LA RISA ES GRATIS

Manuel Felipe Sierra

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

Antes del mediodía se organizaba la cola en la esquina de Bárcenas. Era un grupo de curiosos familiarizados con el nuevo espectáculo televisivo. A las doce se encendía el aviso de “silencio”. Comenzaba entonces el show de Víctor Saume, el animador sonriente hacía flexiones y saludaba al público; Charles Barry, daba vueltas e inventaba muecas; una caja gigantesca de Lucky Strike rodaba en el escenario; y los camarógrafos se desplazaban por el canal que dividía las butacas del estudio. Un día hizo su aparición un joven silencioso, vestido de gris, que se colocó en el set de los comerciales.  Tomó una botella de ron “Santa Teresa”, la puso frente a la cámara y memorizó unos versos que despertaron la sonrisa de los televidentes. Se llamaba Manuel Graterol Santander, había nacido en Turén; desde niño se había hecho caraqueño, daba sus primeros pasos en la industria publicitaria, y al tiempo se conocería como “Graterolacho”.

A los meses entabló amistad con un visitante frecuente del programa. Era delgado, inquieto, estudiaba en la Escuela Industrial de la UCV y algunas veces llegaba arrastrando un arpa por los pasillos. Su nombre: José Enrique Sarabia y para los amigos simplemente “Chelique”. Desde esos días se estrechó una amistad entre ambos que creció en las aventuras profesionales y en cierta forma de asumir la vida. Esta tarde, sábado 12 de junio, reconstruimos aquellos días con “Chelique” en un aparte del Cementerio del Este en la dolorosa despedida de “Graterolacho”. “Manuel o “el sapo” como le decíamos cariñosamente, había nacido con una copla en los labios”, recuerda el autor de “Ansiedad” desde hace años en su refugio de Lecherías.

“Graterolacho” se sumergió en el mundo de la publicidad y los medios. Se hizo colaborador del “Gallo Pelón”, cuna de humoristas y sonrisas. Compartía su talento de creativo con el humor en programas de radio y  televisión. Como publicista subió todos los peldaños de una industria que en esos años conocía una etapa de expansión y de altísimo profesionalismo. Llegó a tener una agencia propia y, por supuesto, el nombre de ésta resultaba demasiado obvio: “Createrol”. En la peña de sus amigos organizaban presentaciones, concursos y conciertos. Pedro León Zapata, Miguel Delgado Estévez, Aldemaro Romero, Orlando Urdaneta, Rubén Monasterios, entre otros,  asumieron diversas iniciativas y reivindicaron la tradición del sainete ya desaparecido, mediante espectáculos propios de los modernos medios de comunicación.

“Graterolacho” nunca abandonó su vocación musical y su  inclinación a escribir letras de canciones.  Un día José Luis Rodríguez, ya el famoso “Puma” le pidió que le escribiera un tema para presentarlo en el Festival de Viña del Mar. “Graterolacho” siempre recordaba la alegría que le produjo saber que 30 mil espectadores aclamaron su canción. Otro día, María Teresa Chacín, allá en los años 70, le dijo: “Manuel, tú escribes a todo el mundo y de todo, y a mí nunca me has escrito nada”. “Graterolacho” tomó una servilleta y trazó unos versos que después les puso música Rodrigo Troconis. Así nació “Romance”, uno de los temas más queridos de María Teresa: “mi amor es como las cosas/que nunca tienen respuestas/lo mismo que preguntar/¿por qué existe el agua fresca?/¿por qué hay trinos en la palma?/¿por qué hacen miel las abejas?/¿por qué son blancos los lirios/y moradas la violetas?/”.

En estos tiempos tormentosos “Graterolacho” se sumó a la protesta democrática y a las iniciativas cívicas. No hubo acto en defensa de la libertad de expresión que no contara con su papel de presentador y ocupaba siempre el primer lugar en las asambleas de ciudadanos. Un día dio el salto al periodismo como oficio de redacción. Asumió la coordinación de “El Nuevo País” y se contagió con la dinámica del diarismo: la jerarquización de la noticia; la fuerza de los titulares; y las claves para profundizar en los temas. Al poco tiempo, la primera página del diario cobró brillo con titulares audaces que se diferenciaban de la titulación rutinaria de la prensa convencional.

Hace 4 años, cuando Patricia Poleo debió abandonar el país, asumí junto con Macky Arenas la conducción del programa “Venezuela al Día” por el Circuito Radio Venezuela. La revista informativa y analítica podría mejorar con una nota refrescante que introdujera una dosis de humor a la dureza de la noticia matutina. Llamé a “Graterolacho” y le propuse un segmento para sus versos. En todos estos años nunca faltaron sus coplas dichas en su propia voz, y pedidas por los oyentes, hasta el mismo viernes 11, el día que dejó de existir.

“Graterolacho” se sumó entusiasta a la moda del twitter. No tuvo descanso para reflejar sus impresiones y vivencias en los 140 caracteres de los tweets. A la hora de su muerte deja 2.500 mensajes, suficientes para editar una excelente crónica viva que recoge la originalidad, el buen talante, la malicia y el concepto de la amistad de un amigo, sobre cuyas ocurrencias conversamos la tarde del sábado, mientras entre canciones y llantos, recibía el último adiós. Horas antes “Graterolacho” había escrito su epitafio en la brevedad del twitter: “La risa es gratis, amigo/lo más bello bajo el sol/y siempre cuadra conmigo/puesto que soy Graterol/”.

 
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