¿Hasta cuándo?

Alex Capriles M.

Áxel Capriles M.
acaprile@ucab.edu.ve

El silencio y la sumisión acompañan a los pobres, a las clases medias y a los ricos.

Una foto aérea de Caracas de 1998 muestra cerros y zonas verdes, separaciones y distancias entre los numerosos barrios pobres que abrazan la capital. Una misma foto del año 2010 revela una inmensa masa urbana totalmente unificada donde los ranchos han trepado los cerros, ocupado las áreas verdes y unido todos los espacios para convertirse en un gigantesco e indiferenciado cuerpo urbano. Es el acelerado crecimiento de la ciudad informal, al margen de la salubridad y los servicios mínimos que el Estado debería garantizar a sus ciudadanos.

En 1988, la rata de homicidios era de 9 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Hoy supera ampliamente los 70 homicidios por cada 100 mil habitantes, a pesar del ocultamiento sistemático de las cifras reales. En 1999, la Organización Mundial de la Salud llamó la atención a las autoridades venezolanas porque dos turistas habían adquirido dengue y malaria en el Amazonas. En el 2010, las enfermedades endémicas, que una generación de venezolanos sólo conocimos como curiosidades históricas, han vuelto formar parte de la vida cotidiana. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vamos a seguir aceptando, sin encolerizarnos, un discurso cínico que, con asombroso descaro, se autoproclama defensor de los pobres?

El silencio y la sumisión no sólo acompañan a los pobres sino, también, a las clases medias y a los ricos. La cifras oficiales señalan 593 fincas y hatos confiscados por el Estado, 76 operadoras petroleras en las costas del lago, 27 industrias de alimentos, centrales azucareros y empresas de todo tipo, pero no mencionan los millares de plantas y fincas productivas que ha sido tomadas de otra forma, a la macha, invadidas por grupos anárquicos, armados, aupados por el Gobierno; los edificios asaltados en las ciudades, los comercios cedidos por cansancio y miedo. Un despojo de tal magnitud llevado a cabo por el ente que supuestamente existía para protegernos: el Estado, debería haber producido la furia colectiva. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos, a los militares, a los obreros, ¿hasta cuándo?

 
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