Ni lo uno ni lo otro

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

Los extremos son peligrosos y en política aún más, sobre todo cuando se actúa en un escenario cargado de conflictividad, resquemores, odios y heridas abiertas, en una batalla por el poder, como es el caso de nuestro país, donde en los últimos años quienes lo tuvieron durante décadas se resisten a perderlo y los que los desplazaron no han terminado de asumirlo plenamente.

La realidad nos muestra dos extremos enfrascados en una batalla sin fin, altamente preocupante pues cada día se vuelve más violenta y sin asomos de que pudieran allanarse esas diferencias en un futuro próximo. Lo más resaltante de esta situación es que tanto la posición de los opositores como la del oficialismo sólo es compartida por un sector de la población que claramente -lo demuestran varios estudios de opinión- no son mayoría en el país, así que toda la carga de insultos y dimes y diretes que se lanzan de bando y bando le es ajena de un grueso sector de los habitantes de esta nación.

Esos venezolanos y venezolanas rechazan por igual el fanatismo irracional de opositores y oficialistas, cuestionan la falta de seriedad, de coherencia y la carencia de un proyecto de país creíble por parte de la oposición, pero también el autoritarismo, el culto a la personalidad, la resistencia a corregir fallas y errores y a darle cabida a todas las corrientes políticas que coinciden en la necesidad de avanzar hacia un socialismo democrático, para lo que es indispensable contar con una dirección colectiva y plural.

A esas miles de personas que tradicionalmente han sido etiquetadas como “ni- ni” sí les importa lo que ocurre en Venezuela, pero están hastiadas de las historias que se repiten constantemente, de promesas y proyectos que a la vuelta de pocos años se desvanecen; a ellas hay que devolverles la esperanza de un futuro mejor, de un país que se transformará con el trabajo y la perseverancia de los mejores hombres y mujeres en todas las áreas de la sociedad, sin exclusiones, apartando diferencias ideológicas, religiosas, culturales, etc.

El escenario electoral que se avecina es propicio para impulsar el esfuerzo que apunta a la unión de ese amplio sector que quiere participar en la construcción de la Venezuela socialista democrática, dejando de lado los fanatismos extremos que conducen a la violencia, a la intolerancia, a la intransigencia y a la pérdida del respeto que nos debemos unos a otros.

Ni lo uno, ni lo otro. Ni la mentira opositora, ni el falso espejismo oficialista. La realidad del país impone una postura clara, firme, que enfrente el chantaje y la manipulación, que deje al descubierto esa falsa polarización que tratan de imponernos los extremos, que imponga la racionalidad y que permita abrir canales de comunicación efectivos para avanzar todos por igual hacia el país que necesitamos.

 
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