La guerra del dólar

Argelia Rios

Argelia Ríos
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@argeliarios

A leguas se percibe la disputa… El permuta tiene más dolientes que el problema democrático.

El corri-corre es intenso. Sólo ahora caen en cuenta: el “mar de la felicidad” no era un cuento de caminos. El comandante lo había anunciado, pero prefirieron pensar que se trataba de una simple parábola. Preocuparse era cosa de “disociados”. Los que le dieron algún crédito, pensaron que las realidades inhibirían al Presidente. Pragmáticos, callaron y se concentraron en aprovechar la oportunidad de hacer dinero. Desestimaron la palabra del líder y la interpretaron como parte de las peculiaridades de “su estilo”. Mientras acumulaban riquezas, acariciaban sin embargo la idea de que otros -el país de los pendejos- se encargarían de detener el tren revolucionario. Confiaban en que los recovecos de la política conducirían a algún giro inusitado; a un imponderable que garantizara la salvación.

Pero hoy los temores se trasladaron hacia las entrañas de la boliburguesía y de otros variados sectores del sombrío campo bolivariano. El modelo cubano ha adquirido una velocidad vertiginosa y ha producido la convicción de que urge involucrarse para impedir su avanzada. La “expropiación del dólar”, como la llaman, y la imposibilidad de mantener la fiesta y de expatriar sus capitales, generaron la reacción. El forcejeo está en pleno desarrollo. Las escenas tienen lugar en las covachuelas del poder político y económico de la revolución, donde Giordani -siendo apenas un operador del jefe máximo- se ha convertido en el blanco de un combate en el cual Chávez es el auténtico e inevitable enemigo.

La boliburguesía no está del todo incomunicada del mundo verdeoliva. Es difícil pensar que el factor militar se encuentre exento de esta pugna. Los cuarteles, como siempre, hablan en susurros: la certeza de que Chávez se encamina hacia una peligrosa ruptura -y de que la disciplina y la aquiescencia no garantizan salvación- estimulan agitaciones. Quiéranlo o no, parece imposible que los militares logren mantenerse al margen de esta encrucijada: las mujeres de los oficiales les presionan. Ellas también temen, porque algún día sus maridos pasarán a retiro y se convertirán en ciudadanos sin ningún tipo de privilegios.

Además del problema de su gestión -que es un fiasco-, Chávez brega con estos combates. Él sabe que la precariedad de sus adversarios ha activado a quienes, desde la revolución, le habían apostado al éxito de la oposición. Dudosos de que la resistencia democrática pueda conquistar la victoria, ahora son ellos los que deben resistir para impedir la ruptura que el comandante produce a cuenta gotas. A leguas se percibe la disputa, que trasciende de Giordani y Merentes. El permuta tiene más dolientes que el problema democrático. Y lucen dispuestos a fajarse. Esta es la guerra del dólar: la que puede desencadenar tormentas inimaginables.

 
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