LA CORDURA DE LOS LOCOS

Carlos Blanco

En estos tiempos de fronda hay que recordar que los enfermos de poder son siempre así: cuando oyen la palabra cultura, sacan la pistola.

Está ofuscado. Sus enemigos sospechan que está trastornado en forma severa; sus amigos también. Sin embargo, como los “Julio César” de los nosocomios, tiene una conducta coherente: actúa siempre como un loco que se cree Julio César, pero no Beethoven ni Churchill.

Además, sus adversarios creen estar obligados a demostrarle que no intentan reemplazarlo en el manicomio, por lo tanto el personaje se siente solo en el ring. Ha triturado a los sparrings, les ha machacado las criadillas a los árbitros y ha impedido que los partidarios de su oponente entren al templete. Como el hombre está solo en el ring se convierte en la única referencia para todos: los suyos, los ajenos y los que están asediados por las dudas; y aunque la mayoría parece no quererlo, carece de referencias alternativas. Pero podría haber sorpresas.

La Protesta Sube

A pesar del dominio ejercido a punta de pescozones, la galería incrementa la protesta. El peligro al que Chávez se enfrenta es a que se produzca un hecho político decisivo o que la crisis alcance un punto crítico y se desencadene una avalancha electoral que no pueda esconder bajo la alfombra ni con los espíritus pútridos que pululan en el CNE ni con las maquinitas perversas ni con el discreto silencio de quienes debían denunciar las trácalas del sistema electoral y callan.

Los disidentes más radicales van a votar, sean quienes sean los candidatos; en cuanto a los opositores críticos de los partidos, unos van a votar selectivamente y otros no quieren. Del lado del Gobierno también ocurre: su núcleo duro votará hasta por el papá de los contenedores podridos, pero los descontentos podrían drenar hacia el PPT o hacia cualquiera de los recientemente desprendidos; también es posible que se quieran abstener. Esto puede cambiar súbitamente si se produce un punto de quiebre que haga bajar del ring a Julio César o que permita que los plebeyos excluidos del circo se metan como río en conuco e interrumpan la cacofonía roja.

Chávez parece andar a la ofensiva con su insólita cadena de insultos, con presos, atentados judiciales, amenazas y la puesta en marcha del trapiche oficial, apto para moler cualquier asomo de disidencia. Pero, ¿qué tal si la verdad es que el caudillo anda a la defensiva? Es muy posible que todos los gruñidos sean preventivos y que Chávez esté aplicando la doctrina Bush de la guerra anticipada para destruir en embrión los desprendimientos que se vienen produciendo desde el Olimpo bolivariano y que, con un poquito de calor y de ruido, pueden transformarse en avalancha; sea electoral, sea de la otra o de la de más allá. El hartazgo es tan monumental que pareciera faltar ese hecho imprevisible, exótico, catalítico, que convierta el descontento en dentellada.

Siempre hay que recordar a aquel ciudadano anónimo que pegó el gritico en Guarenas una mañana de febrero de 1989 y desató lo que a las horas sería el fulminante Caracazo. Ahora podría ocurrir algo diferente: una votación que no la pueda agarrar ninguno de los oráculos comerciales al uso y que no pueda ser metida en los contenedores pútridos; o quién sabe si una furia preelectoral repentina que ponga al mismísimo Chávez a sacar el crucifijo reservado para eventos terminales.

Empresarios que enriquecen

Dentro de esta ofensiva para “barrer a la burguesía”, que más bien suena a defensiva estratégica, Chávez ha resuelto afanarle el bolsillo a los venezolanos con el “corralito”, mediante lo que cree es la destrucción de los ricos, con un problema adicional: él no sabe distinguir entre un rico y un empresario. Por ejemplo, Chávez es rico porque maneja un dinero que no cabe en todos los contenedores que puedan acumularse en los puertos. Gasta lo ajeno como le provoca. Es un rico que no es empresario ni jamás ha dado un golpe (que no sea de Estado) para serlo.

Un empresario puede ser rico (los hay que no lo son), pero su característica es que también ha sido o es un trabajador, cumple una función social como organizador, inversor y propietario. Hay sociedades que producen empresarios como creadores de riqueza. Otras sociedades producen ricos, como la venezolana, con los asaltantes que le han entrado a saco al tesoro público; algunos lo hicieron antes de Chávez pero nunca en la escala y la exhibición de estos tiempos; éstos no son empresarios, son apenas ricos

Esa confusión es típica y es trágica para Venezuela; resultado de un marxista que no ha leído a Marx. Si lo hubiese leído podría entender las cosas y seguir siendo un crítico del capitalismo pero sin tanta rusticidad y analfabetismo.

Dos empresas

Ha lanzado una ofensiva contra Polar y ha concebido como un reto personal que Lorenzo Mendoza no le conteste. Chávez no entiende que esa empresa es parte de un entramado social que produce empleos, productos de calidad, apoyos a otros sectores, por lo que sus dueños y directivos son prósperos. Su prosperidad es un subproducto del desarrollo de muchos, especialmente de sus trabajadores. Si destruye Polar la familia Mendoza seguramente no dejará de comer y viajar, pero incontables venezolanos perderán su empleo y varios millones dejarán de consumir productos que forman parte de las tradiciones venezolanas.

El otro caso notable y emblemático es la prisión de cuatro directivos de Econoinvest, su presidente Herman Sifontes junto a Ernesto Rangel, Miguel Osío Zamora y Juan Carlos Carvallo. Estos son empresarios jóvenes, que desarrollaron un negocio sobre la base de las reglas establecidas y que permitió a incontables venezolanos ahorrar en tiempos de tormenta. Son gente decente que además no se ha atragantado con sus recursos sino que los han invertido en experiencias de promoción cultural extraordinarias, dentro de las cuales destaca el Fondo de la Cultura Urbana. No por azar los escritores colombianos Héctor Abad Faciolince y Patricia Lara, el intelectual español Fernando Savater, el poeta venezolano Joaquín Marta Sosa, y muchos más han salido a proclamar el compromiso social y cultural de este grupo empresarial. Quieren presentarlos como los causantes del precio del dólar “permuta”, cuando se sabe que es producto de la política cambiaria oficial y, sobre todo, del papel jugado por Pdvsa, principal oferente de dólares que al venderlos en ese mercado obtenía más bolívares que los obtenidos entregándolos -como debía- al Banco Central.

Polar y Econoinvest son promotores de actividades culturales, con instituciones que se han asentado sólidamente en el tramado cultural, científico, intelectual, literario y artístico del país. Sus directivos no se limitan a ser “ricos” sino que han sido promotores de ciudadanía económica y cultural. Pero…

En estos tiempos de fronda hay que recordar que los enfermos de poder son siempre así: cuando oyen la palabra cultura, sacan la pistola.

Fuente: www.tiempodepalabra.com

 
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