Derrotar complejos

Oswaldo Álvarez Paz

Oswaldo Álvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com

Hay dirigentes de la llamada oposición prisioneros de viejas concepciones ideológicas o de un pasado que miran con nostalgia, aun cuando entiendan que no tienen cabida en el presente. Hacen demasiadas concesiones retóricas en nombre de eso que llaman “ser de izquierda”, calificación muy difusa en el mundo de hoy y fuera de cualquier posibilidad de éxito en un país como Venezuela. Con preocupación notamos timidez y muchos complejos a la hora de criticar la retórica oficial o de enfrentar los disparates de una cúpula gubernamental ineficiente, muy corrompida e ideologizada que utiliza como coartada lo del socialismo del siglo XXI, que no es sino el comunismo a la cubana que Chávez pretende imponer a sangre y fuego.

Las últimas actuaciones del Gobierno en materia económica y social permiten deslindar campos entre el fraude continuado del Estado-gobierno y la nación harta, fatigada e indignada. La destrucción del aparato productivo es irreparable mientras el régimen actual se mantenga.

Los daños están a la vista.

Lo de Polar es emblemático y el escandaloso expediente de los contenedores abandonados y los alimentos tan podridos como el Gobierno, una dramática consecuencia que se extiende a todos los sectores de la vida nacional.

Nada funciona en Venezuela.

Todo avanza hacia peor. La política oficial de miedo y terror, de violencia física e institucional, tuvo algún efecto paralizador hasta ahora. Pero la rabia y la indignación ya son superiores al miedo por lo que la escalada de represión está aumentando. Hay que luchar a campo abierto en nombre de la verdad, de principios y valores que se desmoronan. El llamado es a combatir sin concesiones.

Es tiempo de que los demócratas, especialmente los candidatos a la Asamblea Nacional, levantemos una gran causa en defensa de la Libertad. Temas como la propiedad privada, la libertad de trabajo y de empresa, la economía de mercado, la libertad de asociación de quienes representan intereses políticos, económicos o sociales, ofrecen material suficiente para construir una verdadera unidad alrededor del ejercicio responsable de la libertad.

Lo malo del presente puede ser revertido. La mejor política social es una economía que funcione. Libre, sin controles ni interferencias gubernamentales. Regida por las normas sabias y estables que se correspondan con las técnicas de una verdadera ciencia, dictadas por el Estado y de obligatorio cumplimiento para todos, especialmente para el Gobierno. No estamos descubriendo la pólvora, pero no hay tiempo que perder.

 
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