La culpa siempre la tiene otro. Jamás la incapacidad, ineficiencia, improvisación…

Unai Amenábar

Unai Amenábar
unaiamenabar@hotmail.com

Si algo ha logrado manejar con verdadera maestría este gobierno es la capacidad de responsabilizar a todo el mundo de sus propios errores. Desde el principio, cuando aún cabía la posibilidad de culpar al gobierno anterior ya entendió que esa era una excelente manera de quitarse de encima los costos de su ineficiencia. Luego vino la época de culpar a toda la “Cuarta República” y sus partidos políticos. Más adelante le tocó el turno al “golpe de Estado del 2002 y al paro general de 2002-2003. Desde luego también tuvo su oportunidad la lista (casi interminable e intermitente) de intentos de magnicidio… desde luego sin presentar prueba en ninguno de los casos.


No podía faltar echarle la culpa al imperio (a cualquiera, pero preferiblemente al estadounidense, que es muy malo, menos para hacer negocios con él; y sí se puede darle una concesión para que explote petróleo de la Faja). Como el tiempo seguía pasando y se acababan las excusas, sacó al fenómeno “el Niño” para culparlo de todo. Problemas eléctricos, desabastecimiento de alimentos, inundaciones, vías en mal estado, falta de agua, proliferación de enfermedades ya superadas en el pasado, etc.

Pero como que no era suficiente. La falta de carne es culpa de los carniceros. La falta de alimentos es de los abasteros. La falta de dólares, de las casas de bolsa. Si falta gasolina en Táchira, la responsabilidad es de la oligarquía colombiana. Si se va la luz en un “Aló Presidente” hay que abrir una investigación a los técnicos. Si baja el precio del petróleo la culpa es de la crisis capitalista. Si sube es gracias a la habilidad del ministro Ramírez.

En definitiva, pase lo que pase, la culpa siempre la tiene otro. Jamás la incapacidad, ineficiencia o la improvisación de quienes manejan al país. El Gobierno sólo es responsable de lo que sale bien… o medianamente bien. Y si alguien le reclama directamente al Presidente el mal estado de los trabajadores, como el fin de semana en Guayana, sencillamente se acaba la cadena. Y punto.

 
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