La noche más larga de Europa

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr

Peligraba la existencia misma de la Unión europea sostenida sobre su moneda común, el euro.  Lo que no se había logrado en los once años de su existencia de la zona euro, hubo que improvisarlo en una sola noche, aplicando la fórmula de los tres mosqueteros: todos para uno, y uno para todos.

La noche del domingo  9 al lunes 10 de mayo del 2010 quedará en los anales como la noche más larga de la historia de la Unión Europea.

Fue durante  esas once horas de negociación entre los ministros de finanzas de los países que comparten el euro como moneda única, que se decidieron una serie de medidas sin precedentes en la historia de la Unión, hasta ahora más propensa al laxismo, que a la exigencia del respeto a las normas.

Fue el peligro inminente de contagio, al conocerse los niveles de endeudamiento de Grecia, ocasionando una pérdida espectacular del euro frente al dólar y una caída de más del 10%, en algunos mercados de valores, lo que condujo a los gobiernos europeos a tomar medidas de emergencia.

El Megaplan

Los vientos que soplaban hasta el sábado pasado eran de una debacle anunciada.  El temor de que dicha tormenta arrastrara en lo inmediato a otros países como Portugal y España, además de la voluntad de atajar la especulación en los mercados contra la deuda soberana de algunos miembros de la UE, fue lo que indujo a que en la madrugada del lunes 10, se aprobara un “histórico megaplan de rescate para los países del euro” en peligro de enfrentar una situación similar a la griega. El “megaplan” no consiste en un cheque en blanco a los países en donde el déficit fiscal es la norma y la corrupción es la práctica común en el seno de la clase política, como es el caso de Grecia.  Beneficiar de la ayuda europea, significa ahora en adelante, someterse estrictamente a las normas de reajuste severo de las finanzas, acordadas en el seño de la Comisión Europea.

La puesta en marcha del “megaplan” de defensa de la zona euro, consiste en 750.000 millones de euros de garantía para cubrir los previsibles reembolsos de los cuatro países más vulnerables.  Varias entidades participan en el montaje del fondo: 60.000 millones aportará la Comisión Europea en forma de préstamos, a los que se añadirán 440.000 millones procedentes también de préstamos y garantías de los propios países de la zona euro.  La participación sin precedentes del Fondo Monetario Internacional que aporta 250.000 millones de euros en forma de créditos.  El Banco Central Europeo (BCE) participará también en esta operación con la compra de títulos de deuda, tanto pública como privada, iniciativa ante la cual el BCE se había mostrado en principio reacio.

Para adoptar esta serie de decisiones sin precedentes en la historia europea, los principales dirigentes habían llegado a la conclusión de que había un riesgo real de que la crisis de la deuda griega se extendiera a otros países de la zona, e incluso, arrastrara a Europa en su integridad.

Barack Obama percibió la gravedad de la situación europea.

La energica intervención de Obama

Pese a la inusual discreción de Nicolás Sarkozy, es de conocimiento público que una vez más, el pragmatismo y el espíritu de iniciativa del presidente francés jugaron un papel decisivo ante aquellos gobernantes europeos que se mostraban reacios a dar su aval a la adopción de dicho plan.

Un ejemplo fue el de la negativa del premier inglés, Gordon Brown, al pedido de Sarkozy y de Ángela Merkel para que diera su aval a un plan coordinado para frenar la especulación, y luego, la marcha atrás de Ángela Merkel del solidarizarse con Grecia, para luego imponer toda suerte de condiciones y finalmente aceptando prestar ayuda a Grecia.  Todo ello significó una pérdida de tiempo que fue aprovechada por los especuladores, multiplicando las pérdidas de por sí altas.

Ante la actitud decidida de Nicolás Sarkozy que abogó decididamente desde el principio por ayudar a Grecia, pues de otra manera se corría con la responsabilidad de llevar a Europa a la catástrofe, Ángela Merkel terminó aliándose a la postura de Sarkozy.  Como gobernante de Alemania, país líder de la UE, ella no podía mantenerse en una postura recalcitrante, además de correr el riesgo de dejarle al presidente francés el monopolio del liderazgo europeo.

El presidente norteamericano Barack Obama percibió la gravedad de la situación y la necesidad de que se consolidara la zona euro, porque una Europa en crisis, retrasaría la salida de la crisis que, a su vez, enfrenta Estados Unidos; como también un euro en declive sería un obstáculo para la recuperación de la economía norteamericana.

Y para quienes en Europa consideraban que Barack Obama profesaba un absoluto desinterés por el viejo continente, la iniciativa del presidente estadounidense de implicarse directamente en la crisis, fue reveladora.  Al percatarse que Nicolás Sarkozy no había logrado persuadir del todo a Ángela Merkel, Obama tomó la iniciativa de llamar el domingo por la tarde a la canciller alemana, para convencerla la aceptar la responsabilidad que la gravedad del momento exigía, para que dejara de lado sus preocupaciones electorales y pedirle, que tanto ella como Sarkozy, actuaran de manera coordinada y enérgica para devolver la confianza a los mercados.

Nicolás Sarkozy abogó decididamente por la ayuda a Grecia.

Las contrapartidas

De hecho, la adopción del “megaplan” es en gran medida producto de un acuerdo franco alemán.  Pero las convergencias entre ambos países, no atenúan las nubes que se ciernen sobre Europa y las crisis por venir.  La victoria electoral de los conservadores en el Reino Unido, cuyo programa es la salida progresiva de la UE, presagia el estallido de futuras crisis.  Sin  embargo, – y de nuevo se manifiesta la autoridad del presidente de Estados Unidos en la dinámica de UE – Barak Obama le habría expresado a Gordon Brown, hasta ayer primer ministro del Reino Unido, la conveniencia de abandonar las ambigüedades en relación a  su pertenencia a la EU y al contrario, le habría incitado a formar parte del conjunto europeo al mismo título que Francia y Alemania.  Dado el grado de compenetración que caracteriza las relaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos, el hecho de que el nuevo primer ministro, el conservador David Cameron, deberá compartir su gobierno con el liberal pro europeo Nick Clegg, deja entrever cierta esperanza para que la actitud antieuropea británica, no alimente las corrientes euro escépticas que gravitan en el continente.

El importante fondo de estabilización tiene contrapartidas de obligado cumplimiento, y así lo ha ratificado John Lipsk, número dos del Fondo Monetario Internacional (institución que apoya el plan europeo): la liquidez sin un ajuste sostenido no es solución.  Como contrapartida, los países susceptibles de recurrir a la ayuda europea, se comprometieron a tomar “importantes nuevas medidas de consolidación fiscal en 2010 y 2011” y de saneamiento de su economía que deberán presentar en la reunión de ministros de Economías del 18 de mayo próximo, al mismo tiempo que se impuso a todos los países la cláusula del respeto riguroso al pacto de estabilidad, hasta ahora poco observado por los miembros de UE.

El objetivo del mecanismo de rescate es “garantizar la estabilidad del euro, en la zona y en los mercados financieros”, declaró desde Bruselas la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde.  Para la responsable francesa, es necesario establecer una coordinación de la política económica, para perennizar lo que se ha construido en la urgencia, “puesto que la moneda única es lo que une a Europa, de allí la necesidad de salvarla”.  La ministra persiste en su orientación liberal, “pero es partidaria de que se ejerza un control estricto”, pues como lo declaró su homólogo sueco, Anders Berg: “Estamos viendo en los mercados comportamientos de manadas de lobos y, si no detenemos estas manadas, harán pedazos a los países más débiles”.

El comisario de Asuntos Económicos explicó que en este mecanismo intergubernamental participarán todos los Estado de la eurozona.  Se activará en cuestión de “algunas semanas”, tal y como ha ocurrido con Grecia, porque cada Estado miembro deberá completar sus procedimientos parlamentarios.

La indecisión de Ángela Merkel fue aprovechada por los especuladores.

Las consecuencias políticas

Ángela Merkel después de perder la mayoría en el senado, tras unas elecciones regionales que se celebraron al día siguiente de la decisión de apoyar el euro.  Ella se resistió a sostener el euro hasta que la misma tarde previa a la noche de la gran decisión sobre el euro, la llamó Barack Obama para que aceptara la responsabilidad que la gravedad del momento exigía y dejara de lado las preocupaciones electorales.  Aceptó…y perdió los votos de unos alemanes furiosos de tener que pagar por los griegos.

Quien enfrentará  la situación más delicada ante su opinión pública, es el Presidente del gobierno español, José Luis Zapatero, quien hasta hace pocos días clamaba que no procedería a recortes presupuestarios, negándose incluso a admitir la gravedad de la crisis que afecta a España, el país con la mayor tasa de desempleo de la UE.

Pero no solamente España y Portugal deberán someterse a una drástica disciplina del gasto público, también Gran Bretaña deberá adoptar urgentemente decisiones impopulares, desde una subida de impuestos hasta drásticos recortes del gasto público, al igual que Francia, en donde ya el presidente Sarkozy anunció el congelamiento del gasto público y la reforma del sistema de jubilaciones.

Para la ministra francesa Christine Lagarde, la política económica que debe implementarse no debe limitarse a la aplicación de medidas de saneamiento fiscal y del gasto público, sino que debe desarrollarse una política muy sutil que se oriente hacia el crecimiento durable, manteniendo el poder adquisitivo, al mismo tiempo que se sanean las finanzas “pues no se puede vivir eternamente a crédito”.  Menciona un tríptico de tres “R”: reactivación económica, reformar para reactivar la economía, y reinvertir para reindustrializar y así activar la competitividad.

El euro ha pasado por una fase de grave peligro, pero ello no significa que haya salido del peligro pese al gigantesco fondo de estabilización de 750.000 millones de euros.

Un salto cualitativo

Lo positivo de la crisis es que en la búsqueda de solucionarla, se ha dado el primer paso hacia la construcción de una política económica europea común, y la primera manifestación de esta política común, es el acatamiento por parte de los países necesitados de la ayuda europea, de aplicar las medidas de rigor económico que hasta hace pocos días se resistían a tomar.

También ha revelado la necesidad la necesidad de obrar por el surgimiento de un verdadero liderazgo europeo, cualidad que no poseen los tecnócratas que hasta ahora han integrado el gobierno de la UE.  El general Charles de Gaulle, Konrad Adenauer, Helmut Kohl y François Mitterrand, todavía no han encontrado una generación de relevo.

 
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