Hay que atreverse *

Carlos Blanco

La unidad electoral es un medio para desarrollar una política y no, necesariamente, una política. La parte del país descontento que tiene dudas, sometido al hambre, la escasez, el desempleo, el crimen, sólo se atreverá cuando los que aspiran a representarlo, se atrevan.

Varios dirigentes opositores plantearon desde hace meses la estrategia electoral hacia el 26-S porque se iba a ganar la Asamblea Nacional. Cualquier distracción de ese loable objetivo era inconveniente porque cuando se ganara la AN se podrían lograr las metas más demandadas por la disidencia democrática: libertad de los presos políticos, reversión de las confiscaciones, enjuiciamiento de los corruptos, justicia para los perseguidos, entre muchos otros razonables propósitos. Poco a poco el tono parece variar: “no hay que volverse golosos, con algo cercano al 50% es suficiente para alterar el cuadro”. Sin embargo, al pasar de los días, nuevas aproximaciones aparecen: “algo alrededor del 40 % es un batacazo”. Aunque más adelante se ha dejado ver que unos 50 diputados es bastante. Para terminar con algunos que con discreción indican que con unos 10 bien atrevidos y deslenguados bastaría. Al final, hay quienes llegan a decir que lo que se saque, sean cien o cinco ya es bastante porque cualquier cantidad de diputados, después de tener cero, es una ganancia infinita.

Lo que está detrás de este conformismo es la idea de que Chávez ha subido o puede subir en las encuestas y que este eventual ascenso está ligado al ventajismo y a cierta “parálisis hiperactiva” – expresión tomada en préstamo- que parece estrujar a la Mesa de la Unidad Democrática después de haber logrado acuerdos en la estresante distribución de candidaturas.

La participación electoral unitaria ha sido y es, sin duda, algo deseable. Los dirigentes han invertido esfuerzos notorios para entenderse y repartirse lo que deducen les corresponde; los propios partidos se encargaron de atenuar la protesta callejera de manera que la participación electoral como único camino para la disidencia democrática se hizo más que deseable, inevitable. Después que la abstención de 2005 quedó huérfana, ésta dejó de ser una opción de lucha viable; la participación electoral, por su parte, ha tenido victorias, semi victorias y derrotas, por lo cual no es objetable siempre y cuando se haga acompañar por claros objetivos y apoyos decisivos. No hay que olvidar que la victoria de 2007 la definieron la actitud del grupo de dirigentes que se apersonó en el CNE después de estar encuevados, la decisión del general Baduel y otros oficiales de la FAN, y el clamoroso movimiento estudiantil que estaba organizado para cobrar el triunfo y que en ese instante no oyó los arrullos que lo invitaban a la moderación.

El Nuevo Escenario

Dicho que la opción electoral unitaria es deseable, hay que analizar sus obstáculos. El más importante es no haber asumido que la unidad electoral es un medio para desarrollar una política y no, necesariamente, una política. El haberse concentrado durante tanto tiempo en seleccionar los candidatos no es un detalle técnico sino expresión de una visión. Los partidos actuaron como si la sociedad se hubiese sentado a esperar sus decisiones, sin tomarla en cuenta y, además, consideraron que el descontento masivo hacia Chávez sólo podría tener la desembocadura natural de provocar una inexorable votación por los dueños de las franquicias electorales. Los partidos actuaron como si los votos que han obtenido en pasadas elecciones fueran de su propiedad, sin entender que no les pertenecen; de todos modos actuaron como sus propietarios y así se repartieron las candidaturas.

A esta actitud de los partidos contribuyeron algunos factores de la opinión pública, en particular las encuestadoras, algunas de las cuales trabajan simultáneamente para la oposición y para instituciones oficiales, lo que en un régimen autocrático compromete su sanidad. Pero no son las empresas de estudio de la opinión pública las culpables del astigmatismo de los dirigentes, al fin y al cabo ellas están en su negocio. El problema es que han tomado estados de opinión como tendencias, y han asumido las tendencias como datos irreversibles. Fue esta supuesta irreversibilidad la que condujo al período de ensimismamiento de la MUD, sólo interrumpido por las declaraciones semanales sobre esto y aquello. Si tenemos la mayoría –pensaron- sólo nos queda ajustar candidaturas y maquinarias, pues ya el mandado está casi hecho. En las candidaturas hicieron a un lado las aspiraciones de muchos de sus simpatizantes independientes, algunos muy calificados, que podrían haber enviado un mensaje al otro país que no está en la pomada dirigente pero es el que más padece al gobierno. Varias de estas encuestadoras cautivaron a la oposición y les dijeron que era inevitable su victoria; ésta se recostó en los laureles y, luego, los expertos le han dicho que, caballeros, lo sentimos mucho, Chávez ya no baja si es que no vuelve a subir.

Chávez actúa

Tal vez una equivocación memorable haya sido asumir que las cosas iban a permanecer como estaban, y se omitió la actividad febril de Chávez, que no tiene escrúpulos morales, éticos, políticos, legales o ideológicos para hacer lo que le dé la gana con las instituciones del Estado y con los recursos públicos, lo cual incluye ese adminículo manejado a control remoto que es el CNE.

Los adulantes dicen que el caudillo es formidable en las campañas electorales cuando en realidad casi cualquiera ligero de cascos y con el botín del fisco puede pasar de ser un asaltante a ínclito líder. El caso es que mientras muchos dirigentes han estado forjando los acuerdos, Chávez ha ocupado ilegal y violentamente todo el espacio, y cuando algunos de esos dirigentes han regresado al escenario, el gobierno, como era previsible, les ha amarrado las manos, les ha fracturado los tobillos y les ha puesto engrudo en la boca. Que una parte del país sólo vea a Chávez en las tablas es una consecuencia tanto del mutis opositor como del abuso oficial.

Tendencias y quiebre

Las elecciones están allí –por ahora- pero parecen alejadas del conflicto social, de la podredumbre de PDVSA, del descontento cívico-militar, de la catástrofe económica y de la desintegración del oficialismo. Pareciera que hay dos países, el del 26-S y el de la cotidianidad exasperante. Y el país electoral está bajo la égida infame del Ministerio para las Elecciones y Otros Contenedores Podridos. Puede ser tarde para insertar la estrategia electoral en la conflictividad nacional, caso en el cual las perspectivas serían catastróficas. Pero, sin duda, si se denuncia lo que hace el CNE y los mecanismos fraudulentos puestos en marcha por el gobierno, si se renuncia al chantaje del régimen que acusa de golpista a todo el que se le opone, si se acepta el desafío terminal al que el gobierno somete a la disidencia, se puede crear ese punto de no retorno en el cual el descontento encuentre dirección, dirigentes y cauce.

La parte del país descontento que tiene dudas, sometido al hambre, la escasez, el desempleo, el crimen, sólo se atreverá cuando los que aspiran a representarlo, se atrevan.

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* Tiitlo original: Confusión Esclarecedora

 
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