La lista que agoniza

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial
Luis Cisneros Cróquer.
nirguayork48@hotmail.com

Esa lista que dejó sin trabajo a millones de venezolanos, que metió al hambre por debajo de las puertas y que lanzó al trabajo informal a profesionales capacitados, impidiendo acceso a fuentes en el gobierno, está postrada, esperando el momento de entregar cuentas a Dios.

Eufrasia, una amiga de la infancia, se me acercó el otro día para pedirme ayuda porque a su marido se le abrió un hueco a la hamaca de tanto aposentarse en ella. Agotado de buscar trabajo, aun teniendo conocimientos técnicos, se le ocurrió una desgracia de la que diariamente se lamenta. “Resulta que estando en el patio de bolas, un compadre suyo, de los que suelen llamar de la Vieja Guardia del partido y que del pueblo, lo convenció para firmar una Lista que cargaba embolsillada, y como ya se había echado unos cuantos “buches”, no se dio cuenta de que la firma era para sacar al Presidente de la República de su puesto. Entonces -me dice Eufrasia- el pendejo de mi marido firmó y siguió arrimando la bola para el mingo y no sabía que había firmado su condena de hambre”.

Y de lo mismo se trata el caso del doctor Anzuelo Peñuela, que llegó hace tiempo de Maracaibo creyendo que lo emplearían en la Petroquímica, ya que de eso conocía por su experiencia en El Tablazo. Lo dejaron con la carabina al hombro cuando presentó su cédula y utilizaron el número para examinarlo. No hubo ninguna duda, había firmado y aparecía en la Lista. Así que desde entonces ha tenido que pedirle a su mamá que le mande huevos chimbos para venderlos en la redoma de Morón.

En total, como dice el llanero, que no se gana para sustos con la existencia de la fulana Lista, y lo único que abre el camino a la esperanza es que la tal espada de Damocles que pende sobre el cuello de millones de venezolanos que necesitan trabajo, finalmente agonice y se termine esta pesadilla de hambre, sobresaltos y humillaciones.

Pero dígame usted eso, me dice al oído la Nena Núñez, se va a morir la Lista cuando ya no hay tiempo para nada, todo se lo han comido o se lo han robado… lo que quedan son papeles y suspiros, que ni alcanzan para seguir trayendo alimentos del extranjero ni para hacer negocios, dejándolos que se pudran en los muelles.

La Lista instauró un sistema de no lavar ni prestar la batea y por consiguiente la ruina nos acosa por todos lados. Pero a la Lista hay que perdonarla porque en verdad no es ella la culpable. Culpables son los que aprovechándose de ella han negado el pan y el agua a sus hermanos.

 
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