Cisne negro

Robert Green

ANDONI ZUBIZARRETA –

Dice Nassim Nicholas Taleb en su libro El cisne negro que un cisne negro es un suceso improbable, cuyas consecuencias son importantes y que todas las explicaciones que se pueden ofrecer a posteriori no tienen en cuenta el azar y solo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto. Dice Taleb muchas otras cosas en su libro, pero lo dejo a los interesados en estos asuntos. Yo me quedo con esta descripción para ponerla al servicio de Robert Green por si le sirve para atemperar el alud de críticas que le llegan en sus tiempos de oscuridad. Me parece que el autor describe a la perfección esas cosas que nos pasan a los porteros, de vez en cuando, y que nos hacen recorrer esos dos metros escasos que hay entre la línea de meta y el fondo de la red con la sensación de haber fallado a nuestros compañeros y, por extensión, a todos lo que siguen a nuestro equipo.

Y ya se sabe que cuando un portero falla allí acude la brigada de limpieza del alma de los porteros, lobby de opinión para el que trabajo y que me ha pedido escriba estas líneas con el fin de limpiar el honor del número 12 de Inglaterra y, con él, los de todos aquellos que estos días han sentido la sensación de haber fallado a todos sus seguidores.

Me encaja muy bien el concepto de que intentamos explicar lo sucedido en un modelo perfecto que es aquel que dice que todo balón sencillo ha de ser detenido sin prestar atención a que, a veces, el disparo más simple se acaba complicando por un pequeño bote, por un mal gesto al colocarte en la recogida de la bola o porque justo en ese momento se cruza en tu mente que es el cumpleaños de tu hijo y todavía no le has llamado para felicitarle y una décima de segundo más tarde te has convertido en el ser más odiado de tu país (o el más amado en casa de tu rival, que la vida siempre tiene, al menos, dos direcciones).

Dice el portero inglés que uno no se entrena para hacer grandes paradas, sino que te pasas la vida entrenándote para ser fuerte y recuperarte de los errores. Estoy bastante de acuerdo con la conclusión. Solo la matizaría diciendo que te pasas la vida soñando con las grandes paradas y entrenándote para los malos momentos, aunque seguro que gran parte de lo que ha llevado a Green a ocupar esa portería que parece maldita está basado en el entrenamiento y en la mejora continua. Pero es cierto también que el portero inglés consiguió cerrar el tiempo de su error en el mismo momento de cometerlo y se permitió salvar el resultado con una parada que nadie recordará en el futuro, pero que permitió a su equipo sumar un punto con el que comenzar el camino de este Mundial.

Unas horas antes, en el Argentina-Nigeria (¿por qué tendrá que salir siempre Nigeria al nombrar un error de un portero?), Leo Messi daba un recital de juego mostrándose como la bandera a la que los argentinos están enganchados para ganar este Mundial. Solo le faltó un pequeño detalle: que no convirtió en gol ninguna de las oportunidades de las que dispuso. Dijimos de él que no estuvo afortunado en la finalización. Y hasta el portero de Nigeria, Enyeama, decía que su premio al mejor del partido era por haber tenido enfrente a un rival tan espléndido como Messi. Claro que si fuéramos tan miserables de medir a Messi solo por su productividad ante la meta no saldría muy bien parado.

Eso es lo que nos pasa a los que vivimos bajo los palos, que se nos mide por una sola secuencia de la película, esa en la que escandalosamente nos vamos del guión y quedamos en ridículo. Esa que nos acompañará mientras sigamos en esto del fútbol. Ya sabes, Robert, que muchos piensan que lo grande es marcar. Nosotros, los porteros, hacer que los que marquen sean grandes.

 
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