BADUEL Y EL TAO

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA

A la medianoche del 11 de abril de 2002 Raúl Baduel levantó el teléfono. Del otro lado, Hugo Chávez dejo caer unas palabras: “hermano, te agradezco tu posición y la de tus soldados porque eso ha servido para impedir que vengan a atacarnos aquí en el Palacio y a matarnos”. A los minutos debía abandonar Miraflores. Ya  había cedido a la presión del alto mando, y dejaba su oficina confiado a la buena suerte.

En su oficina de la Brigada de Paracaidistas de la Placera en Maracay, el general Baduel estaba a la espera de un desenlace que podría ser sangriento. Maracay seguía siendo el más importante bastión militar de la nación y   el  más sólido soporte civil del régimen. Entre Chávez y Baduel existía una estrecha amistad. Junto a los oficiales Felipe Acosta Carlez y Jesús Urdaneta Hernández sellaron un pacto de sangre  ante el  Samán de Guere la tarde del 17 de diciembre de 1982. Se trataba de promover una acción de las jóvenes generaciones militares para tomar el poder y aplicar un programa inspirado en las lecciones de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

El 4 de febrero de 1992 estalló la primera intentona subversiva y el 27 de noviembre de ese año se registró una réplica de oficiales de mayor graduación. Baduel no participó en ninguna de las dos. Años después confesó a Marta Harnecker: “como yo no tenía certeza de que eso estuviese estructurado, no fui partidario del pronunciamiento militar. Y a pesar de que había discutido eso por lo menos con Chávez y Arias Cárdenas muchos de mis compañeros han señalado que tuve posiciones ambivalentes, que nunca me comprometí, que no salí adelante”.

Los oficiales sublevados fueron a las cárceles y en 1994, sobreseído por orden presidencial, Chávez emprendió la construcción de un movimiento político. Baduel seguía en los cuarteles; egresaba  del curso del Estado Mayor en la Escuela de las Américas en Fort Benning, y debía sobrellevar las sospechas de sus superiores por su “pasado bolivariano” y la amistad con  Chávez. Combinaba su carrera militar con las enseñanzas del taoismo. Al lado de los manuales de guerra reposaba el Tao Te Ching  de Lao Tse, un libro que reza: “el mejor militar no es marcial, el mejor luchador no es agresivo y el mejor conquistador no entabla combates”. La madrugada del 12 de abril su personalidad esquiva a las definiciones inmediatas tendría que tomar una decisión crucial para el país y para su vida.

El 12 de abril  Pedro Carmona asumió como presidente provisional  y mediante un decreto liquidó los poderes constituidos. El grupo militar que había forzado la salida de Chávez confiaba en que la decisión de Baduel, por el poder de fuego  en sus manos, habría de blindar  la  nueva situación. La  mañana del sábado 13 de abril resultaba claro que el operativo para relevar a Chávez no garantizaba  un mandato estable.  Los alrededores de La Placera en Maracay se poblaban de partidarios  del chavismo. Varios altos oficiales llegaban de Caracas y exigían respuestas ante un prolongado suspenso. Baduel en su oficina  impregnada de incienso, habría de tomar entonces  una decisión significativa: la activación del plan de Restitución de la Dignidad Nacional, que con el argumento  de preservar la vigencia constitucional aseguraba el regreso del presidente electo.  El balance de las fuerzas era  favorable y más  todavía con la incorporación  de la Aviación y un 80% de las unidades de comando de todo el país.

El solo anuncio de la operación tuvo un efecto disuasivo para un improvisado frente cívico-militar con tendencia a su pronto resquebrajamiento. La madrugada del 14 Chávez entró a La Placera, recibió el abrazo  de Baduel y marchó a la retoma de Miraflores.  Baduel comenzaba una vertiginosa carrera militar: comandante de la  División de Maracay; comandante del Ejército y ministro de la Defensa con grado de general en jefe. Era el único del grupo  bolivariano que permaneció en la estructura militar, que ganó reconocimiento por su solvencia profesional y que tenía  conocimiento de la movediza topografía castrense.

El 2007 el general Baduel pasó a retiro, pero ya había  labrado un liderazgo con influencia en el mundo civil.  La propuesta de Chávez de una reforma constitucional para legalizar su proyecto totalitario ese año, le abrió una oportunidad de oro. Baduel llamó a enfrentar la propuesta y convocó a votar contra ella cuando el desánimo privaba en un mundo opositor afectado por la reciente derrota de su candidato presidencial Manuel Rosales. La noche del 2 de diciembre de 2007 Baduel asumió la defensa de la victoria democrática y anunció que la reforma había sido derrotada pero fue más allá: su influencia fue determinante para que el alto mando militar emplazara a Chávez a reconocer un resultado adverso.  Si se buscase el punto de ruptura de una larga amistad habría que encontrarlo esa noche cuando Chávez debió asimilar el peso de un formidable y certero revés. Sometido a juicio por supuestos actos de corrupción durante su desempeño como ministro de la Defensa, Baduel permanece detenido desde hace año y medio y el viernes 7 un tribunal lo condenó a 7 años y medio de prisión y no conforme con ello se declaró su inhabilitación política.

Por estos días se recuerda que recién electo, Chávez llamó a Baduel para que lo acompañara como  secretario privado. El 1º de enero de 1999 ambos  asistieron a la celebración de los 40 años de la revolución cubana en La Habana. En el regreso los acompañó Gabriel García Márquez. El “Gabo” en la crónica sobre el viaje pone de manifiesto el contraste entre la jovialidad y la soltura de Chávez y el rostro indescifrable de Baduel. Con la perspicacia del novelista cierra el reportaje dejando una interrogante, que después de once años tiene una respuesta que no deja lugar a dudas: “mientras se alejaba entre sus escoltas de militares comprometidos y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar  su país. Y el otro, un ilusionista, que podría pasar a la historia como un déspota más”.

 
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