Vietnam y Venezuela

Ricardo Bello

RICARDO BELLO
aracal@gmail.com

El único parecido es que comienzan con V, pero pueden servir de comparación, al menos en lo que a la mentalidad de los militares se refiere.

No voy a escribir un artículo contra ellos, si están pensando eso, pasen de largo, tendrán oportunidades de sobra.

Quise hablar sobre Vietnam porque hace poco conocí a Karl Marlantes, teniente de la Marina de Estados Unidos (batallón de reserva, por si acaso). Marlantes recibió hace cuarenta años la Cruz de la Marina, una de las condecoraciones más importantes que otorga Estados Unidos a soldados que han demostrado heroísmo extraordinario en combate. La recibió por haber liderado un ataque contra una posición fortificada vietnamita muy cerca de Laos; arriesgó su vida para vencer en el ataque a tropas enemigas y salvó numerosas vidas americanas en el proceso. Le concedieron también dos corazones púrpura y tres medallas más. Y, para colmo, es graduado cum laude en la Universidad de Yale y fue Rodhes Scholar en Oxford.

¿De dónde saco yo amigos así? Leyéndolos.

Marlantes pasó 35 años intentando escribir un relato convincente y significativo de su experiencia, que fue rechazado una y otra vez por los editores hasta que, finalmente, logró que fuera publicado.

Su novela, escrita y reescrita innumerables veces, titulada Matterhorn, toma su nombre de una batalla llevada a cabo en marzo de 1969 y que sin duda será considerada como uno de los grandes relatos sobre como el Dios de la guerra arrastra, confunde e ilumina a los hombres. La novela está construida desde la perspectiva de un joven teniente que debe aprender el papel que la política juega en el combate, desde las ambiciones de los oficiales que aspiran a ascender en la jerarquía militar, hasta la tensión racial de los años sesenta, poco después del asesinato de Martin Luther King y Robert Kennedy. Es un relato cruel, muy duro, pero capaz de meterse en nuestra mente y hacernos vivir el horror del enfrentamiento a muerte.

La escritura es uno de los métodos preferidos y más efectivos para comunicarnos entre nosotros. Si Tolstoi estuviese vivo, igual tendríamos que leernos “La guerra y la paz” para conocerlo. Quizás sólo así lo haríamos, de forma auténtica, traspasando las barreras del teatro natural que creamos en nuestro entorno. Por eso digo que creo haber empezado a conocer a Marlantes y hasta, por qué no, haberme hecho amigo de él.

La V de Venezuela, por otro lado, viene a cuento por otro libro, que igual nos sirve para conocer a su autor, José Antonio Rivas Leone, como para intentar abrirnos a la realidad de este país, sobre todo desde que a los militares se le metió en la cabeza que son los más autorizados para dirigir la economía y el manejo de conflictos típicos de una democracia del siglo XXI. En los bordes de la democracia: la militarización de la política venezolana, se llama su libro.

Rivas Leone explica y documenta con detalles la erosión de las organizaciones políticas y cómo el partido militar logró sustituirlos como agente distribuidor de beneficios materiales y simbólicos, claves para entender el desastre que nos ocupa. No hay heroísmo de por medio, tan sólo la administración de cuantiosos recursos e instituciones de manera populista, autoritaria y pretoriana.

Muchos otros rasgos podrían mencionarse, aunque uno prevalezca y sobresalga: inefectiva. Salvaje por haber dividido a los venezolanos y criminal por anteponer la compra desaforada de armamentos antes de solucionar los verdaderos problemas de una nación subdesarrollada.

Los libros están ahí, y sus autores también, para desmentir la falsa realidad, la propaganda ilimitada con que los uniformes imponen su apetito desmesurado.

 
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