Huelga de la clase criminal

Pese a los temores, la policía y el sistema judicial sudafricanos han sido muy eficaces

JOHN CARLIN – Johanesburgo

En un Mundial que se ha definido por el altísimo porcentaje de goles tontos que se han concedido, que ha visto a Suiza asfixiar y ganar a España y en el que Diego Maradona parece haber sido capaz de crear un equipo con posibilidades de llevarse la corona, todo es posiblel. Pero lo más probable es que el país anfitrión se tenga que consolar con la satisfacción de haber organizado el torneo con bastante más eficacia y tranquilidad de lo que muchos esperaban.

Un ex ministro de Gobierno que presenció la derrota de Sudáfrica frente a Uruguay por 3 a 0 el miércoles en Pretoria me envió un correo electrónico ayer lamentándose de la “patética, petrificada, desalmada” actuación de los bafana, bafana, pero señalando: “Como anfitrión, Sudáfrica no lo está haciendo nada mal, ¿eh?”.

Ha pasado una semana desde que comenzó el Mundial y las masacres anunciadas de visitantes extranjeros -aficionados, jugadores, delegados de la FIFA- todavía no se han materializado. Sudáfrica es, en condiciones normales, un país violento -como el siguiente en el que se va a celebrar el Mundial, Brasil- y por eso se había generado una cierta histeria en los medios internacionales al respecto. Lo curioso es lo extraordinariamente eficaz que ha resultado ser, a día de hoy, la policía y el sistema judicial. Se han creado 56 World Cup courts, tribunales dedicados a resolver cuestiones legales que surjan a lo largo del torneo. Adaptados a las posibles necesidades de los visitantes de fuera, los tribunales especiales cuentan con 93 intérpretes, 110 magistrados, 260 fiscales y unos 1.500 empleados más.

La policía, por su parte, ha respondido a los relativamente pocos incidentes que se han registrado con rapidez y agudeza, presentando pruebas ante los tribunales de los que se hubiera sentido orgulloso el propio Sherlock Holmes. La semana pasada la policía detuvo a dos hombres que habían asaltado con pistola a unos periodistas portugueses en su hotel. Recuperaron el material robado, los dos comparecieron ante uno de los nuevos tribunales y la sentencia ya se ha anunciado: 15 años de prisión.

Otro sudafricano con antecedentes criminales que el fin de semana pasado intentó defraudar a un aficionado estadounidense, aceptando un depósito de unos 250 euros por un inexistente coche de alquiler, ha sido condenado a 18 meses de cárcel.

Lo que algunos políticos sudafricanos están preguntando es por qué el Estado no puede proveer este nivel de eficiencia jurídica y legal siempre. “Es una pena que, cuando no tenemos un Mundial de por medio, no podamos proceder a la misma velocidad”, declaró una portavoz del principal partido de la oposición, la Alianza Democrática. “Ojalá que el ejemplo se extienda más allá del torneo”.

Una cosa que no cambia en Sudáfrica, incluso desde los tiempos del apartheid, es la militancia de los sindicatos. En cuatro de los diez estadios donde se están disputando los partidos del Mundial el personal de seguridad se ha declarado en huelga. Mantienen que la FIFA y el comité organizador local no han cumplido acuerdos verbales y se les está pagando por debajo de lo pactado. Independientemente de si los huelguistas tienen razón o están demostrando ser, como dicen algunos editoriales en los diarios, unos oportunistas antipatriotas, las autoridades han respondido, una vez más, con serenidad y eficiencia. Miles de cadetes han sido sacados de las academias de policía para acudir a los estadios afectados.

Todavía queda tiempo para que ocurran incidentes graves pero casi da la sensación, como comentaba un amigo sudafricano esta semana, de que la clase criminal del país ha decidido declararse en huelga durante el Mundial; una huelga, en este caso, claramente patriota, cuyo fin sería ayudar al gobierno en su misión de presentar al mundo una imagen positiva del país. Como si tuviera precisamente esta idea en mente, el presidente Jacob Zuma hizo un llamamiento público hace un par de semanas a que la gente -implícitamente, los malos- se porte bien. “Sed buenos”, les pidió. Parece que, hasta la fecha, le están haciendo caso.Sudáfrica 2010

 
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