Rafaelito y la lucha de clases

Es una traición a lo que tanto dicen y pregonan. Un solo contenedor de Pdval dice más que todas las palabras de una cadena presidencial

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

¿ Se acuerdan del chiste de Jaimito y de la vaca? Me atrevo a lanzar la pregunta al aire aunque no sé, en verdad, si Jaimito sigue siendo Jaimito. Hasta hace poco, Jaimito era eterno. Pero el tiempo pasa, todo se mueve, cambia, ya hasta la eternidad puede ser pasajera.

Rafael Ramirez

Jaimito no tiene o no tenía edad.

Él es, o era, todo un clásico para representar al niño pícaro, abusador, tramposo o grosero, según fuera el caso y el tenor del chiste que se contaba. En un tiempo, llegó a ser, incluso, una categoría. Como los chistes de gallegos, como los chistes de vikingos, había también los chistes de Jaimito.

Quién sabe de dónde vendrá la elección de ese nombre. Por qué no Juanito o Willmercito.

En todo caso, esa no es la pregunta de este domingo.

En uno de sus chistes más famoso, Jaimito se encuentra en el trance escolar de un examen.

El tema es amplio, diverso; se trata de un examen general.

Pero Jaimito sólo ha estudiado sobre la vaca. El chiste se arma en las maromas que debe hacer Jaimito para llevar cualquier respuesta hasta lo único sobre lo que puede hablar: el animal cuadrúpedo que da leche y hace muuu. Incluso cuando, al final, salta una interrogante personal, Jaimito empieza hablando de la familia, pasa a la ropa interior de su hermana, desnudando así el costado picante del chiste, pero termina siempre hablando de la vaca.

De eso sí tratan las palabras de este domingo. La vaca del ministro Rafael Ramírez es la lucha de clases.

Lo sé, lo sé. Sólo es una referencia simbólica. Por supuesto que sé que todo el mundo piensa que, en realidad, la vaca del ministro Ramírez es Pdvsa.

Pero lo único que intento es establecer una comparación metafórica entre la reacción del ministro y la reacción de Jaimito en su chiste. Se trata de una actitud muy similar. Claro que es probable que Jaimito sepa más de ese mamífero rumiante con cuatro estómagos que lo que sabe Ramírez sobre la lucha de clases.

Sin embargo, el ministro se comporta de la misma manera: ante cualquier pregunta de la realidad, siempre responde igual, siempre intenta jalar la solución de cualquier conflicto hacia el mismo punto. Si hoy, apenas comenzando la fiesta futbolística, le preguntáramos por qué Venezuela no está en el Mundial, posiblemente respondería que es parte del conflicto de clases, ya que la burguesía, tan pitiyanqui y beisbolera, siempre se ha opuesto a ese juego sudoroso e independiente que blablablá.

¿Qué dijo Rafaelito, esta semana, ante el hallazgo de por lo menos 70.000 toneladas de alimentos en estado de descomposición? Adivinen.

Justo cuando el discurso del poder azuzaba y acosaba las empresas Polar, invocando por supuesto la intraficable “soberanía alimentaria”, comienzan entonces a aparecer, en distintos lugares del país, diferentes contenedores llenos de comida podrida. Todos pertenecen o son responsabilidad de Pdval.

Miles y miles de kilos de alimentos desperdiciados, hechos basura, vueltos moho y moscas. Son cadáveres que surgen de pronto y quedan flotando sobre el mapa. No sólo es un asunto de ineficiencia en la gerencia pública, de corrupción. No sólo es un crimen. También es un insulto a la pobreza. Una traición a lo que tanto dicen y pregonan. Un solo contenedor de Pdval dice más que todas las palabras de una cadena presidencial.

Pero el poder organiza actos y marchas “en defensa” de la institución. Como si estuvieran siendo injustamente amenazados. De la manera más grosera, sustituye a las víctimas. Se pone en su lugar, las desplaza, las obvia.

No sólo arruina los alimentos del pueblo, que estaban destinados al pueblo, sino que además, a la hora de las responsabilidades, usurpa su lugar y se presenta como víctima de la situación. “Hay que poner las cosas en contexto ­dijo esta semana el ministro Ramírez­, aquí de lo que se trata es del combate entre el pueblo contra la oligarquía apátrida y antinacional”.

Y habla entonces de la cuarta república, evade cualquier responsabilidad señalando que los gobiernos anteriores también eran corruptos, alude a la moral, trata de convertir la mierda en una victoria revolucionaria… y concluye con esta frase sorprendente: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer en defensa del pueblo”.

Se necesita mucha falta de escrúpulos para salir de 70.000 toneladas de delito y aterrizar en un aplauso, en un autoelogio. Sin duda, no es un chiste. Es parte de la misma tragedia. También hay palabras podridas que flotan sobre diferentes lugares del mapa ¿Hasta cuándo se puede abusar de la esperanza? ¿Cuánto dura la fe de los pobres?

 
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