El estado alienante

Yván Serra Díaz

Periscopio
Yván Serra Díaz
yvanserra@gmail.com

El régimen que nos gobierna decidió ser marxista. El hecho que su líder fundamental haya reconocido que no ha leído la obra principal de Marx, El Capital, es sólo un detalle menor. Lo importante es que reconocido el carácter de teocracia laica que se pretende imponer en el país, y a falta de libros escritos de parte del profeta mayor, se requiere una biblia, aunque no sea de consulta obligatoria.

Carlos Marx

Desde sus tempranas obras, Marx asumió la creencia que el desarrollo de las fuerzas productivas potenciadas por el capitalismo y las contradicciones de clases entre los poseedores de las herramientas de producción (burguesía) y los poseedores de solamente la fuerza de trabajo (proletariado), finalmente producirían una situación donde la clase obrera a partir de la acción revolucionaria se apropiaría de las herramientas de capital y acabarían los intereses clasistas. Al no haber clase que proteger el Estado desaparecería y sería el “fin de la historia”. Y todos los hombres al fin serían libres.

Disculpen la simplificación, pero interesa destacar el hecho de que para Marx, el capital generaba alienación, puesto que los hombres desprovistos de herramientas, deberían “vender” parte de su tiempo de trabajo a los capitalistas para garantizar su subsistencia, en un proceso productivo del que no formaban parte.

Las tendencias de los países de capitalismo avanzado, desmiente esta aseveración, puesto que mayor es la posibilidad de trabajo independiente, la consustanciación de los recursos humanos con la misión de la empresa y de la apropiación vía participación accionaria de la mercancía, con lo cual el trabajo pierde su sentido alienante del que nos hablaba Marx.

Pero que ocurre en los países donde se pretenden instaurar los estados fundamentados en la creencia de Marx, pues sencillamente, que desaparece la noción del individuo, puesto que éste sólo forma parte de un proceso social. El Estado al declarar una situación de guerra permanente (contra la burguesía nacional, la burguesía extranjera, los imperialismos) divide a los individuos en enemigos de clase y por tanto enajenado de sus derechos políticos, o integrantes del ejército revolucionario y por tanto, sometido a la disciplina de la institución castrense, llamada así porque castra el libre accionar del individuo.

De tal manera, que si bien puede ponerse en duda el carácter alienante del capital, éste nunca será tan alienante como cuando los países se declaran marxistas.

 
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