Un hedor rojo rojito sacude a todo el país

RODÓ EN LA BARRA…!
BUENAVENTURA NORIEGA (BUENO)

abcbuenaventura@gmail.com

Una mañana asoleada, en los primeros años de la década de los 60, ya destruida la empresa privada y eliminados cientos de puestos de trabajo, la revolución cubana se aprestaba a iniciar un acto, no para demostrar que podían en un régimen que iniciaba su camino hacia el comunismo, fabricar productos de calidad sobre las cenizas de factorías que una vez fueron prósperas, sino para hacer un acto de propaganda -en eso son expertos- al proyecto inviable que comenzaba en La Habana. Se trataba de la producción de los primeros refrescos de la revolución. Y es que a los revolucionarios, ni estando en la Sierra Maestra, los abandonó la idea de tomarse una Coca Cola bien fría. De allí que quisieran elaborar un refresco superior al que nació en el imperio mismo. Pero al contrario de Hugo Chávez que nunca probó la salsa de tomate Centinela ¿o el Guardián?,  el Che Guevara sí bebió un buen trago de ese refresco y lapidariamente sentenció: ¡esto es una mierda! A lo mejor el recuerdo de las Coca Cola que tomó en su largo viaje en motocicleta por varios países latinoamericanos o durante su permanencia en México antes del Gramma, lo traicionaron. Sin darse cuenta, el Che estaba reconociendo que el refresco estadounidense era mejor que el refresco revolucionario. Y hoy día la Tropi Cola cubana sigue siendo lo mismo que dijo Guevara 50 años atrás.

En Venezuela algo huele mal “Puerto Cabello cuando lejos me encuentre de ti, dile a tu brisa que traiga hasta mí, tus canciones de mar”. Ésa es una estrofa de la canción de Ítalo Pizzolante, convertida en himno de su ciudad natal, donde ahora, debido a la negligencia e ineficacia de los “mejores de Pdval”, la brisa marina se ha convertido en pestilencia. Pero la corrupción galopante que el gobierno intenta ocultar lo ha llevado a esconder los contenedores putrefactos, llevándolos a muchos rincones del país. Venezuela era un país de aroma agradable. Olía a flores, a frutos, a naturaleza viva, a brisas del mar… pero algo huele mal.

La verdad no me acuerdo del nombre de la salsa venezolana, pero sí de que se perdieron miles de millones de bolívares y que la única botella que vieron los venezolanos fue aquella que mostró orgulloso el mandatario nacional en su programa Alo Presidente. Después se supo que era una botella de salsa de tomate de otra empresa, a la cual le retiraron la etiqueta y le colocaron otra preparada en una computadora. Bueno lo que quiero decir es que no hubo la voluntad de controlar y supervisar la producción de esos rubros -como tampoco de investigar el caso de los contenedores-, por sólo mencionar algunos hechos que han sucedido en nuestra revolución de pacotilla. El corolario de esto es que el gobierno debe dejar en paz a los que saben producir como es el caso de Polar, y de tantos otros cuyas tierras productivas y empresas han sido confiscadas, incluyendo la maravillosa finca La Carolina de Diego Arria, a quienes no se le pudren los alimentos en contenedores en Puerto Cabello o en los patios de galpones de toda Venezuela, desastre que pudo ser conocido por el país nacional gracias a la denuncia del Gobernador Henrique Fernando Salas Römer hecha hace 14 meses y al trabajo de investigación de las diputadas Neidy Rosal y Aura Montero, que siguen llevando denuncias a la Fiscalía mientras la bancada oficialista del Clec no “dice ni pío”, menos la Asamblea Nacional donde la inefable Cilia Flores dijo que “eso no es materia de discusión”. Los venezolanos de a pie, los que hacen mercado todas las semanas saben lo que significa la pérdida de tantos contenedores cargados de alimentos. Por eso, muchos de ellos, como Eulogio Florencio Marval y Plutarco Helímenes Montiel, no dudan en calificar este hecho como “el robo más grande en toda la historia republicana de Venezuela”. Que ya es mucho decir.

Rojo rojito el hedor porteño

Rafael Ramírez, el inamovible presidente de Pdvsa, estuvo de visita ayer en la Refinería de El Palito acompañado de una pestilencia que emanaba de la zona de almacenamiento del puerto de Puerto Cabello, la cual le ha resultado imposible ocultar pese a la agradable brisa marina. Huecos que tenían años sin rellenar de asfalto fueron tapados a la carrera y el edificio     -al fin- recibió una mano de pintura. Pasé por allí como una exhalación a bordo de mi potente Ford Fairlane del 79, cuando vi las cuadrillas trabajando. Macedonio Ildefonso Arteaga, a quien le di la colita hasta Morón, me dijo que la visita obedeció a la celebración de los 50 años de la refinería. Nada nuevo llevó Ramírez al litoral carabobeño, ni habló de la deuda que tiene la empresa con los trabajadores, mucho menos de los contenedores que llegaron podridos o dejaron podrir. Lo que sí quedó claro -apuntó Macedonio Ildefonso- es que el hedor de los contenedores es “rojo rojito”. Y pensar que Ramírez llevó los mejores gerentes a PUDREVAL. Menos mal que no llevó a los malos.

Chávez pierde la credibilidad

Los resultados de la última encuesta de Consultores 21 no los tengo a la mano, pero mi amigo Catalino Becerra Fuenmayor me confió que los resultados son demasiados preocupantes para Esteban de Jesús. Lo único que me adelantó es que la credibilidad del Presidente se ha venido al suelo. Los encuestados lo señalan como responsable del cierre del Banco Federal por retaliaciones políticas y de la pérdida de los alimentos importados por Pdval. Además contribuye a su baja en las encuestas el colapso eléctrico, el pésimo servicio de agua, de salud, la insistencia de imponer el socialismo, el irrespeto a la propiedad privada, la larga lista de asesinatos y pare usted de contar.

La verdad clarita

Me dijo Epifanio Paiva, uno de esos parranderos de siempre que con su cuatro ha formado filas en La Verde y en la Rival, que algo está pasando en Carlos Arvelo. En este municipio se enquistó el chavismo, pero ante el abandono y las promesas incumplidas algo comenzó a suceder. “Quizás se trate del despertar del pueblo, ya que en los sectores La Linda, Rosendo Torres y en El Trompillo han batuqueado a los candidatos del oficialismo en las elecciones de los delegados a los consejos comunales”, indicó Epifanio Paiva cuando lo llevaba de Magdaleno a Güigüe en mi Ford Fairlane del año 79 después de comernos cuatro cachapas cada uno con queso de mano, carne asada a la vara, chicharrón y cochino frito. Lo veo tratando de contener el reflujo gástrico que le produjo la abundante ingesta de alimentos no contaminados, le extiendo un Festal lo que agradece con una sonrisa mientras balbucea en medio del sopor: “Es el principio del fin del chavismo en Carlos Arvelo”. De allí en adelante se “tiró un camarón” hasta que lo dejé en el frente de su casa. Es la verdad clarita… no la famosa Verde Clarita, parranda tradicional de Carabobo.

Noti Rápidas

  • En un apartamento cuya ubicación no voy a señalar -obviamente para que no me descubran-, un grupo de connotados dirigentes chavistas se reunieron para conversar. Yo me oculté detrás de una cortina lo que impidió que notaran mi presencia. Allí se habló del caso de Pancho Pérez y se criticó abiertamente a Edgardo Parra. Los allí presentes coincidieron en que la sentencia fue descabellada y debe tumbarse en la Corte de Apelaciones regional. Pancho y su abogado Tony Marval también esperan lo mismo.
  • Son seis los que esperan como caimán en boca de caño la eventual inhabilitación de Cocchiola, pero los que saben indican que el chavismo lo tiene prensado por una cuestión maderera, y si los números no le dan, anularán su elección pero después que sea juramentado, para que suba la suya.
 
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