El insaciable burgués

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com

“Al burgués insaciable y siempre cruel, no le des paz ni cuartel”


“Al burgués insaciable y siempre cruel, no le des paz ni cuartel”, así reza una estrofa del himno que identifica a la “joven guardia” comunista. Este fragmento bien pudiera ser entonado por trabajadores de múltiples empresas venezolanas en conflicto. Sin embargo, el papel de “burgués insaciable y siempre cruel” no lo desempeña el  empresariado, sino el Estado revolucionario venezolano.

Por ejemplo, los trabajadores de las empresas Polar se encuentran en pie de lucha; en guardia permanente para evitar el arrebato y la destrucción de sus puestos de trabajo por parte del “insaciable y siempre cruel” Estado revolucionario. Para estos venezolanos la amenaza no proviene de la gerencia de esta empresa. La intimidación y peligro lo representa la nomenclatura revolucionaria que intenta implementar el llamado socialismo del siglo XXI. Situación similar experimentan los trabajadores de la Siderúrgica del Orinoco. La situación de caos y pérdida de sus derechos laborales sólo puede ser atribuida a este Estado socialista “burgués”. Los gerentes revolucionarios  lograron el “milagro” de producir 80% menos toneladas de acero líquido que en el año 2007, con pérdidas de 1 mil 24 millones de dólares. Este Estado “insaciable y siempre cruel” intenta, igualmente, cercenar las conquistas laborales logradas por estos trabajadores.

Esta inversión de los términos tradicionales de la ecuación social es un signo emblemático del agotamiento de las formas habituales de percibir el mundo y de hacer política. El enfrentamiento entre burgueses y proletarios, ricos y pobres no explica la dinámica societaria que caracteriza la Venezuela actual. Por otra parte, el “electoralismo” no constituye una táctica suficiente para derrotar estas políticas. Se hace necesario anclar la lucha en ese mar de dificultades dentro del cual se encuentra sumida la población. El tren revolucionario no se detiene; no importa que se dirija hacia el abismo. Por esta razón, el país democrático no debe dar “paz ni cuartel” a los responsables de este caos. De lo contrario se corre el riesgo que el gobierno esterilice y neutralice a la oposición.

No pueden ser abandonados a su suerte los trabajadores de la Polar. Asumir esta contienda forma parte de la vía para construir una alternativa que sustituya a la presente. En fin, este conflicto pudiera constituir un punto de partida para el despliegue de un movimiento de autonomía social y política en el país. Avancemos, entonces,  entonando  la estrofa del himno: “ni paz ni cuartel”.

 
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