estaban llevando a cabo en Cuba, tras juicios sumarísimos de los miembros de la policía de Batista. Pena de muerte que pronto fue aplicada también a quienes cometieran delitos “contrarrevolucionarios”. De igual manera, desde  sus páginas se realizaron las campañas contra los órganos de prensa tradicionales, que concluyó en el cierre de los mismos y en el fin de la libertad de prensa. Luego Franqui se percató de que Fidel Castro permitió al principio de manera táctica algunas iniciativas. La primera víctima fue el suplemento cultural Lunes de Revolución, luego fue el propio periódico Revolución que sufrió el peso de la censura, hasta su clausura.

El castrismo es un cáncer

Caros Franqui, con su talento y su don de gentes, entabló relaciones con la intelectualidad europea. Gracias a él acudieron a la isla los más connotados intelectuales y artistas europeos. De él fue la idea de invitar a Jean Paul Sartre a Cuba cuyo resultado fue de una rentabilidad incalculable para el prestigio del régimen cubano. Sartre, a su regreso de Francia, conmovido profundamente por su experiencia cubana, quiso darle la mayor difusión a sus impresiones, para ello escogió el popular vespertino France-Soir, de amplio tiraje, en donde publicó  una serie de 16 reportajes que se publicaron del 28 de junio al 16 de julio de 1960. El hecho de que un intelectual de la categoría de Sartre se expresara en las páginas de un cotidiano popular, ya constituía un acontecimiento en sí, además del prestigio mundial  del gozaba en la época, le daba al castrismo una legitimidad incuestionable.

El otro gran éxito de Franqui fue el llevar a La Habana en su integralidad, las obras, más los artistas, del Salón de Mayo (1967); el acontecimiento plástico de mayor relevancia en París en aquella época. Gesto que se oponía a la dictadura del “realismo socialista” que ya en esa época se imponía como política oficial.

El Salón de Mayo fue su último intento de pretender contrarrestar la deriva conservadora y totalitaria desde dentro del sistema.

Carlos Franqui, concluye su entrevista en Letras Libres con estas palabras : “El castrismo es un cáncer que no termina sino con la muerte. Después de que muera, vamos a ver si podemos esta vez enseñarle al mundo todas las cosas terribles que ocurrieron en la isla. Porque el comunismo desapareció, pero se ha propiciado un olvido casi total del desastre y de sus crímenes”.

Desgraciadamente el cáncer crea metástasis, y las del castrismo han alcanzado a Venezuela.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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