Ni vuelta al pasado ni renuncia al futuro

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
Carlos@carlozano.com

Este lunes, feriado bancario, hice  una caminata diferente a las que acostumbro hacer en las zonas más pobres y rudas, donde vivir con humana dignidad no es una batalla diaria. Una batalla que la mayoría de esos venezolanos le gana una y otra vez a la inseguridad, al abandono gubernamental, a la pobreza, al mensaje de violencia de quien debería transmitir paz, a un gobierno que desgasta su popularidad y sus oportunidades gruñendo y odiando en vez de aplicar soluciones eficaces.

Este lunes caminé por el CC Las Galerías, lo que el presidente Chávez llamaría despectivamente un “centro de consumo”. Pero tras once años de chavismo, el problema ya no parece ser de consumo sino reflejo de un clima social desesperanzador concentrado en cualquier centro comercial y extendido a las calles, barrios, urbanizaciones, industrias, talleres y oficinas. El “centro de consumo” es hoy una clara concentración para la desesperanza. La misma que crece en las calles.

Desde temprano hasta tarde en la noche, caminando, escuchando, conversando, experimento ese ambiente de expectativa y falta de esperanza, y sobre todo siento, y me preocupa, que hay dos hegemonías, dos planteamientos de poder diferentes y, peor, profundamente excluyentes.
La primera garantiza la radicalización de lo actual, y la segunda podría generar un clima de contrarrevolución, ambas con resultados imprevisibles para ambos proponentes. Pienso que ni unos ni otros pueden representar la opción de futuro, que nuestro pueblo necesita con extrema urgencia una posición más amplia, mucho más integradora.
El chavismo se está equivocando al ignorar las alarmas del mal comportamiento y la pésima operatividad de su gobierno e incluso de su partido, con poquísimos ejemplos de buen desempeño frente a la propuesta del capital y de la iniciativa privada que, aunque con fallas y deficiencias, tiene ejemplos que fácilmente compiten favorablemente contra la propuesta del socialismo del siglo XXI y los inventos de Chávez, que parece que sólo cuajan en Miraflores, mientras todo el que las critique especialmente en sus efectos deficientes y en sus carencias, queda expuesto al piedrero de rudas ofensivas del oficialismo.

Toda Venezuela, sin excepciones, incluso quienes por fanatismo dejan de razonar, tiene un gran vacío que llenar y una gran decepción que superar. Y eso está al alcance de la mano… con la participación de todos.

 
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