La trampa post-ceresoliana

Victor Bolívar

“Cuando redactamos el reglamento interno del PSUV, se acordó que (los militares) no podían forman parte del partido porque entonces se corría el riesgo de que se inscribieran en cualquier otra tolda”. Héctor Herrera, Director Nacional del Frente Militar Bolivariano. (El Nacional, 10-05-10)

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR C.

A propósito de las fundamentadas denuncias sobre la partidización del sector militar formuladas por la columnista Rocío San Miguel, retomo algunos enfoques que al respecto he hecho. El carácter no deliberante de la FAN, consagrado en forma clara y precisa por nuestra Constitución –que la califica como una institución esencialmente profesional, sin militancia política– contrasta con la conducta de sumisión y apego a un proyecto político de aquella pequeña logia castrense que, prevalida de ser los depositarios únicos de la armas de la República, ha conseguido enquistarse en el poder para depredar al Estado.

Para que esta ignominia se llevara  a cabo, era necesario darle un basamento. Decíamos que fue Ceresole, quien encontró terreno abonado en el afán enfermizo de poder de un militar retirado por golpista, el que redondeó la tarea que como objetivo se había trazado un presidente inconforme por la forma como obtuvo su cargo; y agregábamos de éste, que de todas sus frustraciones, la mayor fue la de no haber podido tomar a Miraflores con las armas. Fue la humillación de aquella derrota la que nutrió su resentimiento y ha  impulsado su revancha castrense.

Es de significar que además de las normas legales que regulan al sector militar -instrumentos indispensables para viabilizar el proyecto de este régimen- en la Constitución se establece que la FAN tendrán una participación activa en el desarrollo nacional, mediante una norma cuya laxitud ha servido para darle a cumplir cualquier rol, desde vender papas hasta convertirse en partido armado, capaz de convertir a los civiles en una clase dominada.

Sostenemos que esa participación en el desarrollo nacional tiene que realizarse dentro de aquellas funciones que le son inmanentes como la de asegurar la paz, garantizar nuestra soberanía y proteger nuestra integridad republicana.

Al eliminarse la Cámara del Senado, que servía de contrapeso en el necesario control civil sobre los militares, y quedar los ascensos sujetos al deseo o caprichos del presidente, en este caso un militar, quedaba la FAN en posición de cobrar y darse el vuelto.

Igual de pernicioso fue otorgarles el derecho al sufragio, en un país cuya historia nos ha dado evidentes muestras de tentaciones como las de 1992. Ni qué hablar de las milicias como componente inconstitucional de la FAN, o del obligado saludo socialista que la suma de plano a un proyecto que es en realidad, con algunos matices ideológicos, fundamentalmente militarista, pues de aquel proyecto ceresoliano cívico-militar, que ya de por sí constituía una afrenta para la democracia, ha devenido una trampa peor como lo es la implementación de un régimen autocrático y militarista.

Qué podemos esperar los venezolanos si el propio Presidente de la República, que a la vez es presidente del PSUV, se uniforma como militar activo cuando le viene en gana y muy particularmente cuando ha recibido a los Castro a quienes muestra una obediencia reñida con nuestra soberanía.

La dimensión de la lucha que debemos librar para que este país retome la senda del civilismo democrático y supere esta autocracia militarista es enorme y nos exige que sigamos desnudando al régimen para dejar en evidencia esta patraña.

 
Víctor A. Bolívar C.Víctor A. Bolívar C.
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