El ejemplo de Cochocho

Juan Miguel Matheus

Juan Miguel Matheus

jmmfuma@gmail.com

@JuanMMatheus

En sus Memorias de Mamá Blanca, Teresa de la Parra coloca en boca de Vicente Cochocho unas palabras que resultan útiles para reflexionar sobre la crisis venezolana. Dice Cochocho: “Yo no los reniego [los fracasos y los errores]. Salieron de mí espontáneamente. Al igual que mis hijos y mis nietos, son mi obra y son mi descendencia: ¡que me sigan siguiendo y que Dios los bendiga a todos!”. Tales palabras, llanas y profundas a la vez, hacen patente una gran verdad: las situaciones humanas no son -tampoco las de pueblo- obra del azar. Derivan del ejercicio de la libertad de personas concretas y, por lo tanto, siempre comprometen responsabilidades.

Lo anterior resulta muy importante en la Venezuela de hoy. Con frecuencia se oye entre muchos opositores al régimen que Venezuela está sumida en un avanzado proceso de descomposición porque “es un pobre país” y porque el pueblo venezolano no es más que “un pobre pueblo”. Es una suerte de distanciamiento de la realidad en virtud del cual se pretende creer y hacer creer que lo que sufrimos es única y exclusivamente responsabilidad de los chavistas. O dicho de otro modo, más peyorativo y desatinado: se piensa que el país está devastado y Hugo Chávez hace lo que le viene en gana por culpa del voto y apoyo de la mayoría del pueblo de Venezuela, “pobre e ignorante”.

No es verdad, sin embargo, que sólo los chavistas sean responsables. Tampoco está bien planteado lo de la pobreza y la ignorancia. Ya en 1998, durante la campaña electoral, Chávez recibió el apoyo de buena parte de la elite nacional, en teoría bien formada y acaudalada. Medios de comunicación, dirigentes políticos, empresarios y académicos: todos rindieron pleitesía al otrora candidato. Y durante estos once años de lucha son muchos los errores que hemos cometido por falta de claridad sobre la naturaleza totalitaria del régimen. Así, la sabiduría de Cochocho debe ser acogida como un tesoro. La única manera de revertir lo que vivimos es que todos nos tengamos por responsables. No se ha instalado un totalitarismo entre nosotros por culpa de una mayoría pobre e ignorante sino porque hemos permitido que el virus totalitario contagie a la población venezolana, chavista y no chavista.

En este punto aparece Cochocho nuevamente. Aprender de los errores sólo es posible si no se los reniega. Acaso en ese aprendizaje estriba la bendición de Dios a la que se refiere este pintoresco personaje de la literatura criolla. Venezuela se curará del totalitarismo cuando seamos plenamente concientes de que este régimen ha sido engendrado por todos los venezolanos, sin excepción. Entonces estaremos frente a frente con el rostro de la esperanza. Descubriremos nuestras fuerzas para desmontar lo que hemos producido como pueblo. Sabremos encontrar antídotos. Emergerá el optimismo porque se incrementará nuestro realismo. Nos conoceremos mejor. Nos sabremos un pueblo capaz de la injusticia y de la mentira. Estaremos atentos. Lucharemos para derrotar el mal del que somos capaces y para hacer florecer el bien al cual estamos llamados. Como Cochocho, miraremos el porvenir.

 
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