Ahí viene el Mundial

Jhonny Castillo

Letras de fútbol
Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

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En algún libro leí  por ahí que los  juegos  eran  tan importantes para  los griegos que  medían la edad de los hombres ya  no por años sino por olimpiadas. De ser esto cierto, a nosotros  nos gustaría que se hiciera lo mismo con los mundiales de fútbol. ¿Cuántos mundiales tiene usted señor? Tengo nueve  mundiales, responderíamos orgullosos de haber vivido esta fiesta de pasión y colores que cada cuatro años nos alegra un poco la vida y nos permite imaginar que la existencia no es tan seria y tragicómica como en ocasiones nos parece. Que por mucho sufrimiento y desengaño, decepciones o derrotas, siempre llegará  el mes de junio cargado de goles y emociones  para ayudarnos a  llevar con menos apremios lo que llamaba el escritor  Milán  Kundera la insoportable levedad del ser.

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Para nosotros, y seguramente quizás para muchos,  el fútbol tiene una connotación y una trascendencia muy especial. Al igual que el escritor argelino Albert Camus, podemos decir que el fútbol nos enseñó lo poco que conocemos de la moral y las buenas costumbres. Indudablemente que la vida jamás hubiera sido ésta que reímos, sufrimos  y soñamos  de no haber tenido la suerte de sentir desde chamos el goce sublime y casi metafísico de correr detrás de una pelota de fútbol como si corriéramos detrás del mundo. Sólo quienes hemos disfrutado la experiencia de jugar por jugar, y de pasar tardes enteras pensando tan sólo en una pelota que va y que viene, que se eleva y cae, que tienes y no tienes, podemos entender la rara belleza de este deporte que noventa minutos nos hace tan libres y felices porque quizás, dándole la razón a Freud, es la única manera que nos queda de regresar  a la ingenuidad de la infancia.

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Los movimientos, la plasticidad y el ritmo hacen que el fútbol tenga una estética y una atracción especial que no alcanzan a irradiar  otros deportes. Pero, más allá que por la belleza  del gol, que es el clímax, la máxima excitación (comparado con un orgasmo), los potenciales fanáticos llegan a él atraídos por la aparente simplicidad del juego y por todo el ambiente  festivo, alegre y carnavalesco que se vive dentro, y, sobre todo, fuera  de la cancha. Nada es más parecido a una fiesta que una tribuna repleta de furibundos amantes del balompié. Allí están presentes las máscaras, los colores, la locura, la música, el jolgorio y  la pasión desenfrenada. Los sociólogos han dicho que ir a los partidos todos los domingos es una forma de hacer catarsis, una búsqueda casi religiosa de tranquilidad espiritual en un espacio reservado para  olvidar los problemas inherentes a la cotidianidad del mundo. Nosotros decimos más: que es una manera de pertenecer a algo, de identificarse con la soledad en medio de tanto vacío existencial. Ya Marcuse hablaba de la Soledad del Hombre.

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Qué bueno que llega el Mundial Sudáfrica 2010 con sus goles , papelillos y sus  pompas. A partir del 11 de junio la vida cambia para buena parte de los habitantes del planeta y se convierte en una metáfora de la ilusión, la paz y la felicidad. A un lado quedan algunas preocupaciones terrenales, por lo menos imaginablemente,  para darle paso a esta fiesta de los ojos y  lo lúdico que traslada a los fanáticos a una especie de Utopía o Ciudad de Dios al menos por instantes o  ráfagas de tiempo. Los estadios, bares y restaurantes transmutan en catedrales donde los fieles  asisten a venerar  a sus  pequeños dioses del gol, en el marco de un culto y una mitología que es exacerbada y banalizada por los medios de comunicación que convierten al fútbol en un gran espectáculo de masa, pero sobre todo en un gran negocio.

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Indudablemente que más allá de que el fútbol sea considerado por muchos el opio de los pueblos. Qué es un medio idóneo para la ideologización, la alienación, la banalización y la idiotización  de las masas, no nos queda duda que es sobre todo un juego, que forma parte de los mitos,  la cosmogonía y  la cultura de todas las civilizaciones. No en vano Huizinga hablaba del Homo Ludens y señalaba que el deporte no es  solamente cultura sino que esta se inició precisamente a partir del sentido lúdico de todas las actividades del hombre.

 
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