ENTREVISTA A COLOMBIA

Alvaro Uribe

DANIEL SAMPER

Reflexiones de un país que, aunque vapuleado por la violencia, no pierde la alegría ni el empuje hacia un futuro diferente, esta vez sin el omnipresente Uribe.

¿Cuáles son los temas que más le preocupan hoy?

Los que me preocupan hoy: las elecciones presidenciales, que se celebrarán en mayo de este año; porque hay muchas incógnitas después de los ocho años de Álvaro Uribe. Los que me preocupan siempre: la desigualdad social, la violencia, los desplazados del campo, la guerrilla, los paramilitares, los narcotraficantes, las que ahora llamamos con inofensiva pulcritud “bacrim”, palabra que pretende ocultar a tenebrosas bandas criminales.

República de conflictos y en conflicto, exterior e interior, lucha contra sí misma para superarse ¿No está harta de que todo el mundo le hable de violencia? ¿Cree que esa etapa ya ha pasado?

Desde que nací como república independiente, hace exactamente dos siglos, he vivido en medio de la violencia. A los pocos años del grito de independencia ya surgió la primera guerra, entre centralistas y federalistas. Y no hemos parado: luego fueron radicales contra godos, conservadores contra liberales, bandoleros contra autoridades, guerrilleros contra el Estado, narcotraficantes contra sociedad, paramilitares contra guerrilleros contra campesinos, hampones contra ciudadanía… El asunto no es que me hablen de la violencia, que es una grave enfermedad crónica de la que he sufrido siempre y que resulta imposible ocultar, sino que sólo me hablen de ella. ¿Nadie se ha puesto a pensar cómo hacen los colombianos para sobrevivir a todos estos problemas, aumentar su economía, divertirse y figurar en el cuadro de los pueblos más felices del mundo?

Guerrilla Colombiana

¿Y cómo lo hace?

Yo creo que una de las características de los colombianos es la de no resignarse, buscarse la vida incluso en las más adversas circunstancias y conservar el sentido del humor. Además, en nuestra cultura está fuertemente inscrita la alegría, con toda seguridad gracias a la bendición histórica de una importante inmigración africana. Por pobre y oprimido que esté, el colombiano siempre tiene un lugarcito para divertirse con los amigos, sacar a bailar a la vecina o improvisar un partidito de fútbol en la calle.

¿Cómo es su relación con Estados Unidos?

A diferencia de México, de España y de otros países, nunca he sido enemiga hormonal de Estados Unidos, y eso que padecí el atropello del presidente gringo Theodore Roosevelt, un matón que me amputó el istmo de Panamá en 1903. En este momento la situación es curiosa, porque fui muy cercana al presidente George W. Bush, e incluso me convertí en el único país suramericano que apoyó la guerra ilegal en Irak, pero, al tomar el poder los demócratas, tanta amistad se volvió sospechosa, y he tenido que dar nuevas pruebas de amor a Obama. Por ejemplo: permitir la presencia en territorio nacional de algo muy parecido a bases militares estadounidenses. Esta permisividad me ha traído graves enfrentamientos con mis vecinos. Pero ni aun así la Casa Blanca oye mis serenatas, y se niega a aprobar el Tratado de Libre Comercio que vengo mendigando desde hace años.

¿Qué opina de Europa?

Europa estaba muy lejos de mí, pero se ha acercado gracias a la presencia de unos 2,5 millones de inmigrantes del país que andan regados por esas frías latitudes. Sin embargo, los colombianos, como muchos otros, están regresando. La crisis económica empieza por echar a patadas a los débiles que ayudaron a construir una economía fuerte. Han descendido las remesas de los colombianos en el extranjero y, entre estos, están también los profesionales cualificados, esos que denominamos “cerebros fugados”.

Vallenato: icono de la cultura colombiana

SOLO APARECEN LOS DELINCUENTES

¿Cuál es su relación con España?

Pocos países tan hispanófilos como yo. Con decirle que el himno de Manizales, una de mis principales ciudades, es un pasodoble… Pero puedo mostrar otras pruebas de cariño por España: cuido el castellano mucho más que los propios españoles; he sido cuna de famosos gramáticos y de uno de los más célebres toreros de la historia; el corazón de casi todos los poetas colombianos ha mirado hacia España; nunca olvidamos que Cervantes quiso venir a trabajar en Cartagena de Indias, y acogí con entusiasmo a muchos españoles que tuvieron que emigrar durante la Guerra Civil. Sin embargo…

¿Sin embargo, qué?

Juan Manuel Santos

Sin embargo, hoy en día las autoridades españolas les piden a los colombianos una lista insultante de requisitos, papeles, avales, garantías y certificados sólo por ir unos pocos días a comer tortilla, beber vino a precio accesible, visitar Toledo y Sevilla y cantar por las noches en Las Cuevas de Luis Candelas, que es lo que hacen todos los turistas colombianos en España. Ocurre que, según dicen, hay cerca de medio millón de inmigrantes colombianos en ese país. No es difícil imaginar que en un número tan copioso de personas florece de todo: buenos y malos, bonitos y feos, trabajadores y vagos. Desgraciadamente, en la prensa sólo aparecen los delincuentes, que por lo general están relacionados con la droga y el sicariato. Por fortuna tenemos algunas figuras que nos reivindican en España, como Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Shakira y César Rincón. Y, por supuesto, las telenovelas: gracias a Betty la fea, Pedro el Escamoso y Café con aroma de mujer, muchos españoles me miran con simpatía y hasta me hablan en el lenguaje que atribuyen a los colombianos: “Chévere”, “qui’hubo”, “mamacita”…

Atanas Mockus

¿Qué opina de su clase política?

Lamentable, como casi todas las clases políticas. Por supuesto que hay muchos políticos limpios y preparados, pero los dineros calientes del narcotráfico y las balas calientes de los paramilitares han hecho estragos, sobre todo en la política provincial. En estos momentos hay más de sesenta parlamentarios procesados por vínculos con grupos paramilitares que atemorizaban a sus rivales políticos o impedían votar a los opositores de sus candidatos. Por otra parte, la violencia insensata de la guerrilla ha ayudado a precipitar las amenazas y los crímenes contra los que piensan distinto. La primera reelección de Uribe, que no estaba contemplada en mi Constitución y obligó a cambiar las reglas de juego sobre la marcha, trajo como consecuencia un apogeo de la corrupción política, donde se cambiaban votos por puestos o favores. La segunda acaba de frustrarse por decisión de la Corte Constitucional.

Noemí Sanin

¿Cuál es la herencia que deja Uribe?

En materia de seguridad fue muy positiva, sobre todo en un principio. Los lamentables acuerdos entre Andrés Pastrana y las FARC permitieron a este grupo guerrillero crecer de forma desmesurada y apoderarse de amplios territorios en el mapa. El candidato Uribe surgió de la nada en 2002 y, a fuerza de criticar a la guerrilla –que concita el odio general de los colombianos–, arrasó en las elecciones. Durante su largo gobierno se fortalecieron el Ejército y la policía, y el Estado volvió a ejercer el control militar de vastas zonas antes perdidas. Pero es imposible pensar en una paz basada en el exterminio de los rebeldes y, de hecho, es imposible el exterminio de los grupos violentos, como pretendía Uribe. De modo que las FARC han cumplido más de cincuenta años de existencia, y en los últimos tiempos los planes de seguridad de Uribe se torcieron hasta alcanzar el vicioso extremo denominado “falsos positivos”, por el cual algunos grupos militares fusilaron a un total de 1.800 ciudadanos inocentes, los vistieron de guerrilleros y reclamaron la hazaña como victorias en combate. Un horror.

REALISMO MILAGROSO

¿Sigue siendo Colombia en su cotidianeidad el país del realismo mágico?

A veces no sólo mágico, sino milagroso. El mayor milagro colombiano es invisible, y consiste en el trabajo silencioso y laborioso de la inmensa mayoría de los ciudadanos, que se las ingenian para sobrevivir a los problemas económicos, políticos y de violencia, y construyen un país que, aparte las lacras que he señalado, es grato y feliz.

¿Quiénes son sus héroes?

Escritores, como Gabo y Mutis; deportistas, como Lucho Herrera y el Tino Asprilla; artistas, como Shakira, Juanes y Carlos Vives; música popular, como el vallenato y la cumbia; figuras de la televisión, como las de las telenovelas; y referencias históricas cada vez más lejanas y abstractas, como Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño.

¿Qué significa para usted la palabra “democracia”?

Libertad, tolerancia, solidaridad, transparencia, coparticipación…

¿Cómo cree que lo ve el resto del mundo?

Más bien con sospecha. ¿Cuántos García Márquez y Shakiras se necesitan para contrarrestar la mala imagen de un Pablo Escobar?

¿Cómo se lleva con los vecinos?

Mal, pero mejorando. Soy el único país aliado de Estados Unidos de manera descarada en Suramérica, el único que en un bloque de izquierdas ha mantenido un gobierno de derechas muy popular, y el único que padece una guerrilla dispuesta a crearle problemas más allá de la frontera. Esto me condujo a un error gravísimo, que fue bombardear un campamento de las FARC en Ecuador. Semejante acción unilateral me trajo la crítica generalizada de los gobiernos de la región y la ruptura con Ecuador y Venezuela. Las cosas han mejorado con Ecuador, pero no con Venezuela.

¿Qué opinión le merece Chávez?

Un tipo impredecible, populista, izquierdista elemental, dotado de instintos peligrosos y cuyas actuaciones hay que temer cuando las circunstancias le son adversas. Decía Jorge Eliécer Gaitán, un caudillo liberal asesinado en Bogotá en 1948, que “el pueblo es superior a sus dirigentes”. Venezuela lo demuestra de sobra. Aunque se considera a sí mismo el sucesor de Fidel Castro, ha hecho un terrible daño a los movimientos de izquierdas de los alrededores. El nuevo macartismo colombiano consiste en acusar a los partidos de izquierda democrática de simpatizar con Chávez.

¿Qué le parece cuando incluyen a Colombia como un populismo de derechas en América Latina, en el mismo saco que los populismos de izquierdas de Chávez, Morales o Correa?

La verdad es que hay demasiadas semejanzas como para desestimarlas como una coincidencia. Tanto Chávez, Morales y Correa como Uribe sufren la misma enfermedad: el caudillismo, un mal que ha conocido la historia de América Latina en una variedad de expresiones y que tiene, entre otros síntomas, la proclividad hacia el populismo y la corrupción política. Uribe sufre de la cepa derechista y los otros de la izquierdista. Son maneras distintas de estornudar. Pero la enfermedad se incuba de la misma forma. La reciente decisión de la Corte Constitucional, que rechazó el referéndum por el cual Uribe pretendía un tercer período presidencial consecutivo pone fin a su largo mandato.

¿Cómo ve el futuro?

Le ruego que me formule la pregunta en el segundo semestre, cuando hayan pasado las elecciones. Por ahora no veo demasiadas razones para ser optimista, pero podría haber algunas nuevas que induzcan a un pesimismo mayor.

Fuente: Foreign Policy

 
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