La batalla ecológica de Chávez

Reserva de Imataca.

Francisco Olivares
folivares@eluniversal.com

Si el tema es entre comunismo y capitalismo recordemos los daños ecológicos que legó la URSS.

El Presidente venezolano luego de sentirse exitoso por la Cumbre de Cochabamba anuncia que librará una nueva “batalla” ecológica en Cancún contra el imperio capitalista. Como ya nos acostumbramos tales batallas no pasan de ser encuentros verbales que cuestan mucho dinero pero no generan resultados.
Nunca falta el imperialismo capitalista como responsable de todos los males del planeta, mientras los líderes socialistas ocultan sus propios desastres ecológicos y los que auspician sus aliados.
El Presidente no recuerda cómo bajo su gobierno aumentaron significativamente los mineros ilegales en la cuenca del Caroní y que más que El Niño, son responsables de lo que ocurre hoy en Guri. Inauguró junto a Fidel el tendido eléctrico en La Gran Sabana en contra de la opinión de ambientalistas y comunidades indígenas y dio el visto bueno para intervenir con minería la reserva de Imataca.
Pero qué decir de los amigos de Brasil cuyos gigantescos embalses como el de Itaipu y la deforestación de la selva amazónica son responsables de gran parte del efecto invernadero.
No olvidemos además los desastres que han ocurrido en China en las construcciones de grandes presas, el uso indiscriminado de pesticidas y el desplazamiento de millones de personas.
Y si el tema es un asunto entre comunismo y capitalismo, recordemos entonces los daños ecológicos que legó la URSS a la humanidad.
Además de mal recordado desastre nuclear ocurrido en abril de 1986 en Chernobyl cuyos efectos perduran en esos territorios el propio Mijail Gorbachov describe con crudeza en su Carta a la Tierra, la política de devastación que imperó en la tierra del socialismo: “Nuestra tierra (…) era víctima de las más absoluta negligencia. Estaba agotada y abandonada. Las principales prioridades del Gobierno eran la industria pesada y la explotación de los yacimientos minerales, cuyos productos permitía financiar la carrera armamentista. Millones de hectáreas fueron expropiadas por el ejército para realizar ensayos nucleares. La construcción de enormes diques destinados a alimentar las centrales hidroeléctricas, así como la creación de auténticos mares artificiales, no sólo acabaron con las riquezas hídricas, sino que trajo consigo la inundación de 14 millones de hectáreas de tierras fértiles (…) El uso demencial y masivo de pesticidas trajo la contaminación generalizada de tierras cultivables, ríos y lagos (…) En el extremo oriente y en Siberia extensiones de bosque fueron arrasados. ¡Y qué decir del mar Aral, que en los últimos 40 años ha perdido 50% de su superficie! “Como dice el líder de la Perestroika: Esos hechos se mantuvieron en secreto durante casi treinta años.

 
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