La democracia es una mujer

Tulio Hernández

Tulio Hernández
hernandezmontenegro@cantv.net

Recuerdo muy bien el primer día en que vi a Michelle Bachelet en funciones de gobierno. Fue en un conocido centro de convenciones en Santiago. Lo conté en esta misma página. Acostumbrados como estamos al exhibicionismo presidencial venezolano, escribí que me impresionó grandemente la discreción con la que la Presidenta chilena entró a la sala sin llamar la atención y sin himno nacional; el respetuoso cariño con el que saludó en el presídium al ex presidente Aylwin, su contendor político; los considerados seis minutos precisos que utilizó para leer el discurso inaugural; la sencillez casi beatífica de su indumentaria, y, por último, la delicadeza ­como si temiera molestar­ con la que se retiró.

Ahora Bachelet anda por el mundo recogiendo lo sembrado. El pueblo chileno le agradeció su gestión expresando al terminar su gobierno 80%, ¡80%!, de aceptación.

Y en la semana que hoy termina, la ex Presidenta debe haber concluido una visita a España a donde viajó a recibir otro reconocimiento: el doctorado honoris causa conferido por la prestigiosa Universidad Pompeu Fabra.

Ahora brilla con luz propia.

Desde que pisó tierra española los medios no han dejado pasar un día de su visita sin reseñarla y celebrarla en extenso. Los diarios más importantes han publicado entrevistas a páginas enteras de las que emana una humanidad lúcida, transparente y generosa.

A la pregunta de un periodista sobre cómo consiguió terminar su gobierno con tan elevada aceptación, ha respondido con sencillez: “Porque me propuse ser la presidenta de todos los chilenos y no sólo de los que me habían votado… Se trata de no poner a tu partido ni, desde luego, tu propio interés electoral en el centro de la agenda política, sino gobernar para todo el país… porque un país es como una gran familia”.

(La Vanguardia, 19/05/10).

Cada vez entiendo más el valor femenino de su presencia pública. Mientras para ejercer alto poder político mujeres como la Thatcher optaron por un esquema de severidad casi masculina, y otras, como la Kirchner, por un no sé qué coquetón de chica fashion, es obvio que Bachelet no forcejea con su condición femenina. La ejerce con naturalidad de señora de su casa que no busca su reconocimiento en estereotipos ­”la dura” o “la fácil”­ signados por la mirada masculina. Por eso en los días del terremoto pudo sollozar ante las cámaras sin ocultarlo y sin que se le corriera el rimel, como hipotéticamente le hubiese ocurrido a Cristina, o se le arrugara la virilidad, como podría haberle pasado a la Margaret.

A mi juicio, seguramente porque soy de un país crucificado por el odio político, lo más conmovedor que ha dicho Bachelet por estos días tiene que ver con la dictadura militar que asesinó a su padre, torturó a su madre y la encarceló a ella misma. El periodista pregunta: “¿Odia a Pinochet? ¿Lo odió?”, y la ex presidenta responde con sinceridad: “Tuve mis momentos de rabia y rencor y, sí, odié… Claro”. Pero en seguida, con sabiduría mandeliana de estadista, agrega: “Pero después me quedó la pregunta de por qué nos odiaron a nosotros hasta torturarnos, asesinarnos, encarcelarnos o expulsarnos, ¿por qué una parte de la sociedad chilena llegó a intentar eliminar a la otra?…

Lo único que tenía sentido era mirar hacia adelante. Y para poder seguir juntos había que encontrar un punto en el que todos los chilenos estuviéramos de acuerdo. Y ese era: `No puede volver a ocurrir”.

Los chilenos parecieran haber aprendido la lección de los costos de la intolerancia. Pero entre nosotros, temo que no.

Como un escalofrío punzante me viene a la memoria la frase reciente del vicepresidente con pasado político violento. Que sólo se puede ser venezolano si se es bolivariano, dijo en obvia adulación a su jefe.

Entonces, los millones que no somos bolivarianos, ni pensamos convertirnos a esa fe, nos queda como un eco la pregunta: “¿Podrá una parte de la sociedad venezolana eliminar ­política, moral, económica o incluso físicamente, si es necesario­ a la otra?”. Y una respuesta a mano: en Chile, con 17 años de dictadura militar feroz y sangrienta, y sin Internet, eso no fue posible.

Pero fue doloroso. Y allí está Bachelet, la demócrata, para recordárnoslo retomando el lema de Ernesto Sábato y la Comisión de la Verdad argentina: Perdonar sí, olvidar no.

 
Tulio HernándezTulio Hernández

2 Comentarios

  1. Johnni Perez said:

    Sr. Hernandez sera que usted no es venezolano, disculpeme pero debo recordarle que el 11 de Abril aquel fatidico dia donde la otra mitad como dice ud. quiso eliminar a los que nos consideramos bolivarianos, o me va a decir que ud. no presencio como esa mitad mato gente inocente, esa mitad convoco a un paro petrolero llevando a la quiebra a muchas empresas, señor por favor no haga comparaciones vivimos en un pais super democratico, tanto que imaginese que muchos insultan y ofenden a nuestro presidente y sin embargo andan por ahi como si nada, en otro pais ya lo hubieran fusilado, no nos engañemos mas este es el mejor gobierno que ha existido en toda la democracia…….que viva chavez y la revolucion democratica, socialista y participativa que se vive en venezuela.

  2. Ricardo Rodrigues said:

    Sr. Perez,

    En que país hubiesen fusilado a quien habla mal de un Presidente?. Quizás en un País no democrático como Korea del Norte, Irán o CUBA. Chavez dijo que olía a AZUFRE en la ONU por que por allí había pasado Bush, que pasó? metieron preso a Chavez? no, no paso nada, que pasaria si un funcionario extranjero se burlara de Chavez en público, seguro hiría preso.

    Cual democracia? 12 años en el poder y una Asamblea Nacional servil a los intereses de un cogollo chavista, le parece conocido? igual que la 4ta República.

    Esa Revolución que usted defiende tiene a Venezuela peor que en la 4ta República, sin luz, agua contaminada, un Gobierno que pretende ser un Capitalismo de Estado, dueño y señor de todo, donde no se respeta al Ciudadano, que triste Revolución esta, esta misma que traiciona a Venezuela regalando nuestros recursos y entregándo nuestra Soberanía Nacional a los Castro, mientras los boliburgueses se llenan los bolsillos, ellos son los que deberían ir al paredón por traidores. Viva Venezuela, abajo los boliburgueses transnochados.

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