La suerte está echada

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello



Durante los primeros 10 años, los niveles de popularidad del Presidente estuvieron  por encima de los de su gestión de gobierno. Como un encantador de serpientes fue penetrando la mente de los venezolanos, sobre todo los más humildes; con un lenguaje sencillo, con enérgica elocuencia, vendió la historia de un niño pobre, que nació en un rancho con piso de tierra y estaba destinado a ser el paladín de los desposeídos, el verdugo de los oligarcas y la reencarnación del mismo padre de la patria.

Esta versión masculina de “María la del barrio” consiguió, durante más de una década, inmunizarlo de culpa. A todo lo negativo que pasó durante esos años se le buscó un responsable distinto: El imperio, la empresa privada, el paro petrolero, la oposición e incluso sus propios ,ministros, gobernadores y alcaldes.

Sin embargo, pareciera que de tanto estirar la liga, ésta rompió en diciembre del 2009. De allí en adelante, el problema eléctrico, la carencia e insalubridad del agua, el desabastecimiento y la “estanflación” económica que ha incrementado la pobreza y consigo la inseguridad, le han quitado la careta.

En estos cinco meses que llevamos del 2010, no sólo ha descendido de manera importante la valoración de la gestión presidencial sino que se ha incrementado exponencialmente el número de electores que responsabilizan al propio Chávez de los problemas que padecen. Si hasta hace poco Chávez no era responsable de nada, este año ha empezado a incrementarse la percepción de que es culpable de todo.

En las encuestas que maneja el Presidente y su grupo de asesores también se ve reflejado este fenómeno, prueba de esto es que asumió la posición de regañar a sus ministros y colaboradores públicamente, reclamándoles fallas, errores, retrasos en obras y programas, con la intención de transferirles el peso de la responsabilidad que la gente a él mismo le endilga a título personal.

Lo más grave para el oficialismo es que pareciera que puede revertir esta tendencia. Los problemas que han iniciado este proceso de deterioro gubernamental no se solucionarán en el corto plazo, por el contrario, algunos tienden a agudizarse, lo que aunado al indudable éxito de la oposición en la consecución de candidaturas unitarias en todo el país, anuncian la llegada de una Asamblea Nacional plural y democrática.

La suerte está echada, sólo falta el concurso y la voluntad de todos para cruzar el Rubicón.

 
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