Por una Asamblea que controle

Vladimir Villegas

TIEMPOS DE CAMBIO

Vladimir Villegas

El caso de los contenedores repletos de comida putrefacta es una muestra de lo que sucede cuando no existe un real equilibrio de poderes. En cualquier Parlamento del mundo, todos los ministros y altos funcionarios que de alguna forma tienen responsabilidad en lo ocurrido ya estarían siendo interpelados

Nunca como ahora hace falta en Venezuela una Asamblea Nacional que cumpla con su papel de control y seguimiento de la gestión pública, como debe ocurrir en una democracia, porque cada día que pasa notamos las consecuencias de permitir que el Poder Ejecutivo actúe a sus anchas sin rendir cuentas.
El caso de los contenedores repletos de comida putrefacta es una muestra de lo que sucede cuando no existe un real equilibrio de poderes.
En cualquier Parlamento del mundo, todos los ministros y altos funcionarios que de alguna forma tienen responsabilidad en lo ocurrido ya estarían siendo interpelados. Pero a esta Asamblea, que se ha caracterizado por actuar como apéndice del Ejecutivo, salvo honrosas excepciones, los ministros no asisten sino para entregar sus memorias y cuentas, una vez al año, o para participar en actos protocolares. Parece que consideran la figura de la interpelación como un irrespeto a la honorabilidad de los funcionarios, y no como un mecanismo constitucional destinado a aclarar asuntos que la representación popular considere necesario.
Es lamentable que casi ninguna investigación propuesta por los diputados que no forman parte de la bancada roja rojita sea aprobada. Los niveles de solidaridad automática de los parlamentarios para con sus compañeros son una muestra de la debilidad institucional que afecta al país.
No hay nada que investigar en las quebradas empresas de Guayana, ni en los putrefactos contenedores de Pdval, ni en Petrocasa. Tampoco hay materia sobre la cual decidir en asuntos relacionados con la administración de justicia, o en cuanto a las violaciones de los derechos sindicales de los trabajadores de la administración pública. ¿Y para qué “jurungar” en los posibles vínculos entre “chivos pesados” y los banqueros caídos en desgracia? O, ¿para qué desnudar la maniobra que permitió al Ejecutivo despojar a los larenses de un helicóptero destinado a mejorar la seguridad y la salud? Por eso es triste y lamentable el balance que deja la actual Asamblea Nacional, pese al esfuerzo que han hecho algunos de sus integrantes por sobreponerse a ese bosque de brazos alzados que se comporta de peor manera que las bancadas adecas y copeyanas. De ahí que cobre gran importancia para la suerte de la democracia en Venezuela y para hacer realidad el sueño de país contenido en la marginada carta magna de 1999, elegir diputados que vayan al Parlamento a cumplir a cabalidad con el mandato popular. Ya probamos lo que es tener una Asamblea que le rinde culto a la incondicionalidad y que aplica la política del avestruz. Por eso el voto tiene ahora más valor que nunca, y sobre todo si se deposita con conciencia, para derrotar la polarización que nos paraliza como país y para garantizar un Parlamento diverso y para apoyar iniciativas que se traduzcan en beneficios para los ciudadanos.

Incluso el propio pueblo chavista, olvidado por parlamentarios que no han sabido ni querido defenderlos de los burócratas que se burlan de sus esperanzas, sabe muy bien que tiene en las manos el poder de llevar a la Asamblea parlamentarios de verdad.

Fuente: www.el-nacional.com

 
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