¿Es Mockus chavista?

Roberto Guisti

Roberto Giusti
rgiusti@eluniversal.com

No es como Piedad ni Evo… y no sacará a los gringos

La gran diferencia entre dos presidentes egocéntricos y apegados al poder como Chávez y Uribe estriba en que este último cedió a las prácticas democráticas y se sometió a las decisiones de un Poder Judicial autónomo que hizo añicos sus ambición de un tercer período. Algo que en Venezuela resulta inconcebible.
Pero no se trata sólo de eso, sino de algo que para Uribe es tan pernicioso como su pase al retiro: la casi segura derrota de Juan Manuel Santos quien, hace apenas un mes, se consideraba ungido por el poderoso dedo de su mentor, en una campaña que se insinuaba predecible y aburrida y ahora cobra ribetes dramáticos con el ascenso súbito y, en apariencia incontenible, de Antanas Mockus y su ola verde.
Es evidente que el dolor de Uribe no es por Santos, al fin y al cabo un mal menor que debió aceptar como premio de consolación, sino la posibilidad de que su política de Seguridad Democrática encalle en las inexpertas y, a su juicio, demasiado rectas, melindrosas, incluso temblorosas (por aquello del mal de Parkinson) manos del pintoresco hijo de inmigrantes lituanos.
El niño genio que aprendió a leer a los dos años, el filósofo, el matemático, el ex rector de la Universidad Nacional y ex candidato presidencial, desafía todos los estereotipos que se le pueden calzar a un dirigente político. Y aunque ha manifestado su intención de darle continuidad al combate frontal contra la guerrilla (algo que muchos colombianos consideran que dejó de ser prioritario) está claro que no caerá en el juego osado y turbulento de un Uribe y Santos, capaces de violar el territorio ecuatoriano para liquidar a Raúl Reyes, hasta entonces huésped del Gobierno de Correa.
Antanas tampoco propiciaría el secuestro, en territorio venezolano, del jefe guerrillero Rodrigo Granda, ni el pago de recompensas (lo cual degeneró en el terrorífico caso de los falsos positivos) por guerrilleros o estratagemas como disfrazar de chavistas a los militares de la Operación Jaque.
Ese respeto por las leyes y los derechos humanos, una de las razones que ha despertado el entusiasmo de los votantes jóvenes, genera rechazo en el uribismo, donde lo consideran una muestra de debilidad que posibilitaría el renacimiento de la guerrilla. Sólo que Mockus no es Piedad ni Evo y pese a su desmentida admiración por Chávez (quien le mete miedo a los colombianos para que no voten por Santos) ha dicho que no cancelará la presencia de EEUU en las bases militares, el tema que realmente preocupa a Chávez. Mockus contemporiza con él porque espera que reanude el intercambio comercial, pero está claro que no se dejará chantajear. Al fin y al cabo, si logró hacer de Bogotá una ciudad casi pacífica, ¿por qué no habría de lograrlo con Colombia?


 
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