Goles

Jonathan Humpierres (*Juan Diego)

Juan Diego y sus reflexiones

Jonathan Humpierres
juandiegocd@yahoo.com
humpierres@cantv.net

Se inicia la fiesta universal de la Copa del Mundo, un extraordinario acontecimiento deportivo, un evento de relevancia histórica que mediante el deporte rey, logra superar cualquier frontera y dictar lecciones de verdadera conducta humana.

Es reconfortante para el espíritu y la razón saber que aún existen acciones que logran evaporar diferencias absurdas que demarcan y distancian a los pueblos.

Esta gran emoción que nos envuelve es completamente válida, porque aunque nuestra Vinotinto no está jugando, muchos venezolanos son descendientes de emigrantes y se sienten identificados con varios de los países participantes. A este ingrediente hay que sumarle nuestro espíritu fanático y festivo que no desaprovecha la mínima posibilidad para hacer de cualquier acontecimiento un pretexto para escapar compulsivamente de la realidad. Es aquí donde quiero detenerme, a ver si logro comprender cómo frente a un país que agoniza y se desmorona en nuestras narices aún podemos tomar la actitud del atajo evasor e irresponsable de no asumir  la conducción de nuestro propio destino.

Este mes será sinónimo de parada obligatoria, veremos jornadas laborales con horarios flexibles dependiendo del interés que despierte cada partido, veremos los restaurantes abarrotados desde el mediodía hasta la noche; por supuesto no faltarán los buenos 18 años o las “frías” que son indispensables para ver el juego y las comilonas al mejor estilo de juerga romana. Quiero destacar que no sufro complejo ni alergia ante las costumbres de la “buena vida”, soy  creyente del capital como recurso legítimo y sobre todo respetuoso a lo que cada quien quiera hacer con él.

Mi inquietud se desborda frente al contraste espeluznante de un país en agonía, hambriento, desasistido y próximo a una explosión social inevitable. Una población con una pobreza crítica amplia, llena del mayor envenenamiento psicológico y de un resentimiento social que se nutre por el discurso comunista de un líder cuyo complejo se refleja en cada pronunciamiento; son algunas consideraciones que debemos tomar en cuenta cuando asumamos conductas que van de espaldas al contexto del país que tenemos.

No quiero que se entiendan estas líneas como preceptos moralistas, ni mucho menos como consejos aleccionadores, es sólo un llamado de atención frente a nuestra circunstancia. Esta Venezuela que en algún momento sugería síntomas sauditas, de abundancia extrema, no existe; esa fantasía que nos trajo a la desgracia actual, tiene que terminar de una vez. Este país está en profunda quiebra, tanto económica como moral.

Esos miles de contenedores llenos de alimentos putrefactos y malolientes, son apenas una pequeña biopsia que refleja a plenitud el grado de descomposición en el que estamos inmersos.

No demos la espalda una vez más, este gobierno sigue avanzando sin detenerse, es frontal en su propósito, que no es otro que instaurar el más anacrónico y fracasado comunismo.

Festejemos el mundial pero en pie de lucha, no hay tiempo de espera, estamos bajo el acecho de un árbitro parcializado que seguirá cantando a viva voz penaltis en contra de la dignidad, no podemos seguir permitiendo que nos sigan metiendo goles.

 
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