Entre tortas y containers

Yván Serra Díaz

Periscopio
Yván Serra Díaz*
yvanserra@gmail.com

Esta semana estuve un poco alejado de la política. Una pequeña investigación en una empresa de alimentos desvió mi atención, así que en lugar de fisgonear en la prensa e Internet, me dediqué, armado con reloj y termómetro, a medir las temperaturas que alcanzan unas tortas cuando quedan a la intemperie. El tema era respetar lo que los ingenieros de alimentos llaman la cadena de frío, que es garantía de que los alimentos lleguen en las mejores condiciones sanitarias a los consumidores.

Hay varias razones por el celo de esta empresa por mantener la cadena de frío, entre ellas podemos nombrar la razón muy humana del orgullo que sienten estos empresarios por sus productos, por lo que no pueden permitirse que su sabor, aroma y presentación lleguen deteriorados al comensal. Pero por otra parte, porque alimentos dañados tienen una repercusión económica nociva sobre el negocio.

Si los problemas de calidad del producto llegan a ser notorios, la marca se afecta y la empresa pudiera hasta quebrar, dejando sin ingresos a sus socios y a trabajadores. De tal manera que si alguna preocupación tienen los gerentes y directivos de la empresa es que las tortas se mantengan frías y para ello hacen importantes inversiones en cavas, camiones con thermo king y procesos eficientes e higiénicos que minimicen su exposición al calor. Puedo dar fe, que están tratando de crear una cultura en la organización para que todos se involucren en mantener la decisiva cadena de frío.

Si la razón de ser de una empresa es la generación de utilidades, deben cuidar la marca para que ésta se mantenga a lo largo del tiempo. Pérdidas en el bolsillo de los empresarios son el primer indicador cuando las cosas no marchan bien. Los clientes son los primeros que alertan, con reclamos, o abandonado la marca a la hora de comprar el producto.

Se le podrán criticar muchas cosas al capitalismo, pero un empresario jamás abandonará o dejará pudrir alimentos. Sólo en la revolución socialista es posible conseguir miles de toneladas de alimentos descompuestos en containers abandonados. La ética socialista se impone y el hombre nuevo comienza a tener rostro.

Es que hay diferencias notables entre un empresario dedicado a su negocio y un burócrata de la revolución socialista.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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