Venezuela en la escena del absurdo

Relojes derretidos Óleo de Salvador Dalí

A los amantes del teatro del absurdo, de Eugene Ionesco, Tennessee Williams, Samuel Becquett o de los novelistas que los precedieron, Franz Kafka o James Joyce o incluso de Salvador Dalí, les divertiría inmensamente observar el drama venezolano desde una confortable butaca o, a cambio de un jugoso estipendio, glorificar lo que acontece, tal como lo hace el cineasta Oliver Stone.  Salvo, claro, que ese amante del absurdo viviese en Venezuela o en sus entrañas le doliera su país.

En las páginas centrales de esta edición, hemos querido reunir la escena que recogen Charito Rojas y Alberto Barrera Tyszka, dos brillantes dolientes del proceso.

ABC de la semana

Morir en Venezuela

Charito Rojas
charitorojas2010@hotmail.com

Miguel murió. Después de tres días de agonía con dos balazos en el pecho, finalmente murió. Tenía 34 años y había dejado de ser un malandro hacía 17, cuando tomó la decisión de ser alguien, de darle una vida decente a su familia, de ser feliz y estar en paz con todos. Se casó y tuvo dos hijos, que así pequeñitos, vieron cuando unos malandros disparaban a su papá para quitarle el sueldo que acababa de cobrar. Todavía su sueldo como trabajador en un abasto chino no le daba para mudarse de ese peligroso barrio y al final, pagó su pobreza con la vida.

Miguel se la pasaba con una faja puesta, para que el caleteo de cajas de verduras y sacos de detergente no le pulverizara la columna. Era de esa gente que siempre sonreía, que confianzudamente preguntaba a las clientas ¿que estas buscando mi reina? Y se montaba en lo más alto de las estanterías para bajarle lo que ellas requerían. A Miguel lo estimaba todo el mundo en el centro comercial, porque tenía el valor de haberse regenerado, de trabajar desde la mañana hasta la noche sin descanso, de ayudar a todo el mundo con solicitud. Miguel votó por Chávez y se arrepentía cada vez que lo escuchaba en cadena “Ahora si es verdad que no voto más por él, que hombre tan lad…”, decía. Y seguía trabajando como un negro. O mejor, como un chino.

Miguel existió. Pasó fugazmente por la vida de todos los que concurrimos a ese centro comercial. Las muchachas de la panadería lo extrañan, la china del abasto está inconsolable, los vigilantes ponen cara de “pude ser yo”. Y los dos pequeñitos hijos de Miguel morirán con la imagen en sus pupilas de su papá caído y ensangrentado. Quién sabe la suerte de estos niños sin padre, en un país de niños sin padre, sin buenos colegios públicos, sin hospitales. Sin ninguna seguridad de estar vivos para cuando llegue el nuevo día.

Salvador Dali

El Presidente de Miguel

Miguel existió, hasta hace cuatro días. Padeció los autobuses donde lo asaltaban, donde lo apretujaban y mareaban, para llegar tres horas después a su casa. Llevaba todos los días una pequeña bolsa con exquisiteces chinas, porque quería que sus niños “comieran cosas ricas”. Miguel murió sin saber que mientras él trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche por menos de un sueldo mínimo más propinas, el Presidente por el que el votó y que le dijo que todos iban a ser iguales, tiene un presupuesto este año de 2,7 millones de dólares para gastos de alimentos y bebidas; 264.000 dólares para prendas de vestir; 18.500 para calzados; 138.000 para adquisición de revistas y periódicos; 145.000 para productos de tocador, como jabón, champú y papel higiénico y 405.000 para servicios de lavandería.

Miguel existió, doy fe personal de ello, y murió asesinado por unos choros, unos azotes que matan por placer en un país cundido de una violencia que nace del fondo del corazón sembrado de odio visceral. Odio a los oligarcas, odio a los letrados, odio a quienes algo tienen y también a quienes no tienen nada. La solución al enfrentamiento nacional se asocia irremediablemente con la muerte. Lo malo es que siempre mueren primero los inocentes, los pendejos, los mirones. Los canallas parecen tener el pacto con los asesinos, se identifican de la misma calaña, se protegen unos a otros.

Venezuela está llena de Migueles: más de 150.000 en once años de ignominia. Once años en que los problemas ciudadanos le son indiferentes a una secta destructora de vidas, propiedades, moralidad y respeto. Si el jefe de la revolución viera la viga en su ojo en lugar de la paja en el ojo ajeno, no tendría cara para sentarse frente a una cámara para pedir a los venezolanos que se bañen con una totuma, cuando él dispone de 480.000 dólares del erario público para pagar su factura de agua. Si se hubiera ocupado de construir centrales termoeléctricas y mantener las redes, entonces sí tendría moral para aplicar un racionamiento cruel, porque él no deja de disponer de una partida de 583.000 dólares para sus facturas eléctricas.

La podredumbre

La ceguera del poder le tapa algo que todo el mundo ve: la corrupción terrible que corroe su régimen. Se hace el loco con las 122.000 toneladas de alimentos podridos, suficientes para alimentar a 17 millones de personas durante tres meses y sólo dice “averigüen y que caiga quien caiga” ¿Es que él no sabe que las importaciones de alimentos las hace Barivén, con el conocimiento y la aprobación de su apoyadísimo Rafael Ramírez? ¿O es que ignora que los puertos y aeropuertos donde se almacenan esos contenedores podridos están bajo el mando de Diosdado Cabello? ¿Es que no conversa con su ex edecana, la capitana Ileana Gutiérrez, ahora Presidenta de Bolipuertos?

Alegoría de Franz Kafka atrapado en el cuerpo de una de sus cucarachas.

Al Presidente no le interesa averiguar qué ha pasado con las 75 empresas que su gobierno ha expropiado, arrebatado, confiscado, a manos privadas. Le voy a dar unos datitos: Invepal, antes Venepal no está fabricando papel, sus mismos trabajadores denuncian que desde hace meses importan las bobinas de papel, pa’que crean que están en plena producción. Otra: la planta de arroz que era de Cargill sufrió un incendio en su caldera de vaporización porque los consejos comunales que la operan ahora no sabían que no se le puede echar detergente. Asómese en la hacienda Cura, para que vea como se perdieron las 60 hectáreas de caña de azúcar que les quitaron el año pasado y la tal Corporación Agrícola, que muchos afirman está en manos de cubanos, no me consta, acaba de arrasar con 2.000 hectáreas más que se cosecharían en septiembre. Los trabajadores de las cementeras dicen que tienen un año parados. Y así todo lo que cae bajo la ineficiencia oficial. Aquí no vale tribunales, abogados, Constitución ni nada. Que lo diga Diego Arria, que refugió a los empleados de su finca La Carolina en la vecina Los Azahares, de apenas 40 hectáreas totalmente sembradas del pasto que comen las vacas Jersey de la finca expropiada. La venganza contra la gira exitosa de Arria en Europa, que sí es bien recibido en las organizaciones internacionales, fue arrebatarle esta finquita y botar a los trabajadores que allí estaban.

Tennessee Williams

Pregunte, Señor Presidente

Yo le sugiero -hasta donde me alcance el respeto- al señor Presidente que pregunte a estos trabajadores qué piensan de él, que pregunte a los trabajadores de la Polar, que pregunte a los de las joyerías de La Francia, a los pequeños productores ahora sin tierras, a los de la Costa oriental del Lago, a los obreros de las empresas básicas de Guayana, a los de las cementeras, a los operadores, locutores, periodistas, artistas de RCTV, de las 32 radios cerradas, de los hoteles “nacionalizados”, a los empleados de las Casas de Bolsa, de los bancos intervenidos. Pregúntele a ellos, pregúntele al pueblo llano que pasa el trabajo hereje, sin esperanzas de mejoría, qué piensan de sus ofrecimientos de viviendas dignas, de transporte “hasta para la luna”, de su vista gorda con los ladrones que ellos ven hasta en los consejos comunales, de sus viajes ostentosos, de sus gastos en armas y en comida podrida, de la regaladera de todo lo que no le pertenece a los amigotes, de sus abusivas cadenas y su ya intolerable lenguaje bélico, de sus amenazas y sobre todo, de su intención de quitar a sus legítimos propietarios lo que le venga a su real gana.

Dudo que el señor Presidente tenga el valor de hacer ese ejercicio de sinceridad. Dudo que tenga capacidad para enfrentar como un varón la tragedia que ha ocasionado en este país. Es una injusticia que el hampa acabe con tantos ciudadanos buenos y útiles todos los días, mientras el Presidente lo obvia porque él está tranquilo: dispone de 16 millones de dólares para pagar su seguridad.

Personalmente, en nombre de todos los Migueles de Venezuela, le digo que no escucharé una sola bolsería más hasta que arregle los hospitales, tape los huecos, haga escuelas decentes para los niños, construya casas y autopistas, dote a las universidades, se embarque en un plan nacional contra la inseguridad, bote a los corruptos del gobierno, deje producir libremente a la empresa privada, respete a los opositores, a los periodistas y a los medios…

No es un reclamo de ficción. Hasta hace cuatro días, Miguel existió. *

El taumaturgo

Manifiesto (Extracto)

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

Todos los días los venezolanos asistimos a un espectáculo delirante. Desde hace tiempo, Venezuela dejó de ser país para convertirse en un absurdo.

He decidido crear un nuevo movimiento político. Tras analizar seriamente las condiciones objetivas del país y la difícil coyuntura en la que nos encontramos, creo que ya es hora de dar un salto en la conciencia y en la praxis para proponer un movimiento de masas amplio, diverso, policlasista, genuinamente venezolano y revolucionario.

El objetivo es uno solo: lograr un inmenso pacto nacional en contra del disparate.

No es un proyecto complicado. Este nuevo movimiento no busca otra cosa que la sensatez, que la cordura ciudadana, tan común y tan corriente como el sujeto, verbo y predicado de todos los días. “Un poquito de coherencia, carajo”. Ese podría ser el lema de enganche para la campaña de lanzamiento.

Eugene Ionesco – fundador del teatro del absurdo

Nada de patrias, nada de sistemas sociales, nada de vidas y muertes… este movimiento es menos melodramático y mucho más concreto. La lógica también puede ser un ideal político.

Para sumarse a esta iniciativa no se requiere tener una ideología específica, ni siquiera un cuerpo de postulados doctrinarios más o menos elaborados. Aquí usted puede ser marxista, antimarxista, marciano y hasta simplemente marchista.

No hay problema. Usted puede ponerse una camisa roja o una camisa amarillo pollito. Como más le guste. Como se lo pida el cuerpo.

Puede, también, pensar que Marta Harnecker es la versión leninista de la madre Teresa de Calcuta, o que Ronald McDonald ha hecho más por la humanidad que el Che Guevara.

Samuel Becket

No importa. Todas las diferencias son bienvenidas, eso sí, siempre y cuando exista un mínimo de sindéresis, de congruencia. De eso se trata. Este país está pidiendo a gritos que dos y dos sean cuatro.

Todos los días los venezolanos asistimos a un espectáculo delirante. Desde hace tiempo, Venezuela dejó de ser país para convertirse en un absurdo con petróleo. Rasque usted cualquier página del periódico, asómese a cualquier espacio informativo de la televisión.

El sinsentido es la noticia de cada día. Vea y escuche usted a Aristóbulo Istúriz, por ejemplo, diciendo que tienen pruebas “en inglés” sobre la falta de soberanía de la oposición: “Sabemos que está dirigida desde fuera”, denunció esta semana.

Es insólito. En caso de que fuera cierto, y de que todo aquel que cuestione al Gobierno incluyendo a Maza Zavala, a los obreros de Guayana, a Margarita López Maya o a Domingo Alberto Rangel, por citar nombres diversos  estuviera dateado por la CIA, ¿cómo es posible que el funcionario de un gobierno que se reconoce directamente asesorado por Cuba, incluso en temas militares, intente descalificar a alguien, acusándolo de estar asesorado por el extranjero? Ni de vaina. De eso se trata. Dile no al disparate.

Oliver Stone – El hombre de negocios y de las comodas butacas

Otro ejemplo: Diego Arria danzando por el mundo, lanzando desafíos, proponiéndole al Presidente que le acepte una hacienda como regalo pero que, a cambio, le devuelva el país a los venezolanos. ¿De qué habla? ¿En qué historia vive? ¿Qué parte de la realidad hay que traducirle? Es asombroso que no sepa, que no intuya o que ni siquiera sospeche, la percepción que tiene de él gran parte de los venezolanos mayores de 40 años. La imagen de Arria sigue siendo un emblema de la Venezuela corrupta que todos queríamos borrar en 1998 ¿Cómo se presenta ahora así, como un simple ciudadano que viene de la nada? No. Tampoco califica. No te dejes ganar por la desesperación política. Dile no al disparate.

Lo de Pdval más que un ejemplo es un monumento.

Lo último es ver al Partido Comunista tratando de que más de 120.000 toneladas de comida podrida sean solamente una maniobra mediática, parte de “una campaña de la ultraderecha”.  Es un desatino demoledor. No hay manera de escuchar esa frase sin sentirse estúpido. ¡Sálvate ya! ¡Dile no al disparate! Todavía no tengo un nombre para esta nueva organización.



* Frase de cierre tomada del  texto original.

 
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