El final de la gran torta

Luis Cisneros Cróquer

Confidencias.
Luis Cisneros Cróquer.
nirguayork48@hotmail.com

Quienes desde 1998 decidimos por otra fórmula y fuimos derrotados, mantuvimos la certeza de que la inexperiencia, unida a la ilusión del “hombre nuevo” y un mundo socialista del Siglo XXI, parecido al Marx del Siglo IXX, con la salsa caribeña cubana, salsa que no apaga el lastimero sabor del hambre y la falta de libertad, iba a conducirnos a un colapso. Hoy contemplamos aquella certeza hecha realidad pues contraviniendo las elementales reglas de la economía, se destruye el aparato productivo y se acentúa el estado rentista petrolero, dependiente de las importaciones que lentamente se van engullendo los ingresos en dólares, amén de la desbordada corrupción que ha creado una nueva y vulgar burguesía con y sin charreteras, pero con abultadas chequeras y cuentas en el exterior. Recuerdo ahora un episodio de Rómulo Betancourt, Presidente, cuando un Cónsul se “enquesó” con 120 dólares y ordenó su destitución y juicio.

Un alto dirigente del partido blanco le recordó que se trataba de un viejo militante y luchador contra la dictadura y que además, era su amigo desde el año 1936. El de Guatire respondió sin pestañear:

-Yo no tengo amigos ladrones.

Ahora cuando no hay Contraloría ni Fiscalía para vigilar el gasto e investigar las denuncias contra Gobernadores, Alcaldes y sobre todo Ministros del actual gobierno; quienes actúan con impunidad ya no en la madrugada sino a plena luz del día…, con la complicidad de la llamada boliburguesía, la honra está en los denunciantes y en quienes están tras las rejas, en espacios de 2×2, sin la luz del día y condenados a una muerte cierta.

Intentarán, si se los permitimos, establecer la comuna en lugar de las gobernaciones y alcaldías y seguirán cavando bien hondo el hueco por donde van a despeñar al país, a sus recursos, a sus hombres trabajadores y productivos, a sus propiedades sea cual sea el tamaño e intentarán incluso quitarnos la dignidad.

Como lo dije por TV durante muchos meses en aquel año de 1998, es hora de levantarse y pelear con el arma libre del hombre y de la democracia, el voto. En aquel entonces nos vencieron porque mucha gente se quedó en sus casas, se fue para la playa o montó una parrillada. Esta es posiblemente la última oportunidad que tenemos de rectificar y alcanzar una victoria para encauzar las luchas por la restauración del país y de sus verdaderas glorias.

Vamos pues a cumplir con nuestro deber, pero no sólo eso, hay que a los renuentes, a los que aún no creen que el lobo está en la esquina esperando que aparezcan nuestros niños para convertirlos en instrumento ciego de la destrucción, para que cumplan también su deber y ayuden a apagarle las velas a esta torta descomunal.

 
Top