La cohabitación imprescindible

Luis Cisneros Cróquer

Confidencias.
Luis Cisneros Cróquer.

No es nada fácil, pero necesaria. Eso aprendimos en las difíciles circunstancias de la concreción del Pacto de Punto Fijo, y en Carabobo, cuando la dirigencia y la militancia de Acción Democrática tuvo que aceptar como Gobernador del estado a Francisco Melet, eminente académico de la Universidad de Carabobo y pulcro y ejemplar Juez de la República, y naturalmente destacado militante de Unión Republicana Democrática, el partido del Maestro Jóvito Villalba. Aquello no era comprensible para la militancia de base en aquella aguerrida parroquia de La Candelaria, de donde provenían militantes y dirigentes medios de gran valía que habían sufrido la dictadura y con sus familias habían soportado el rigor de aquel régimen y el atropello carcelario.

Y fue el papel de la dirigencia, tanto de los viejos y calificados conductores, como de las nuevas generaciones, hacer entender a esa militancia emotiva y leal, que ese era el sacrificio que exigía la estabilidad de la democracia, con el régimen de Betancourt acosado por las intentonas de la derecha, incluyendo la internacional de Rafael Leonidas Trujillo “Chapita”, como la naciente intromisión y la admiración que despertaba el reciente régimen de la isla cubana. La dictadura perejimenista, ahora alabada por el actual gobierno militar, dejó las arcas vacías, con deudas internas y externas, sin centros de salud, sin agua, sin cloacas, sin viviendas, sin educación, toda una política de relumbrón, asociada a la corrupción que sigue siendo marca indeleble de los gobiernos militaristas; sin que entremos a hablar de la persecución, la cárcel, el exilio, la muerte y los campos de concentración.

Se cohabitó pues con los funcionarios de Copei y de URD, y Acción Democrática tuvo que emplearse a fondo para organizar a los trabajadores, impulsar la Reforma Agraria, pagar tierra a precio de oro para hacer propietarios a los campesinos; nacieron las Universidades de Oriente y de Carabobo, se impulsó el proceso de industrialización y esta capital de Carabobo pasó a ser un ejemplo de planificación.

Es mucho lo que puede decirse de aquella cruenta etapa de la democracia venezolana, que han tratado de desprestigiar quienes ahora se roban hasta el sudor de la frente de los venezolanos; quienes persiguen a los carniceros después de azotar a los ganaderos productores y cerrar la frontera con Colombia desde donde nos llegaba buena carne. Pero lo que sí quiero destacar es que estamos ahora en una situación peor que la del inicio del Pacto de Punto Fijo. Estamos sometidos a una orgía de poder, y más temprano que tarde a cada uno le corresponderá su parte en este atropello de los derechos esenciales del ciudadano.

Por ello se clama por la unidad de los propósitos y el entendimiento para apuntar hacia el objetivo común. Todo lo hermoso, todo lo productivo, todo lo que representa el orgullo nacional, es objeto de atropello. Mientras más hermoso sea el objeto envidiado, más es la medida de odio que se utiliza para destruir. La cohabitación política, como la social, como la económica, es vital para salvar lo que nos pueda quedar del país cuando concluya la vida de estos destructores.

Sentémonos a reflexionar. Vigilemos el tiempo disponible para utilizarlo de la mejor manera. La esperanza de la victoria reside en nuestra conducta y en nuestra conciencia. Si no cohabitamos le será más fácil al adversario colocarnos juntos para recibir la descarga de la “Muerte”. Después de la debacle del domingo 2 de mayo, a los rojos se les puede ganar, pero eso sí, TODOS SOMOS NECESARIOS y debemos identificarnos como una familia que reza unida y lucha unida.

 
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