El fútbol y la globalización

Letras de fútbol
Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

No se equivocaba el escritor Albert Camus cuando señalaba que el fútbol es  un reflejo de la conducta del hombre, pero además, agregaríamos nosotros, es una metáfora o representación del orden político y económico mundial capitalista.

Cristiano Ronaldo,un símbolo que genera amplios dividendos a su club.

La estructura organizativa del neoliberalismo financiero  responde casi al calco a los parámetros  establecidos por  la industria cultural  y  la sociedad  de consumo que todo lo codifica, lo banaliza y lo convierte en  mercancía, y por supuesto ese gran espectáculo que es el fútbol no podría ser una excepción.

Y si no es así, entonces cómo se explica que grandes  clubes como el Real Madrid, el Barcelona y el Manchester, por nombrar tan sólo a algunos,  paguen sumas de dinero tan exorbitantes por jugadores que en ocasiones no logran ni siquiera justificar en la cancha tales desembolsos. El equipo merengue invirtió en la presente temporada de la Liga Española  tan sólo en el portugués Cristiano  Ronaldo y el brasileño Kaká más de 200 millones de dólares. Cheque con el que cualquier equipo modesto de ese país hubiera podido resolver unas cuantas  temporadas.

Claro, en verdad estos clubes no están comprando jugadores, están invirtiendo en productos, símbolos, imágenes y “mercancías” que les generan amplios dividendos, más fuera que dentro de los estadios. El dinero que pagan los hinchas del Barcelona FC por entrar  al Camp Nou y ver a su estrella Lionel Messi  pasó a ser algo insignificante. Lo realmente trascendental  para la directiva es lo que pueda generar el argentino por los contratos publicitarios, la venta de camisetas y los derechos de televisión. Por eso se queja Eduardo  Galeano que el fútbol cada día se aleja más de las canchas, porque está siendo sustituido por el utilitarismo y el pragmatismo  económico de estos tiempos. Atrás está quedando la identidad,  la pertenencia y el orgullo de los colores.

No es nada  casual  que en Europa, y  especialmente en naciones como Inglaterra, Francia y Alemania existan campamentos para la enseñanza del balompié, donde van a parar niños que son reclutados, y hasta comprados por ínfimas sumas, en los países más pobres de África con el propósito de prepararlos para luego ser vendidos al mejor postor en las ligas más ricas del mundo por “cazatalentos”  que terminan siendo unos esclavistas de menores. La gran mayoría de esos niños, que son entregados  por sus padres por un puñado de dólares, luego de no cumplir las pruebas de rigor son desechados y dejados en la orfandad. Ellos  son parte de los millones que terminan deambulando por las calles de las grandes capitales, metidos  en el infierno de la droga y la prostitución.

Esas rocambolescas transacciones, absurdas, inimaginables  y por lo demás  paradójicas dicen mucho  de los poderosos alcances del neoliberalismo financiero y la globalización, pero también de lo vulnerable e insostenible que se muestra una sociedad  en crisis que en su alocada carrera por producir dinero y más dinero,  está decidida no solamente a acabar con el placer del juego por el juego mismo sino también con el imaginario, el arte y la cultura, es decir, con el sentido de lo  lúdico.

Los futbolistas ya no son futbolistas, dejaron de ser seres de carne y hueso, perdieron su connotación humana, no son reales, son productos, aparatos, figuras aparentes, atletas virtuales, fetiches del espectáculo, divinidades absolutas tocadas por la varita mágica, el dólar y los medios de comunicación.

Por suerte a pesar  de toda la robotización y el tecnicismo siempre existirán jugadores dispuestos a salvar la esencia y la estética de un deporte que deslumbra por su arte y fantasía. Por allí quedan, a pesar de todo, los Ronaldinhos, los Robinhos y los Messis, quienes aún les siguen dando vida a la fiesta y a  la magia. Porque más allá de los medios de comunicación, el neoliberalismo económico, la globalización y las bolsas de valores, aún   quedan pequeños espacios para los inventores del sueño y la osadía de    jugar.

Lo importante no es hacer una critica estéril, lo que se quiere en todo caso es hurgar en las profundidades del deporte y especialmente en el más universal de todos que es el fútbol, con la intención de hacer un aporte que permita que este fenómeno sea observado más allá del mero sentido recreativo. Porque como señala Franklin Foer, el fútbol es más que un juego, más que una pasión: es una ventana abierta a un mundo global en el que los nobles deseos de victoria de los deportistas y aficionados convergen a lo largo del planeta con los ocultos intereses económicos de la televisión, lo oligarcas locales, la política o la religión”.

 
Top