La lógica de la violencia

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Una vez más la lógica de la violencia se impone en detrimento del “reto de la paz”.  Una vez más  queda demostrada la lógica de la complementariedad que de hecho anima a los enemigos irreductibles.  Salvo que esa misma lógica llevó a Israel a desempeñar el papel que su enemigo deseaba que hiciera:  El de agresor al atacar en aguas internacionales a una flotilla – “Flotilla de la libertad”- integrada por seis embarcaciones destinada a transportar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, zona sometida a un estricto bloqueo por parte de Israel al cual se sumó también Egipto, hecho que la mayoría de los analistas olvidan mencionar.

Grupo Hamas

Ese bloqueo fue decretado tras la toma bajo su control en junio 2007 de ese territorio por Hamás, organización cuya meta es la guerra a muerte contra Israel, y que se opone a toda gestión tendiente a una negociación de paz, de allí que también esté en guerra contra la Autoridad Palestina, que al contrario, aboga por negociar con Israel.

A esta altura de los acontecimientos, ya no se trata de sumarse a las manifestaciones de repudio a Israel, o al contrario, aceptar dócilmente las explicaciones de Israel de justificar el asalto y el saldo de 9 personas muertas, aduciendo que miembros de la flotilla atacaron a las tropas de asalto con armas blancas, barras y hachas: argumento poco serio cuando se trata de uno de los ejércitos mejor entrenados del planeta, cuyo profesionalismo les permitía detener la flotilla sin necesidad de llegar a ese extremo.

Convendría más bien tratar de comprender el trasfondo complejo que condujo al desenlace trágico.

La guerra mediática

La ONG que organizó la flotilla, independientemente de que muchos de sus integrantes fueran militantes humanitarios que actuaban de buena fe, es parte de la IHH, (“Insami Yardim Vafki o Fundación de Asistencia Humanitaria), una organización islamista turca cuyos lazos con el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islámico-conservador) en el poder, son muy sólidos, además de ser cercana a la organización extremista Hamás, que controla la Franja de Gaza, y de Al Qaida.  En 1997, las autoridades turcas incautaron en su sede armas y material subversivo que demostraba que miembros de esa organización participaban como combatientes en Bosnia y en Chechenia.  Según el diario francés Le Figaro (2 de junio) el juez francés Brugière, encargado en una época de los dossiers de terrorismo, consideraba esa organización como una fachada para el envío de combatientes a entrenarse en Afganistán.  Israel, por supuesto, tenía todos los motivos para impedir que la flotilla se dirigiera directamente a Gaza.  De allí que el gobierno israelí les propusiera desembarcar el material con la carga en el puerto israelita de Ashdod, y así cerciorarse de que no llevaba armas y luego, encargarse de llevarlo hasta Gaza.

La IHH, por supuesto rechazó el ofrecimiento, puesto que el otro objetivo de la operación no era de carácter humanitario, sino eminentemente mediático y político, era un reto a Israel.  La operación llevaba por nombre “Liberar a Gaza” y el objetivo era forzar a Israel a levantar el bloqueo.  En la noche del 30 al 31 de mayo era una batalla de imágenes: una guerra mediática en la que evidentemente Israel la llevaba perdida.  Parece que el ejército israelí no ha redimensionado su doctrina militar a la luz de los nuevos ardides de la guerra asimétrica practicada por los grupos extremistas.

Consecuencia para Israel

El gobierno de Netanyahu no sale indemne de la crisis desencadenada por el incidente de la flotilla.  La mayoría de los medios de Israel critican la falta de preparación de la operación, y la actuación amateur de un ejército reconocido por su profesionalismo.  El analista del gran cotidiano Yedioth Ahronot, Nahum Barnea, se pregunta “si los integrantes de la flotilla no eran defensores de los derechos humanos sino brutos animados por el odio a Israel, “como lo afirma el Estado hebreo, y “si supones que esto sea verdad, entonces por que Israel les dio exactamente lo que estos buscaban?” Otros medios exigen la dimisión del ministro de la defensa, Ehud Barak.  Según rumores, el comando destinado para tomar de asalto la flotilla fue sub evaluado porque los integrantes de la flotilla eran más que numerosos.  Seguramente, presas de pánico, los soldados dispararon sin mucho discernimiento.

Se le reprocha a Israel el bloqueo de Gaza, cuando Egipto, país más cercano desde todo punto de vista a La Palestina, se sumó también al mismo, aunque tras el incidente de la flotilla – y ante la presión de la opinión pública y el rechazo tajante de todos los países musulmanes al ataque israelí- no le quedara otra alternativa que abrir el paso a Gaza, permitir la ayuda humanitaria y, de hecho, apoyar la postura contra el embargo.

El bloqueo Egipcio

El caso de Egipto no es igual al israelí.  Por parte de Israel, el bloqueo consiste en el control del tipo de material que entra en la Franja de Gaza.  Egipto, por su lado, construyó una frontera metálica subterránea para obstaculizar el contrabando a través de los túneles que los habitantes de Gaza han construido para transportar víveres, pero también armas, al mismo tiempo que Egipto aboga por los palestinos ante Israel.  De hecho, la actitud egipcia tiene que ver más con el temor al contagio islamista de Hamás, toda vez que la oposición más virulenta egipcia es la de los “Hermanos musulmanes”: islamistas radicales.  Además de su dependencia de la ayuda de Estado Unidos que le provee a Egipto y que es de 2.000 millones de dólares anuales.

Balance del incidente

Para Israel, el incidente de la flotilla pone en entredicho sus relaciones con Turquía, hasta ahora su aliado estratégico en el Oriente Próximo.  El deterioro de las relaciones ya había comenzado, suscitado por el propio gobierno turco que ha decidido redimensionar sus alianzas y ha operado un acercamiento con sus vecinos árabes y musulmanes, en particular con Siria e Irán, enemigos tradicionales de Israel.

La clave del asalto de la flotilla radica en la amenaza real que para Israel representa Irán, apoyado por Brasil en el mundo occidental, y por el otro, por Turquía, el país de mayor pujanza entre los gobiernos de obediencia musulmana.

Así como se habla del complejo de Numancia de los hermanos Castro en el Caribe, se comienza a hablar del complejo de Sansón de Israel.

Sería deseable que Israel, la única democracia de la región, recordara el consejo que el General de Gaulle les dirigiera en 1967: de “no atacar ellos primero a los árabes” y tener presente “que el problema palestino, que por ahora no es más que un problema de refugiados, se convertirá en una gran causa nacional.”

Pese a la mundialización, el sentimiento nacional sigue siendo el principal motor de las pasiones.


Dos párrafos relativos a la inserción de Brasil han sido omitidos por razones de espacio.

 
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