Sin vox pópuli, no hay vox dei

MASSIMO DESIATO
mdesiato2002@yahoo.com

Ha llegado la hora de que nos dejemos de hipocresías: De nada sirve llamar “democracia social”, contrapuesta a democracia representativa, burguesa, liberal, a lo que no pasa de ser un abuso de “documentos programáticos internacionales”.

La Revolución racionada

La revolución pretende recuperar los derechos humanos de todas aquellas masas desposeídas a las cuales, en los 40 años de democracia representativa burguesa, tales derechos no han sido otra cosa que las sobras de humanidad que se lanzan a individuos deshumanizados, alejados de la comunidad política.

Las terribles condiciones en las que han vivido y siguen viviendo las barriadas de las grandes ciudades venezolanas, así como gran parte del campo, se deben no sólo a la ausencia de bienes para satisfacer las necesidades básicas más apremiantes, sino al “apartheid” político a que se les condenó.

Los derechos humanos no son nada si no son acompañados de derechos políticos que los sustentan e inscriben en la comunidad política. De otra forma, son sólo “derechos humanitarios”, es decir, una forma de reconocer la terrible condición de una gran mayoría de venezolanos sin hacer prácticamente nada para cambiar su situación.

Ahora bien, la revolución bolivariana, al menos de palabra, ha venido para cambiar este estado de cosas y, sin embargo, incurre en un dramático error. Se ve que el Presidente ha decidido que después de consumir demasiada agua y demasiada luz se consume demasiada revolución, y hay que ahorrarla. Tres minutos al día deben ser suficientes, como en el caso de una ducha.

Derechos no, misiones si

Porque en lugar de ampliar los derechos políticos los reduce a toda la población y, al hacerlo, elimina de hecho los derechos humanos y los reemplaza con “misiones” de todo tipo que no pasan de ser el humanitarismo hipócrita. Característico de operaciones neo imperialistas y neocolonialistas que intentan encubrir la violencia de sus actos con el reconocimiento formal de la humanidad de todos los hombres.

Cuando un derecho humano no es respaldado por un derecho político se convierte en un derecho de quien no tiene derecho, poco menos o poco más de los tan criticados por los revolucionarios “derechos formales” de las sociedades burguesas. El contenido material, por así decirlo, de un derecho humano es el derecho político de participar en la comunidad política sin ser excluido, perseguido, censurado, sin tener que experimentar miedo por lo que se expresa y comunica.

El pueblo de los derechos humanos sin derechos políticos es un pueblo sin verdad. Es un pueblo eunuco. Es un pueblo que no hace la revolución sino que la padece. Es un pueblo en estado asistencial que depende de la caridad de su gobernante, que no puede ejercer caridad sobre ellos puesto que está obligado por un conjunto de deberes a concederle la plena libertad de los derechos políticos. Por eso, la famosa frase latina “Vox pópuli, vox dei” (la voz del pueblo es la voz de dios) en el caso venezolano no aplica. Porque aquí la voz del pueblo es la voz de un pueblo eunuco que responde a un comandante que de Dios no tiene nada y que mucho tiene contra los dioses. Un comandante que no gobierna sobre una comunidad política sino sobre una vejada “masa humanitaria”.


[i] Título original: Vox populi, vox dei. Por razones de espacio, el texto ha sido ligeramente editado.

 
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