El container revolucionario

Victor Bolívar

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR C.

Si algo deja claro la tragedia de la comida podrida es el símil que ella tiene con la putrefacción del socialismo del siglo XXI. ¿Qué contenedor tendría el espacio suficiente para depositar en él toda esa basura de ideas vencidas y de fétidas corruptelas? ¿Caben allí las vejaciones y violaciones a los derechos humanos? ¿Tendrán espacio las persecuciones, resentimientos, revanchismos y represiones del régimen? Son estas algunas interrogantes, nos dan una idea del descomunal tamaño que tendría ese container revolucionario.

Cómo puede hablarse de soberanía alimentaria cuando importamos lo que consumimos si esto es la mejor prueba de nuestra dependencia en donde más le duele al soberano: el estómago. Es dudosa la política de tierra arrasada en contra de nuestros empresarios privados que no se compadece con las pródigas entregas de nuestros dólares a manos extranjeras. ¿A quienes les compramos esas 761 mil toneladas de alimentos que según la actual presidenta de PDVAL se importaron casi que simultáneamente?

Las importaciones deben estar engranadas con en el circuito alimentario mediante una estricta planificación. Qué, cómo y por qué importamos, son los parámetros básicos que determinan traernos de afuera lo que aquí necesitamos. ¿Quién planificó esa masiva importación? ¿No debería investigarse el grado de responsabilidad de los Ministros Ramírez y Osorio Alimentación, del presidente del Bolipuerto, importadores y los contratistas? ¿El daño al patrimonio público a quienes se lo debemos atribuir?

El presidente Chávez, quien debería ser el primer interesado en precisar quién ha perjudicado a los más desposeídos, ha eximido de culpa a aquellos que tienen que ser investigados. ¿No estaría incurriendo en encubrimiento? Restarle importancia a que gran parte de la comida se le puso piche, constituye cuando menos una indolencia que raya en complicidad. Se obvia deliberadamente el acaparamiento sólo justificado en los pingues negocios del almacenaje.

La reacción oficialista, en sus acostumbradas huidas hacia adelante atribuyéndoles a los demás sus propias miserias, ha sido la del cínico contraataque para desviar el foco de atención hacia otros asuntos. Acallar la protesta mediante la intimidación y la amenaza, así como la descalificación del denunciante son constantes en la estrategia gubernamental.

Es ya inocultable el mecanismo que utiliza el régimen para abordar los territorios mentales de los venezolanos inoculándolos de temor y desazón. La absoluta sumisión es un objetivo inaplazable para la detentación de una autocracia cuya viabilidad solo es posible cuando suprime la  disidencia. El ciudadano mediatizado, cercenado en su libertad de pensamiento y expresión, es la materia prima que sirve para moldear al totalitarismo.

La intimidación ha perdido eficacia para manipular al colectivo. Ya se agotó el tiempo cuando ese exacerbado tremendismo solo servía para enmascarar una real ineptitud para gobernar. Las fases que siguen son en consecuencia lo que dicta el manual de procedimiento revolucionario: represión, persecución, reclusión y sanción. Globovisión,  Zuloaga, Mezherane, Álvarez Paz, Sifontes y muchos más dan fe de ello.

MENSAJE A PANCHO: Permítanme en este contexto unas líneas para Pancho, a quien tengo  como hermano por más de 45 años. Esa “capitis diminutio” a la que te quieren someter, habla por sí sola. Su elocuencia desnuda un proceso político que ya los hechos han emasculado. La solidaridad se tiene cuando se cosechan sinceras amistades y se lucha por causas nobles. Estamos contigo.

 
Víctor A. Bolívar C.Víctor A. Bolívar C.
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