Noruega, ¿final de una era?

Luis E. Giusti L.
lgiusti@csis.org

Noruega es uno de los productores más importantes de petróleo y gas natural del mundo. Produce 2,5 millones de barriles por día de petróleo (3% del total global) y su producción de gas natural es de 3 billones métricos por año (3,2% del total global). Con una población de apenas 4,7 millones de personas, la mayor parte del petróleo y el gas natural van a los mercados de exportación. Pero mientras su producción de gas ha estado en crecimiento y presenta buenas perspectivas, la producción petrolera ha venido declinando sostenidamente. Cálculos de varios expertos indican que al ritmo actual las reservas petroleras se agotarán en 8-12 años. Ante esa realidad, en años recientes se han redoblado los esfuerzos en exploración y producción.

El año pasado la inversión en perforación costa afuera alcanzó la cifra récord de 17.000 millones de euros, y se otorgó un número récord de licencias a empresas internacionales. Sin embargo, la producción petrolera sigue cayendo. Vale la pena recordar que en el año 2001 fue de 3,3 millones de B/D. La Dirección Noruega de Petróleo ha pronosticado que la producción caerá a 1,8 millones de B/D en 2011 y a 1,6 millones de B/D en 2013, precisamente el año que la Administración de Información de Energía de Estados Unidos anticipa que la demanda global creciente superará la oferta. Uno de los problemas más serios que enfrenta Noruega se refiere a los costos prohibitivos de muchos yacimientos pequeños que no son económicos y obligan a dejar mucho petróleo sin extraer.

Los políticos noruegos y la clase dirigente en general, anticipan casi con terror el espectro de la desaparición del petróleo, terror bien fundamentado cuando se considera que en ese país se distribuyen entre 5 millones de personas beneficios del petroestado, equivalentes a los que Rusia debe distribuir entre 150 millones de personas.

Sin embargo, los noruegos no se han cruzado de brazos.

Replanteamiento estratégico

Para compensar el impacto de la caída petrolera, la industria ha promovido una masiva movilización hacia el gas natural.

En tal sentido, están creando los incentivos necesarios para atraer a las empresas internacionales a su búsqueda y desarrollo, con el propósito de aumentar sus exportaciones a Europa. Tal vez lo más significativo en esa dirección, es el haber propiciado y logrado un acuerdo con Rusia en cuanto a la distribución de la propiedad de las grandes reservas de gas que subyacen en el mar de Barents, situación que estuvo trancada por más de 30 años.

Al dividirse el área en cuestión, Noruega puede enfocar sus esfuerzos prioritariamente hacia la exploración y el desarrollo de hidrocarburos en una cuenca virgen, donde aunque se anticipa primordialmente gas natural, también hay posibilidades importantes en petróleo.

La tarea no será fácil. En primer lugar la determinación de los detalles de la distribución de los hidrocarburos será complicada, y a juzgar por otros acuerdos ruso-noruegos en la región Ártica, podrían transcurrir 4-5 años para que la cooperación rinda frutos. A ello se suman las complejidades tecnológicas y los retos operacionales de las actividades costa afuera en un ambiente hostil, lo cual lleva a pensar que no estamos ante una bonanza masiva de gas natural y petróleo. En particular, a los precios actuales del gas natural, los cuales se han distanciado marcadamente de los del petróleo (24 $/barril), esos desarrollos serían inviables. Sin duda, ha terminado para Noruega la era del petróleo fácil. Pero el acuerdo con Rusia ha reactivado el optimismo y el entusiasmo en Noruega y está llevando al compromiso de llevar adelante la nueva etapa. Adicionalmente, Noruega cuenta con un fondo de estabilización macroeconómica que ya acumula más de 600.000 millones de dólares. Esa previsión permitirá al país abordar los nuevos retos con confianza y holgura.

 
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