EL SUBMARINO ROJO

JESÚS HERAS –

Hay quienes opinan que el aumento salarial del 40% decretado para los militares ha sido una manera de contrarrestar el impacto que produjo en la Fuerza Armada Nacional la denuncia que sobre la presencia de cubanos en su seno formulara el General Antonio Rivero al renunciar a su cargo.

No parece faltarle razón a quienes piensan así. De cada escondrijo surge información que da cuenta del descontento en los cuarteles por tal situación y de como se ha venido gestando una resistencia sorda que se expresa incluso en la aparición de grafitis a lo interior de las instalaciones militares.

Sin embargo, el aumento decretado no se debe exclusivamente a la denuncia. Fuentes bien informadas reportan que en la Fuerza Armada Nacional viene ocurriendo un fenómeno que, siendo natural, preocupa mucho al presidente. Se trata del relevo generacional que tiene lugar en mandos en los que la promoción de Chávez y Cabello no tienen mayor influencia.

En efecto, quienes ahora asumen el mando de tropas y cargos claves en las operaciones militares no tienen nada que ver con las promociones que participaron en los fallidos golpes del 4 de febrero y del 27 de septiembre de 1992 por lo que no son sensibles a la prédica “revolucionaria” y, obviamente, ven con malos ojos la creciente presencia cubana en sus cuadros.

Según esta tesis, ha sido la desconfianza presidencial hacia estos sectores en ascenso la que provocó el otorgamiento de incentivos económicos generosos, dirigidos a quienes, ajenos a hechizo partidista, critican con sordina el repentino encumbramiento económico y social de las más altas esferas castrenses.

Una vez más regresamos al tema dilemático que esta “revolución” no ha podido resolver. Nadie le compra sus cachivaches ideológicos. No han logrado montar una mística nacional alrededor de sus objetivos. El gobierno socialista tiene que bajarse de la mula para conseguir adeptos. Para estos “socialistas” de 15 y último, como dice el chinito del cuento: “si no hay leal, no hay lopa….”

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LA CANASTA MILLONARIA

Hay pocos países en el mundo en los que hay que ser millonario para acceder a la canasta básica. Venezuela es uno de ellos. Aquí hay que tener cuatro salarios mínimos para tener acceso a la canasta familiar y más de dos para adquirir la canasta básica. Este es el otro gran drama de una revolución que, proclamándose reivindicadora de los más pobres, ha terminado por empobrecer al país… y es otra de las telarañas que atrapa al gobierno.

El deterioro de la capacidad de compra y de calidad de vida tanto de los sectores populares como de la clase media, opera como mecanismo erosionante de la credibilidad del gobierno, porque – como era de esperarse- mientras cae en picada el empleo privado por las confiscaciones y la falta de inversión que produce la inseguridad jurídica, el sector público no logra llenar el vacío.

A ojo de buen cubero, este año, el cohete espacial que, según pronosticaba Giordani se convertiría nuestra economía, va camino de ser un submarino, un submarino rojo-rojito que, contrario al boyante submarino de los Beatles, se hunde en las aguas más oscuras y profundas. Se estima en efecto que la economía caerá este año en casi un 4%, siendo Venezuela el único país latinoamericano cuya economía decrecerá en 2010, mientras la inflación se ubicará entre el 35 y el 45%. No en balde la renuncia del “visionario” ministro.

Lo que tenemos por resultado del experimento “socialista” es un verdadero cachilapo, un ornitorrinco de la economía. Un extraño híbrido que solo ve la luz en países hundidos como Ruanda o Haití. Los economistas llaman estanflación una extraña mezcla de estancamiento con inflación, pero el fenómeno venezolano requeriría de una nueva nomenclatura, porque acá, tenemos decrecimiento con inflación, lo que une a esta Venezuela del petróleo, la que alguna vez fue rica, a las más pobres y atrasadas naciones del mundo.

HAMBRE PARA CONTROLAR O PARA SUBVERTIR

La inefable Sala Situacional de Miraflores, integrada por eminencias grises de la policía política cubana, el G2, cree que la luna es pan de horno porque la ve redonda. Basados en los códigos que mantienen a Fidel Castro en el poder le han sugerido al presidente  Chávez que fomente la crisis económica, la desinversión y la escasez. Todo con el propósito de tildar a los empresarios, grandes y pequeños, como efectivamente  lo hace el mandatario en sus discursos, de usureros y chupa sangres, responsables de las penurias que no ellos sino él mismo le están ocasionando al pueblo.

La esquema es simple: arruine la economía con lo cual le quita poder económico y político a los empresarios. Use las  divisas del petróleo para importar alimentos y distribúyalos como gobierno benefactor. La gente se irá habituando a hacer colas en los mercales para acceder a lo poco que llega y como no alcanzará “porque los ricos compran todo y lo acaparan”, vendrá la libreta de racionamiento. Comenzará así a operar el síndrome de Estocolmo en una población que aplaudirá a su secuestrador cuando le pongan en su libreta el kilo de harina Pan a que tiene derecho… de acuerdo con las órdenes del amante de los pobres y gran Chambelán de la Liberación del Pueblo. Por allí anda el guión.

Ya Trotsky, en su obra “La Revolución Traicionada” relataba como el policía pasó a ser el personaje más importante de la sociedad rusa. Era quien controlaba la cola de la distribución de la harina, mantenía el orden, y decidía para quien sí y para quien no. Ese policía – según lo recordáramos en un editorial anterior- llegó a ser el emblema de la burocracia estalinista que por más de 40 años sometió a la pobreza a ese inmenso país.

EL DESENLACE

Pero, ¿cuál es la cuenta que no sacan los asesores cubanos? Pues la cuenta que no sacan es que la sociedad venezolana tiene tras de sí decenas de años formándose en democracia. Aquí no saltamos de la dictadura de Batista a la dictadura de Fidel. Ese inmenso tejido democrático de organizaciones civiles, políticas y sociales que el gobierno aun no logra doblegar es lo que hace que su plan no termine de cuajar. También influyen los cambios tecnológicos que le han otorgado al ciudadano un gigantesco poder de la información.

Contrario a lo ocurrido en Cuba y en la URSS, donde el miedo fue dándole mayor apoyo popular al gobierno, en Venezuela, las mismas tácticas le han restado en lugar de sumar. Entretanto, la intercomunicación en tiempo real de las redes sociales, del internet que sube cerro, de los mensajes de textos en el país con más celulares per cápita del mundo, han hecho que las tentativas de cercenar la libertad de expresión no hayan limitado suficientemente la capacidad de comunicación que tenemos los venezolanos.

Predecir lo que va ocurrir no está entre las destrezas de quien relata estas líneas. Ese trabajo de arúspice se lo dejamos a Don Fernando Mires quien, en las páginas centrales de esta misma edición, analiza cómo han quebrado históricamente los regímenes autoritarios y como a partir de las elecciones de septiembre, podría ocurrir el mismo fenómeno en esta Venezuela empobrecida de militares inquietos, donde si “no hay leal, no hay lopa”.

 
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