El guerrillero burócrata

Tulio Hernández

TULIO HERNÁNDEZ

Hubo guerrilleros heroicos. Como el Che Guevara. A quien el tiempo convirtió en estrella pop en un mundo globalizado. Los ha habido católicos, como Camilo Torres, que prefiguró con su sacrificio lo que a la larga conoceríamos como la Teología de la Liberación.

Empecinados, como Douglas Bravo o Alí Rodríguez Araque, el primero hoy opositor del régimen, el segundo su ministro-comodín, quienes a finales de los sesenta se negaban a bajar de la montaña, a pesar de que su causa había sido más que derrotada.

Los ha habido poetas. Como el salvadoreño Roque Dalton, a quien sus propios compañeros se encargaron de sacar a balazos de este mundo.

Étnicos y mediáticos, como el subcomandante Marcos, cuyo pasamontañas fashion con atavío indígena le convirtió en ícono de la contestación posmoderna. Hemos tenido incluso narcoguerrilleros, como Marulanda o Raúl Reyes, quienes inventaron en Colombia un coctel ilícito ­cocaína con FAL­ difícil de derrotar.

Pero lo que nunca, hasta el sol de hoy, se había conocido era la figura que, por razones pedagógicas, de ahora en adelante, llamaremos del guerrillero burócrata. El gran aporte de la petrorrevolución bolivariana a la legendaria saga de insurgentes armados latinoamericanos.

Un nuevo engendro

El guerrillero burócrata es una gran innovación. Un tipo de guerrillero que se diferencia de todos los anteriores, primero, porque es oficialista; es decir, porque en vez de oponerse a un poder político determinado es engendrado por el poder político mismo, por el propio aparato de gobierno y cuenta, por lo tanto, con entrenamiento y financiamiento oficial. En segundo lugar, y a consecuencia de lo anterior, porque es un guerrillero seguro, alguien que no corre riesgos personales, o para decirlo en lenguaje popular venezolano, un guerrillero “guapo y apoyado” que para sus combates personales contra los opinadores de oposición, especialmente aquellos que dará en los autobuses, tendrá el respaldo de las fuerzas armadas del régimen y de todas sus policías políticas, incluido el G2.

Y, por último, lo que explica de manera contundente el adjetivo “burócrata”, porque será ésta la primera generación de guerrilleros que entra en escena luego de un acto oficial en el que una ministra con sugerente vestimenta parabélica (chaleco caqui, pañuelo rojo amarrado al cuello, walkie-talkie siempre a mano), conservando el esquema de la letanía que desde tiempos gomecistas se recita en toda toma de posesión de un cargo público, toma solemne juramento a los graduandos de guerrilleros y termina con el clásico y bien dicho en español de España: “Si así lo hicieren que Dios, la patria y el pueblo soberano os premien. Y si no, que os lo demanden”.

La guerrilla comunicacional

Los recién creados “comandos juveniles de guerrilla comunicacional”, como denomina el Gobierno a grupos de jóvenes entrenados para “combatir los mensajes que transmiten los medios privados de comunicación”, han sido entrenados para realizar labores rápidas de propaganda, agitación y contrarréplica a los argumentos de los disidentes del “socialismo del siglo XXI”.

La gramática de guerra queda clara en las instrucciones de uno de sus comandantes, el ministro de Educación, Héctor Navarro. “La guerrilla dispara desde donde tiene que disparar. Haciéndole mayor daño a quien tiene que hacer daño” (El País, 14/04/2010, p. 6), dice, a lo Mario Moreno, el egresado de la UCV. Y agrega: “Si alguien está diciendo algo en un autobús, ustedes tienen que responder con un mensaje claro”.

Y uno se pregunta: ¿cómo será la respuesta? ¿Una granada semiótica? ¿Una emboscada argumentativa? ¿Un secuestro lingüístico? ¿Una operación comando con ráfagas ideológicas autodefensivas? ¿O será simplemente un par de patadas por el trasero bien dadas como las que asestan los Comités de Defensa de la Revolución a las Damas de Blanco en La Habana? ¿O una bomba solomataescuálidos? Porque, al final, guerrilla es guerrilla, y si los guerrilleros comunicacionales de la cúpula militar que nos gobierna han sido entrenados por profesores que exhiben en sus camisetas fotos de Ilich Ramírez, el Chacal (El País, 14/04/2010), puede uno imaginar de qué habla Navarro cuando dice “responder con un mensaje claro”.

En Venezuela se va acabando lo civil y lo privado. Hasta la guerrilla ahora es del Estado.

Buenos asesores le sobran.

 
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