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Albersidades
Peter K. Albers
peterkalbers@yahoo.com

Recibo atenta correspondencia de un asiduo lector, quien me emplaza a tratar sobre dos o tres aspectos de un mismo tema: Los Salas. O, más concretamente, Salas Feo, el gobernador.

Lo primero es que me pregunta si me parece que el puente “Galicia”, que conecta el “Callejón Mañongo” con la Autopista del Este, es el Puente de Brooklyn, San Francisco o del Támesis. No conozco Nueva York ni San Francisco, tampoco Londres, así que no puedo opinar sobre parecidos, pero tampoco creo que era pretensión del gobierno regional construir un puente de tanta envergadura como los nombrados por quien me escribe, aunque no dejo de preguntarme si habrá algún puente construido en nuestra ciudad por el gobierno nacional o municipal, a los que tan afecto es mi amigo, que aun siendo más modesto, cumpla igualmente alguna función, o si existirá algo otro de utilidad construido por el gobierno nacional en nuestro estado. En fin, que no será el Puente de Brooklyn ni el “Golden Gate”, ni mucho menos alguno de los tantos puentes que cruzan el Támesis, pero al menos está ahí, construido “con las uñas”, por el gobierno de Carabobo.

Lo de “con las uñas” me lleva al segundo tema, y es que mi amigo me pide le explique por qué “el señor Salas Feo lleva años sacando propaganda a diario (Ö) acerca de que Carabobo es New York, London, París, Moscú” (y al citar a cada una de esas ciudades las acompaña de signos de admiración) y me pregunta de dónde saca “esa cantidad de millones”. Debo confesar que, atiborrado como lo está uno por la propaganda del gobierno nacional y las cadenas del señor Chávez, que tienen ya harto al venezolano, me he vuelto reacio a prestar atención a cualquier tipo de propaganda oficial, venga de donde venga, así que estoy un poco desinformado de la que hace el gobernador de Carabobo. Pero no creo que llegue a tanto. Y, por supuesto, no sé de dónde saca el dinero, seguro como estoy, de que no proviene del situado ni de ninguno de los otros fondos que el gobierno nacional, por ley, está obligado a repartir entre los distintos estados de la república, y no lo hace. Pero los venezolanos sí sabemos de dónde proviene el dinero que el señor Chávez se gasta en cadenas, vallas publicitarias, viajes y regalos a “sus amigos y amigas” de otros países, llevar gente a las manifestaciones en su favor, comprar armas, etc.: del pueblo.

Y, hablando de dinero y de los Salas, afirma quien me escribe sobre “sus negocios de Puerto Cabello, que por cierto hay dos diputadas de ‘Proyecto Venezuela’ que están metidas en los negocios aduaneros y se han hecho millonarias a costa de marramucias hechas con el dinero del pueblo”. Creo que mi amigo comienza a ser un poco cínico en este último punto, pues no entiendo cómo puede alguien hacer “negocios y marramucias” en un medio que no controla. El puerto está ahora en manos de una cosa con un jocoso nombre: “Bolipuertos”. Y allí, ni entran otras manos que las chavistas, ni sale a tiempo la mercancía. Que se pudre, como los alimentos que costaron muchísimo dinero, y cuya fuente también conocemos: otra vez, el pueblo defraudado. Pérdida que obedece, entre otras cosas, a la falta de capacidad para administrar un puerto que está muy lejos de ser, para seguir comparando, como le gusta a mi amigo, tan complejo como los de Nueva York, Rotterdam o Hamburgo, por ejemplo.

“Patria, o socialismo y muerte”

 
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