Mundial aquí, mundial allá

Albersidades

Peter K. Albers
peterkalbers@yahoo.com

De casa al trabajo, sigo el Alemania – Ghana en el radio del carro. Llegado a mi destino, carro apagado, radio callado, 0 a 0. De vuelta a casa más tarde, el radio traía un monótono teclado electrónico con un coro de voces femeninas que parecían a punto de quedarse dormidas a causa de la soporífera música. Fui cambiando de emisora, y en todas sonaba lo mismo. ¡Qué ladilla, otra cadena! me dije. Inauguración, pensé, del Campeonato Mundial de Softbol Femenino, tan promocionado por el gobierno hasta en los mensajes de texto de Movilnet. Pero la música no era tan mala, después de todo, y se podía aguantar mientras llegaba a casa, así que dejé la emisora en lugar de cambiar a música de la que siempre llevo grabada “ad hoc”. Al rato, la tediosa melodía fue interrumpida por una exaltada voz que gritaba: “Primero fue José Leonardo Chirinos…”

José Leonardo Chirinos

Recordemos que Chirinos fue un zambo falconiano que en 1795 se alzó contra la esclavitud en la colonia. La represión dejó muchos muertos, tras un cruento combate que acabó con la rebelión. Chirinos no se encontraba entre los combatientes, pues faltó a la cita. Con tal omisión precedió, por cierto, a otro “revolucionario” que siglos después tenemos que soportar. Chirinos, como se dice en buen criollo, “cogió el monte” hasta que, por delación de un compañero, fue sacado de su escondite y ahorcado.

Volviendo al radio: Al oír el “Primero fue José Leonardo Chirinos” lo apagué, pues seguramente vendrían más discursos, Chávez incluido. Solamente así se explicaba que estuvieran todas las emisoras en cadena, cosa ya cotidiana. Pero pronto entendí que había cometido un error. Habiendo apagado el radio del carro, me quedé sin enterarme de algo:

¿Qué tenía que ver José Leonardo Chirinos con el softbol? Tal vez, reflexioné, haya practicado pelota sabanera en sus años mozos, antes de rebelarse contra el sistema esclavista entonces reinante, y de allí que el fogoso orador le mencionara en ese acto inaugural del campeonato de softbol. Quizá, pensé para seguir el paralelismo con nuestro revolucionario de nuevo cuño, hasta vendió “arañitas”, de las hechas por su abuela, allá en Curimagua, su pueblo natal. Quién sabe…

Pero, de todas maneras, seguí con el radio apagado, centrando mi atención en algo distinto que manipular el dial, por lo cual pude fijarme mejor en los demás carros. Cualquier turista, pensé, diría que en Venezuela viven muchos brasileños, a juzgar por la cantidad de vehículos con banderitas del país de la samba y la batucada (y de las garotas) flameando con su pequeña asta fijada a la ventanilla. Entiende uno que los extranjeros residentes en nuestro país y sus descendientes, principalmente españoles, italianos y portugueses, lleven banderitas de sus respectivos países de origen, en señal de apoyo a sus selecciones, participantes en el Mundial de Fútbol.

Mas no son de brasileños los muchos autos que circulan con la bandera “verdeamarela” con el globo azul en medio. Son de venezolanos. Y la cosa no queda ahí, pues los hay también que apoyan a los equipos argentino y uruguayo. Lo absurdo de todo es que esos son precisamente los equipos que nunca dejan clasificar a “la vino tinto”. Nos golean, apabullan, desprecian y, a veces, hasta se burlan de nosotros. Y, de buena gente que somos, encima los apoyamos para que ganen.

¿Quién nos entiende?

“Patria, o socialismo y muerte

 
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