El derrame del Golfo

Obama “inspeccionando” una de las playas afectadas por el derrame. Duramente criticado por su pasividad ante este desastre ambiental, al tal punto que es comparado con la actitud que mantuvo el ex presidente Bush ante la tragedia de Katrina.

Obama “inspeccionando” una de las playas afectadas por el derrame. Duramente criticado por su pasividad ante este desastre ambiental, al tal punto que es comparado con la actitud que mantuvo el ex presidente Bush ante la tragedia de Katrina.

Han sido más de seis semanas de derrame de petróleo constantes en las profundidades del Golfo de México. Como era de esperar, los pescadores hoy sacan peces muertos de la tumba acuática en que se ha convertido su hábitat. Las imágenes de pelícanos pardos, incapaces de volar debido a la cochambre que ahora tienen por plumaje, son desgarradoras. Estas son las pérdidas que flotan a la superficie. La aceitosa caldera de maldiciones ecológicas burbujea a una profundidad tal, que el negro panorama de desolación submarina se nos escabulle de la vista, de las manos, de la imaginación.

Durante 23 días, la empresa petrolera BP se negó a hacer público el vídeo submarino que mostraba el chorro de la fuente del pozo, una vez conectada a la plataforma Deepwater Horizon. Lo aplazó para confundir. Para que los científicos no pudiesen cuantificar la severidad del derrame y así hacernos creer que la ya inimaginable cifra de más de 5 mil barriles de gas metano y petróleo crudo expulsados a diario desde el lecho del Golfo comprendía el total del daño. En realidad, se estima que se han vertido más de 7 millones de barriles de crudo.

Tampoco nos aclararon los efectos secundarios que producirán los químicos dispersores, que la BP arrojó a este pozo de lamentos para diluir el petróleo. De lo que no cabe duda es que se trata de una cantidad exageradamente tóxica de ambos. Ingredientes que durante décadas afectarán y alterarán directamente la vida marina y, como consecuencia, la vida humana que depende de ella, a lo largo de todo el litoral de cuatro estados y que inclusive puede afectar hasta las costas de Cuba y el nordeste de EEUU.

Manifestantes se cubren con una mezcla de agua y pintura que se asemeja a petróleo durante una protesta pacífica en una estación de servicio BP en Nueva York.

No hay que ser un ambientalista – de los que se encadenan a los árboles para que los leñadores no los talen- para indignarse con esta catástrofe. No es necesario identificarse con los extremistas políticos para razonar que los gobiernos estatales, pero muy en particular el federal, reaccionaron tardíamente a la crisis. Que han perdido un tiempo vital apuntando dedos, acusándose mutuamente y exigiendo que la BP pague por los daños, cuando todos sabemos que miles de millones de dólares no repararán este desastre, si no visiten Puget Sound en Alaska y levanten una piedra para descubrir petróleo 20 años después del accidente del Exxon Valdez.

Lo que ha azotado a nuestros mares es el equivalente de un bombazo radioactivo. Es una contaminación que no tiene perdón.

Norteamericanos y británicos trabajan conjuntamente para paralizar la fuga de petróleo considerada ya como la peor en la historia de EE.UU

El mundo acusó al presidente George W. Bush de insensible, y hasta de racista, por no coordinar mejor la respuesta de rescate y recuperación tras el embate del huracán Katrina, que le costó la vida a más de 1,300 personas en Nueva Orleáns. La respuesta del presidente Barack Obama ante esta crisis ha sido igual de pésima. Once obreros murieron durante la explosión de la plataforma el 20 de abril. El presidente tardó 12 días en visitar la zona por primera vez y no fue hasta una conferencia de prensa el jueves que asumió responsabilidad por el mal manejo de la situación, insistiendo que el gobierno ha supervisado la labor de la BP desde un principio.

Su aseveración parece improbable. Obama no parecía estar al tanto del despido/renuncia de la jefa de la agencia federal para el Manejo de Servicios Minerales (MMS), cuando se le preguntó al respecto en esa alocución ante la prensa en la que formuló su mea culpa. Por otro lado, ni el Presidente ni el almirante Tad Allen, de los Guardacostas, parecían saber que la BP había interrumpido temporalmente el operativo de inyectar basura y cemento en el pozo, mientras ellos hablaban con los medios. Estas fallas no muestran ni control ni liderazgo.

El crudo que mana del pozo alcanza entre los 12.000 y los 19.000 barriles diarios.

Si el gobierno federal no asumió mayor protagonismo en esta crisis es porque ni tenía planes de contingencia, ni se considera experto. Este es otro insólito ejemplo de cómo el gobierno les entrega nuestros recursos naturales al mejor postor y luego, lejos de apretarle las tuercas con regulaciones que protejan al medio ambiente y al patrimonio nacional, le da rienda suelta para pisotearlos impúdicamente.

Katrina contribuyó en hundir al partido de W. Quienes votamos por Obama, hoy no lo distinguimos de Bush.


[i] Titulo original: La cruda realidad

 
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