Un modelo de finca sustentable y conservacionista

Hacienda La Carolina

Pedro E. Piñate B.
ppinate@gmail.com

Dice un proverbio chino: Si no has vivido en el campo no sabes lo que significa trabajo duro, describiendo bien a quienes hoy en Venezuela, desde la alta burocracia del Estado, ejecutan el atropello confiscador a los propietarios de fincas privadas. Décadas de trabajo duro, de inversión y sacrificios personales y familiares, se pierden en pocas horas bajo la bota confiscadora del Estado. Los entes y funcionarios confiscadores del MAT y el INTI, actúan robando y dejando robar todos los bienes que supuestamente pasan al Estado. El saqueo es total, pues no se hace inventario ni tasación previa; el despojo procede sin mediar juicio ni sentencia agraria firme, a punta de fusil.

En el caso de la confiscación de la hacienda La Carolina, ubicada en Nirgua, estado Yaracuy, el atropello agrario no lo ampara la Constitución por tratarse de una retaliación política contra su propietario Diego Arria. Como reconocido defensor de la democracia y la paz, a su muy distinguida carrera política y diplomática, sumó la pasión por el campo, combinando el conocimiento y la experiencia gerencial junto al trabajo duro lado a lado de sus colaboradores, logrando desarrollar exitosamente en solo dos décadas, la hacienda La Carolina hoy confiscada.

La Carolina es un modelo de finca sustentable y conservacionista. No solo por el uso óptimo y productividad de la tierra, sino por la diversificación, la integración vertical, la elaboración artesanal de productos y su mercadeo a puerta de finca en La Bodeguita. Esto además del agroturismo y la restauración histórica, de la vieja casa de hacienda, hoy referencia obligada de Architectural Digest. Así que si preguntaran como Platón a Glaucón ¿cuáles son los mejores labradores? Aquellos que entienden de agricultura. Diego Arria en La Carolina demostró que es uno de ellos.


 

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