Metástasis socialista

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial.
Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

Cuando las células madre enloquecen, el mal se dispersa y ataca sin cesar los órganos originalmente no afectados. Después de intenso sufrimiento, todo concluye con la muerte. Cuando la metástasis se produce en el alma, la música y la caña buena o mala, se combinan para hacer el mal irreversible. Cuando la metástasis se apodera de un Estado, víctima de las infecciones que produce un mal gobierno, la descomposición no tiene marcha atrás.

Es entonces cuando surge el cansancio y la desaprobación de quienes le dieron vida, y se abre una ventana, aunque pequeña, por la que puede surgir otra vida, reencarnación para algunos, y la existencia a plenitud de otro ser, otro gobierno, que oriente la vida del cuerpo social que conforma la nación y sostiene al Estado.

¿Qué otra cosa puede esperar quien es responsable de la metástasis que invade al gobierno y de un Estado hipertrofiado que ha conducido al borde del colapso? ¿Acaso puede dar marcha atrás? Por supuesto que no. Por inercia continuará su caminar, posiblemente con más violencia y desafuero, destruyendo cosas útiles a su paso, intentando convencer a quienes aún están a su lado, de que la magia retornará y el submarino navegará seguro hacia el mar de la felicidad.

¿Pero podrá lograr que el país produzca más alimentos o que las vacas maltratadas por aquellos a quienes entregó las fincas confiscadas, aumenten la producción de sus ubres? ¿Se escuchará con fidelidad y potencia la música de las máquinas industriales que enmudecieron aterrorizadas por las leyes detractoras de la propiedad privada? ¿Se harán realidad los planes quijotescos de: “La ruta de la empanada, los gallineros verticales, los huertos hidropónicos, la industria que ahora es de todos, las viviendas iraníes, cubanas y chinas, o irán a la cárcel los boliburgueses socios de los altos funcionarios civiles y militares?

Venezuela y su gente buena tiene la capacidad necesaria para levantarse y reconstruir su grandeza, pero quienes han fallado, quienes han disfrazado el latrocinio con brochazos ideológicos, esos como las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, esos, téngalo por seguro, no volverán. Pasarán al sótano de los malos recuerdos de la historia y si alguna vez alguien los desentierra, será sólo para que las generaciones por venir se miren en ese espejo y se curen en salud, observando la amarga experiencia que hoy vivimos los venezolanos.

 
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