AD y PSUV (Hegemonía vs. dominación)

Nelson Acosta

LA POLITICA ES ASI
Nelson Acosta Espinoza

Dominación y hegemonía son nociones de uso común en el lenguaje político. En términos generales se asumen como sinónimos. A veces su diferencia es percibida en términos graduales. Por ejemplo, el modelo político actual tiende a ser interpretado como un extremo autoritario en el marco de nuestra cultura democrática. Por esa razón es calificado como hegemónico; vale decir, incapaz de reconocer y procesar los antagonismos naturales de la lucha política. Esta descripción, sin  embargo, no penetra hasta las honduras y raíces que proporcionan sustento a esta realidad política.

Hegemonía y dominación constituyen variables de la ecuación del poder. Cuando se ejerce la primera, desaparece la segunda. Una fuerza política es hegemónica cuando es capaz de enlazar armoniosamente su propuesta con el “sentido común de las masas”. En otras palabras, un proyecto es hegemónico cuando articula los procesos culturales, particularmente los de la vida cotidiana, con su ejercicio del poder.

En la historia política venezolana Acción Democrática logró  hegemonizar el naciente dispositivo democrático. En sus inicios, esta agrupación  procesó apropiadamente la dimensión cultural de la vida política. En otras palabras, trascendió la idea de partido y adquirió la consistencia de un sentimiento. A tal punto que ser venezolano y adeco llegó a evocarse mutuamente. De ahí su poder y al mismo tiempo sus debilidades. Con el transcurso del tiempo se burocratizó y perdió esa conexión con el alma popular, dejando al descubierto un espacio político que aún no ha sido hegemonizado. Ahí reside, en mi criterio, unas de las aristas fundamentales de nuestra crisis política. Déficit de hegemonía, exceso de dominación.

Por su parte, el socialismo del siglo XXI es dominante, pero no es hegemónico. No ha podido transformarse en un sentimiento de alcance nacional. Todo lo contrario, su estrategia intenta dividir a la población en dos grupos mutuamente excluyentes.  Ejerce la dominación mediante políticas implementadas desde el aparato estatal. La de AD, en sus inicios, fue una revolución construida desde abajo, la del PSUV es instrumentado desde la cúspide del petroestado. La combinación de coerción y represión viste su ejercicio de dominación.

¿Cómo construir la nueva hegemonía? ¿Cuál ha de ser su sujeto histórico? ¿Qué discurso será capaz de interpelarlo? Preguntas vitales. Las respuestas, de ser  adecuadas, constituirán la base de la nueva democracia en Venezuela.  Un punto de partida: prestar atención a la Venezuela profunda y sustentar “lo que se va a decir para ser escuchado y lo que hay que escuchar para poder hablar”.

 
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