La culpa es de la vaca

Yván Serra Díaz

Periscopio

Yván Serra Díaz*

El gobierno para promover la venta de carne barata a los consumidores decidió meter preso a unos cuantos carniceros, tildándolos de especuladores. Luego de liberarlos con medidas cautelares de presentación y juramento de buena conducta, éstos  decidieron no vender carne. Ante el desabastecimiento el ministerio decidió realizar una investigación que con criterio socialista y endógeno explicara por qué los carniceros no podían ser buena gente y tener en sus neveras abundante carne barata y de primera.

Un funcionario rojo rojito fue el designado para realizar la investigación y entrevistó a los representantes de mil frigoríficos en Venezuela. La conclusión de la encuesta fue determinante: no pueden vender a ese precio porque es igual al que lo compra.

Fue entonces a una de las empresas de distribución de carne, donde le argumentaron que no podían venderla más barata ya que con el aumento del tráfico ahora necesitan el doble de la flota para poder atender a los mismos comercios. Igual que con el precio que obtienen de los mataderos, ese es lo menos a que pueden venderlo.

Acudió el funcionario a los mataderos, quienes adujeron que la valía del ganado era porque lo compraban a un precio ya bastante caro, pero que además con las paradas debido a los cortes eléctricos y el ausentismo laboral producto del decreto de inamovilidad la producción había mermado bastante.

Finalmente acudieron a los ganaderos. Al principio pensaron que sería una comisión del gobierno para un rescate y que detrás del funcionario habría un contingente de la Guardia Nacional y del Ejército. Corroborado que sólo había una persona armada de un bolígrafo y un cuaderno le explicaron que no se atrevían a comprar más vacas porque era una inversión muy riesgosa, porque entre los cuatreros, el pago de vacuna, los invasores no había ganancias y que ellos no eran bolsas para comprar un ganado que después se lo agarrara el gobierno. Además, los dólares para los suplementos alimenticios no habían llegado, y solo con pasto las vacas no engordaban.

Nuestro bien dispuesto funcionario llamó al ministro y le dijo que la culpa era de las vacas porque ellas sólo engordaban con comida importada del imperio.

Días siguientes, el Presidente, en cadena nacional firmaba el decreto a través del cual las vacas engordarían con pasto. Y que si éstas no engordaban 20% de su peso al mes serían encarceladas junto a los carniceros.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.coms

 
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