Métodos de lucha en Cuba y Venezuela

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Fidel Castro moldeó el sangriento sistema de lucha cubano, mientras que Rómulo Betancourt plasmaba la utilización de métodos muy distintos en Venezuela.  La simbiosis cubana-venezolana podría concluir en el calendario, pero no coincide en las tácticas para resistir a una dictadura.

Raúl Castro - Hugo Chavez

No deja de ser curioso constatar el paralelismo que han compartido Venezuela y Cuba en algunas facetas a partir mediados del siglo pasado.  Paralelismo más visible en la simultaneidad de experiencias relativas a la irrupción de los militares en la fractura institucional porque en cuanto divergieron en la táctica empleada en ambos países por los grupos opositores.  Y ello permite comprender mejor el divorcio que se produjo entre Fidel Castro y Rómulo Betancourt, tras la toma del poder por parte del primero.

Desde el golpe militar que derrocó al gobierno de Rómulo Gallegos e interrumpió la recién instaurada democracia, y el golpe de Estado de Fulgencio Batista que rompió  el hilo constitucional de Cuba, vemos la convergencia de situaciones entre ambos países.  Luego, surgen movimientos de oposición que desarrollan paralelamente la lucha contra las respectivas dictaduras, hasta el derrocamiento, casi simultáneo, de ambas: 1958 en Venezuela, 1959 en Cuba.

Sin embargo, desde el comienzo mismo de la lucha, ambos movimientos divergieron en sus métodos de lucha.  Fidel Castro inauguró con el ataque al Cuartel Moncada la lógica de la violencia acorde con el proyecto de régimen que tenía en mente, al que se cuidó bien de desvelar antes de la toma del poder.  Mientras que el movimiento opositor de Venezuela, pese a la férrea y tal vez mayor represión que la que ejerció Batista en Cuba, se opuso al empleo del terrorismo como medio de lucha.  Debemos recordar que Batista amnistió a Fidel Castro tras haber sido condenado a 15 años de prisión por el sangriento ataque al Cuartel Moncada. Difícil imaginar semejante decisión por parte de Pérez Jiménez, o de Pedro Estrada. (La decisión de Batista, se puede equiparar con la de Rafael Caldera quien varios decenios más tarde le otorgaría la libertad a Hugo Chávez, condenado por el mismo delito, salvo que en Venezuela no existía entonces una dictadura.

El origen de las divergencias

De esas divergencias entre cubanos y venezolanos, nos queda el valioso testimonio del recientemente fallecido Carlos Franqui quien jugara un papel de primer orden en la lucha contra Batista en Cuba y en el posterior asentamiento del poder de Fidel Castro.  Esto aparece en su célebre ensayo El libro de los doce, destinado a equiparar el mito de los Doce Apóstoles de Cristo con el que se estaba gestando en torno a la figura de Fidel y de su heroicidad al haber realizado la gesta revolucionaria con solo los doce hombres que le quedaron tras el desembarco del Granma.

Franqui inserta en este libro publicado en 1967, un artículo suyo de 1957, fechado en Costa Rica, “la tesis evolutiva es antirrevolucionaria.  Revolución sí: evolución no”; título que de por sí denota el tenor de la reunión que relata entre exiliados venezolanos y cubanos. Franqui es tajante en su artículo: “Ningún movimiento liberador y progresista ha llegado al poder en estos países por vía pacífica”. Pone como ejemplo el movimiento Acción Democrática de Rómulo Betancourt, exponente de la tesis evolutiva que Franqui combate “que le ha hecho daño a Cuba” al haber sido expuesta por Consalvi (Franqui no precisa quién era Consalvi; sólo escribe su apellido) en Bohemia, en donde plantea la vía electoral y combate el terrorismo. (Recordemos que la célebre y popular revista cubana Bohemia contribuyó sistemáticamente en dar a conocer la figura de Fidel Castro.  El director de Bohemia, Miguel Ángel Quevedo, asilado en Caracas, se suicidó en 1969.  En carta destinada a Carlos Alberto Montaner expresa su culpa de manera dramática: “Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez.  Todos contribuimos a crearlo.  Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder”.)

Franqui, tras hacer el recuento de las hazañas de violencia del movimiento cubano, y denunciar a las personalidades cubanas que abogaban por la celebración de elecciones al igual que Betancourt, enfático pregunta si es factible hacer en Venezuela lo que se ha hecho en Cuba.  Con el mismo énfasis responde que “Sí”, puesto que el pueblo es valiente y “no por casualidad nació allí Bolívar”.  “El petróleo es una ‘llama al viento’ y creemos que la libertad de Venezuela vale más  que un pozo de petróleo”.  Alude a las condiciones geográficas propicias de Venezuela, en particular, “altas montañas, frontera con Colombia”.  El texto de Franqui es una prueba temprana del proyecto de Castro en Venezuela.

Cuba y Venezuela somos la misma cosa

Para continuar siguiéndole la pista al paralelismo en la experiencia política de los dos paises, tanto el proyecto de Castro como el de la democracia venezolana, hacen crisis por la misma época.  Es por los años ochenta que ambos regímenes comienzan a dar signos del desgaste que habían venido sufriendo en los últimos años.

Gracias a Hugo Chávez, al fin se realiza el sueño castrista de imponerse en Venezuela.  Más que nunca el paralelismo aparece como el signo que une a ambos países.  Unidos en una relación simbiótica, ambos practican la corrupción en la desmesura.  “Cuba y Venezuela ahora somos lo mismo”, declaró Raúl Castro en su última visita a Venezuela.

La corrupción es una tradición inherente a la economía petrolera venezolana, pero la cubana es inherente a la concentración de poder en manos de la oligarquía dueña de la isla.  El último escándalo de corrupción que ha estallado en Cuba, no se debe a la decisión de luchar contra ella, pues es parte del sistema.  Como siempre ha sucedido en el seno del castrismo, todo aquel que haya escalado espacios de poder demasiado amplios y por mucho tiempo, tarde o temprano se le debe destruir para que no termine construyendo un poder paralelo que a la larga le reste espacios al poder establecido; el único considerado legítimo.

Mucho se ha comentado últimamente el caso del chileno Max Marambio, que ha actuado de agente de negocios, legales e ilegales, de Fidel Castro desde hace varios decenios.  Marambio es uno más en la larga lista de personajes que habiendo sido favoritos de Fidel Castro, que han terminado en el limbo o fusilados.

La llegada al poder en Chile de una corriente política que no es afín del castrismo, obliga a La Habana a reconsiderar su relación con Santiago de Chile.  Sólo poniendo sobre el tapete intereses comunes, el régimen cubano logrará neutralizar la disposición expuesta por el nuevo presidente de Chile de reclamar democracia en Cuba y mantener una postura no complaciente ante Hugo Chávez.

Piñera, además de ser Presidente de Chile, es un hombre de negocios que posee una fortuna mayor que la de Marambio.  Al igual que Henri IV, el rey protestante quien dijo que “París bien valía una misa”, los hermanos de Castro deben haber dicho que Chile bien valía un Marambio… caído en desgracia.  Ya no lo necesitaban como intermediario con el poder en Chile.  El castrismo es despiadado.

 
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